El chileno que cambió Chequia por China

Alvaro Martínez Hoffman

Alvaro Martínez Hoffman enseñó español a estudiantes checos por casi una década, hasta que decidió partir. Eso fue hace seis meses. Pero no regresó a su Chile natal, sino que optó por un cambio un poco más radical: China. Esta es su historia.

Alvaro Martínez Hoffman
Aunque ya no vive en Praga, sigue teniendo residencia permanente en Chequia, a raíz de su matrimonio con una ciudadana de este país. Por eso, a pesar de que solo partió hace medio año, en sus primeras vacaciones vino de visita a la capital checa y estuvo en los estudios de Radio Praga, que lo mantiene informado del acontecer local.

Pero lo primero que hizo cuando tocó suelo checo fue irse a tomar un cappuccino genuino, con mucha espuma, al primer bar que encontró, ya que es una de las cosas que echa de menos allá donde se ha radicado.

“Viví antes en la República Checa y me fui hace como cinco, seis meses atrás a trabajar como profesor de español en una universidad. Es una pequeña ciudad de tres millones de habitantes, pequeña para los chinos, que se llama Rizhao. Esto queda en la provincia de Shandong. Mi ciudad queda geográficamente entre Beijing y Shanghai, como a una distancia de 700 kilómetros de cualquiera de las dos ciudades. Es costa, estoy en el mar Amarillo, al frente mío tengo a Corea del Sur y una parte de Japón”.

Y la verdad que se nota feliz, se ve renovado, como más joven, parece que su residencia china le está haciendo bien y no lo niega.

“Ha sido fantástico. Cuando se me presentó la oportunidad de ir no lo pensé dos veces porque China es interesante, en este momento es como que todo está pasando, la economía es la segunda mejor del mundo y es un destino que vale la pena. En China hay tantas cosas que ver, es un país interesante ya sea históricamente, para viajar, etc. Creo que todo el mundo quiere ir a China ahora y para mí fue la oportunidad no de ir solo como turista, sino vivir allá y me gusta mucho”.

Rizhao
Claro, la ciudad donde vive ahora, Rizhao, no se parece en nada a Praga, como comenta a continuación.

“China es distinto. Su gente, su forma de vida. Es muy distinto todo. Yo también vivo en una ciudad que es muy, digamos, china. Si tú vas a ciudades como Beijing, Shanghai, encuentras todo lo que hay acá en Praga, los comercios, las mismas tiendas, no sé, el mismo campo automotriz, los mismos edificios modernos. Un país más de Europa pueden ser esas ciudades grandes. Pero donde yo vivo es muy chino, la gente, la forma de vida, es muy distinto”.

Pero a pesar de ello, no echa de menos esta ciudad que fue su hogar durante casi una década, asegura.

“No, para nada. Pasé varios años acá. No sé, yo creo que como a mucha gente que vive acá, te vas quedando pegado. Te quieres ir y no te quieres ir. Praga te agarra y no te suelta. Pero al final yo me fui y ahora que regresé puedo decir: ¿por qué no me fui antes? Realmente cumplí mi tiempo acá y debería haberme ido antes. Hay muchos lugares donde ir. No, no echo de menos. Bueno, echo de menos la vida nocturna de Praga, bares y ese tipo de cosas. Restaurantes de distintas nacionalidades, cosas así echo de menos. Como te digo, Rizhao es muy chino, no es como las ciudades grandes de china donde encuentras de todo. En mi ciudad no hay ni siquiera una pizzería, estamos hablando de una ciudad de tres millones de habitantes, y no hay una sola pizzería, Qué decir de un restaurante francés. Nada. Solo comida china. Eso se extraña, la diversidad de Praga”.

Praga
Álvaro ha tenido que adaptarse casi a la fuerza a la gastronomía del lugar donde vive, aunque muchas veces no sabe lo que come.

“Claro, aunque no me guste, comida china todos los días. Cocino en casa, menos mal que me gusta cocinar, pero afuera de casa es comida china. Hay comida muy buena. Yo vengo de Chile. Extrañaba acá en Praga los productos del mar, como los mariscos, y ahora vivo en la costa en China donde hay muchos mariscos, y eso es lo que como. Pero todavía, creo que el 40 por ciento del tiempo, cuando salgo a comer fuera, no sé lo que como en China. No sé si es carne, pescado, pollo, no sé. Viene con un montón de salsa encima y viene todo picado que no tengo idea qué es lo que es”.

Como el menú en inglés no existe y todo está en chino, idioma que aún no domina como quisiera, le es imposible saber qué ofrecen los restaurantes, así que ordena por instinto.

Además, es casi el único hispanohablante en Rizhao, así que sobre sus hombros cae la responsabilidad de que sus estudiantes aprendan la lengua de Cervantes.

“Aquí por ejemplo todos mis alumnos tenían más acceso a libros, a bibliotecas, por ejemplo la Biblioteca Cervantes. A más material didáctico, más oportunidad de hablar con gente en español. Entonces aquí los alumnos tienen la oportunidad de aprender más rápido. Allá donde estoy prácticamente para mis alumnos yo soy el único que habla español, pero aún así algunos aprenden rápido. Los checos creo que no tenían problemas para pronunciar ninguna palabra ni ninguna letra del

Estudiantes del Instituto Cervantes en Bejing
español. Hasta las palabras más difíciles el checo las puede pronunciar bien. Los chinos tienen problemas, bueno, como en casi todos los idiomas, por ejemplo, con la R. La R es muy difícil para ellos y otras letras y sonidos que les cuesta pronunciar”.

Y aunque se muestra satisfecho con sus estudiantes chinos, dice que aprenderían más rápido si tuvieran con quien practicar.

“Yo creo que aprenderían más rápido si tuvieran la oportunidad de practicarlo con alguien. Fuera de la clase no tienen con quién hablar. Entonces esa es la diferencia, que la gente aquí aprendía más rápido porque tienen la oportunidad de conocer más gente y practicarlo. Lo que no existe allá. Pero como estudiantes los chinos son muy buenos, estudian bastante, aunque les cueste”.

Lo único que lamenta es que, salvo en su lugar de trabajo, no ha podido integrarse mucho en la sociedad china, debido a las obvias barreras idiomáticas.

“Nosotros los profesores extranjeros vivimos en el campus de la universidad. Y realmente no tenemos mucho contacto con la ciudad debido a

Rizhao
que no hablamos chino y mucha gente en la ciudad no habla inglés, así que no puedes comunicarte, no puedes salir a la calle como aquí en Praga y ponerte a hablar con alguien, en inglés, en un bar o restaurante. Allá es distinto, así que es muy difícil conocer gente fuera de la universidad”.

Álvaro Martínez estuvo de vacaciones casi dos semanas en Chequia y ya ha vuelto a Rizhao, donde se empeña en que sus estudiantes chinos aprendan español. Desde Praga le deseamos suerte.