Campana de Piedra y otros signos emblemáticos de las casas de Praga

Casa de la Campana de Piedra

En este Radioviajes visitaremos la Casa de la Campana de Piedra, situada en la Ciudad Vieja de Praga, y con la etnógrafa Lydia Petráñová conversaremos sobre los signos que decoran las fachadas de la capital checa.

Casa de la Campana de Piedra
Los primeros pasos de cada visitante de Praga se dirigen hacia la Plaza de la Ciudad Vieja, protagonista y mudo testigo de importantes acontecimientos históricos del país. Como punto de encuentro y signo de orientación se alza el viejo Ayuntamiento con su imponente Reloj Astrológico.

Situada al lado opuesto de la Plaza, se encuentra la Casa de la Campana de Piedra. Su simple fachada gótica casi se pierde entre los ostentosos edificios barrocos que la rodean. A pesar de su aspecto poco llamativo, se trata de uno de los edificios más interesantes de Praga.

Su historia se remonta al lejano siglo XIII, recalca Irena Tyslová, portavoz de la Galería de Praga.

“La Casa de la Campana de Piedra fue construida a fines del siglo XIII. Durante su historia cambió de aspecto varias veces. Sin embargo, las modificaciones más importantes se realizaron entre los años 1310 y 1340”, indicó Tyslová.

Casa de la Campana de Piedra
En esta época, el modesto edificio se transformó en un palacio representativo preparado para acoger a nada menos que a los padres del posterior emperador romano Carlos IV: Juan de Luxemburgo y a su esposa Elisa Premislita. El Castillo de Praga, destruido por un incendio en 1303, era inhabitable en aquellos años.

Elisa Premislita, hija del rey de Bohemia y Polonia Venceslao II, se casó con Juan de Luxemburgo, hijo del emperador romano Enrique VII, el 1 de septiembre de 1310 en la ciudad de Espira, Alemania.

La noble joven tenía 18 años y según fuentes históricas era una muchacha temperamental, atrevida y muy guapa, aunque la piel morena y los ojos oscuros le quitaban puntos, según los criterios de belleza de la época. Su esposo tenía 14 años recién cumplidos.

Para hacerse con el Reino de Bohemia, Juan de Luxemburgo tuvo que derrocar al rey Enrique de Carintia, cuñado de Elisa, quien gobernaba el país.

La leyenda cuenta que Juan y sus hombres esperaban a las puertas de Praga. Cuando llegó el momento más oportuno, el capellán de Elisa, Berenguer, le hizo una señal tocando la campana de la Iglesia de Týn y el joven asaltó con éxito la ciudad. La coronación de la pareja tuvo lugar en febrero de 1311 en la Casa de la Campana de Piedra.

Irena Tyslová subraya que la leyenda le dio nombre al edificio.

“La joven pareja real encontró asilo en la casa que gracias a esta leyenda comenzó a ser llamada la Casa de la Campana Blanca”, destaca Tyslová.

Posteriormente, en el siglo XVI, una campana de piedra fue colocada en la fachada del edificio convirtiéndose en su signo inconfundible y cambiándole el nombre a la Casa de la Campana de Piedra.

En el siglo XVII, el edificio fue sometido a una compleja reconstrucción barroca y a fines del siglo XIX adquirió una nueva fachada pseudobarroca. Su original aspecto gótico le fue devuelto apenas en los años 60 del siglo pasado. Actualmente es utilizado por la Galería de Praga, que organiza allí conciertos y exposiciones de arte.

La Casa de la Campana de Piedra no es el único edificio de Praga que lleva en su fachada un signo, ni mucho menos.

Casa del Caballo Azul
Lydia Petráñová, del Instituto Etnográfico de la Academia de Ciencias Checa, se empeñó en contar y clasificar todos los signos de las casas de la Ciudad Vieja de Praga y reunirlos en un libro titulado ‘Signos de Casas de la Praga Vieja’.

La etnógrafa recorrió el centro histórico de la capital checa y encontró casi 250 signos diferentes. Otros 70 se encuentran depositados en los archivos del Museo de Praga.

La tradición de marcar con signos las fachadas de los edificios es muy antigua. En 1877, los arqueólogos descubrieron en Egipto un relieve de piedra del siglo III A.C. que informaba a los transeúntes sobre la capacidad del dueño de la casa de leer los sueños. Sin embargo, en Europa la costumbre se divulgó mucho más tarde, concretamente, en el siglo XIV.

Al principio, los signos servían para orientarse mejor en las calles de la ciudad. Posteriormente, fueron utilizados por la burguesía, que en el Medioevo alcanzó una posición privilegiada y deseó igualarse a la nobleza, explica Lydia Petráñová.

Casa del Anillo de Oro
“Las calles y las plazas más representativas de la ciudad estaban habitadas por los burgueses acaudalados, que deseaban acercarse de alguna manera a la nobleza. Y como la nobleza tenía sus escudos heráldicos, la burguesía empezó a adornar sus casas con signos propios”, recalca Petráñová.

La tradición se hizo bastante popular, de tal manera que a fines del siglo XV la mayoría de los edificios del centro de Praga tenía su signo.

En cuanto a los motivos que aparecen en las fachadas de Praga, la etnógrafa distingue cinco categorías: cuerpos celestes, plantas, animales, personas, productos de artesanía, patrones y santos, y motivos sacados de leyendas.

Casa de la Uva Azul
Al principio, los signos de las casas copiaban los motivos heráldicos de la nobleza. El león, el águila, el cisne, la rosa y la flor de lis eran los más frecuentes. Con el tiempo, las fachadas de Praga fueron adquiriendo originalidad.

El signo más antiguo de la capital checa es probablemente una estrella de ocho puntas, del año 1356. Se trata de una estrella profética que simboliza el nacimiento de Cristo. Actualmente se halla depositada en el Museo de Praga.

Preguntando por los signos más curiosos, Lydia Petráñová menciona dos ejemplos.

“Un signo tan curioso que ni siquiera podemos imaginarlo era el de pan con mantequilla. Y otro, por ejemplo, el del asno en la cuna. Aunque, recuerdo haber leído que un signo parecido lo tienen en una ciudad española. A lo mejor, algún oyente se acordará y me escribirá el nombre de la ciudad”, sostiene Petráñová.

Casa del Elefante Negro
El brusco desarrollo de las ciudades checas en la segunda mitad del siglo XVIII acabó con los signos de casas. En 1767, la Corte de Viena emitió una orden que imponía introducir en todos los países de la monarquía de los Habsburgos el uso de números para identificar las casas.

Pero los ciudadanos de Praga ya estaban tan acostumbrados a orientarse según los signos que seguían utilizándolos, afirma Lydia Petráñová.

“Los signos se convirtieron en un fenómeno cultural de Praga. De esta manera, incluso después de la introducción del sistema numérico de identificación de casas, la gente seguía cuidándolos y los praguenses continuaron durante otras dos generaciones usándolos para orientarse en la ciudad”, indica Petráñová.

Hoy en día, la función de los signos en las casas es puramente estética pero no por ello menos importante. Con los años, los originales adornos de las fachadas de Praga pasaron a ser parte inseparable y característica típica de la ciudad, proporcionándole un aspecto pintoresco y peculiar a la capital checa.

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