Arnošt Hrad, un héroe desconocido del trágico otoño de 1938

Arnošt Hrad (Foto: http://militaryclub.info)

El 30 de septiembre de 1938 el Gobierno checoslovaco aceptó las condiciones estipuladas por Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia en el Tratado de Múnich. Antes del 10 de octubre Checoslovaquia tenía que ceder a Alemania el territorio de los Sudetes, regiones fronterizas que pertenecían a la corona checa desde el medioevo. Los más de un millón de soldados checoslovacos movilizados para defender a su patria ante la agresión nazi se vieron obligados a rendir armas sin un solo disparo. El sargento Arnošt Hrad fue uno de muchos que vigilaban la frontera checoslovaca. La capitulación le resultó inaceptable. Para no tener que desobedecer la orden militar optó por quitarse la vida. ¿Quién era Arnošt Hrad?

Arnošt Hrad  (Foto: http://militaryclub.info)
El búnker de infantería K-S 14 en Králíky, al noreste de Bohemia, es uno de los numerosos fortines de hormigón que se construyeron desde el año 1936 en la frontera checo-alemana. El 3 de octubre de 1938, en ese lugar terminó la vida del sargento del Ejército checoslovaco Arnošt Hrad. El joven, de 24 años de edad, se apuntó con su pistola de servicio al corazón y disparó. Murió en el hospital ese mismo día, a las 23 horas 20 minutos.

Arnošt Hrad no fue la única persona que decidió suicidarse en respuesta a los acontecimientos de otoño de 1938, explica Richard Sicha, quien montó en el fortín de Králíky una exposición permanente dedicada a ese militar.

“Mirando otras exposiciones podrán leer biografías de generales, políticos y personas famosas. Pero el destino de los soldados comunes, que crecieron en condiciones humildes y no alcanzaron graduaciones altas, no lo conoce nadie”.

Arnošt Hrad nació el 5 de abril de 1914 en Praga. Su padre desapareció en el frente de la Primera Guerra Mundial. Su madre se quedó sola con cuatro hijos.

 Richard Sicha  (Foto: Martina Schneibergová)
El pequeño Arnošt era de carácter silencioso. Le gustaba jugar con amigos al fútbol. También se hizo miembro de un club de aficionados al turismo. Aprendió el oficio de camarero y a sus quince años de edad empezó a trabajar en un hotel de Praga.

En medio de la crisis económica mundial y de la precaria situación financiera de su familia, Arnošt no se resistió a los malos hábitos de una gran ciudad y robó en el hotel varios miles de coronas.

En 1931 fue detenido por la Policía directamente en el hotel y condenado a una pena condicional de tres meses de cárcel. Perdió el trabajo y debido a sus antecedentes no pudo encontrar en Praga otro. Mensualmente recibía como subsidio de desempleo diez coronas.

El adolescente decidió solucionar la situación de la que no veía salida a su manera. En abril de 1933 huyó de casa. Se dirigió caminando a la ciudad de Teplice, en Bohemia del Norte. Recorrió el trayecto de 109 kilómetros en 20 horas. Durante el camino maduró en su cabeza la idea de suicidarse. Se sentía abandonado e inútil.

 Foto: Martina Schneibergová
En Teplice Arnošt alquiló una habitación en un hotel. Allí escribió cartas de despedida destinadas a sus hermanos, amigos y a una estación de gendarmería. Guardó las cartas en un maletín y abandonó el hotel. Luego las misivas fueron encontradas por una camarera, que las entregó a la policía.

Mientras tanto el joven volvió a Praga, a casa de su mamá. Sin incidentes transcurrieron otros tres años. En abril de 1936 Arnošt Hrad, de 22 años de edad, se presentó para el servicio militar obligatorio.

Reunir los materiales sobre la vida de Arnošt Hrad fue una gran aventura. Los autores de la exposición en Králíky tuvieron que investigar en el Archivo Nacional, en la presidencia policial de Praga, así como en los archivos militares en Eslovaquia donde están depositados los documentos personales de los soldados que habían militado en el Ejército Checoslovaco.

Según explica Richard Sicha, un verdadero tesoro histórico fue el archivo familiar de Miroslav Bucvan, nieto de la hermana mayor de Arnošt, Marie.

Foto: Martina Schneibergová
“Fui a visitar a Miroslav Bucvan, padre, al que conocí en una oportunidad anterior. Sin embargo, encontré su apartamento vacío, porque mientras tanto el señor Bucvan había fallecido. Después de una búsqueda complicada descubrí a su hijo Miroslav. Estaba bastante sorprendido cuando le conté que me interesaba el hermano de su abuela. Nos proporcionó, no obstante, todos los documentos y fotos relacionados con Arnošt Hrad que tenía guardados y que sólo por pura casualidad no había echado a la basura al limpiar la casa de su padre”.

Mientras cumplía el servicio militar obligatorio, Arnošt Hrad tomó la decisión de hacerse oficial profesional del Ejército checoslovaco.

“Desde el año 1937 Arnošt puso todo su esfuerzo para poder quedarse en el ejército. Encontró allí el sentido de su vida. Le influyó el recuerdo de su padre, pero también sus amigos, jefes militares y también la época. Las relaciones checo-alemanas iban empeorándose, los conflictos con el Partido Sudetoalemán culminaban”.

Durante la movilización general en septiembre de 1938 el sargento Arnošt Hrad desempeñaba el cargo de subcomandante del fortín K-S 14, en Králíky. El 24 de septiembre de 1938 envió una carta a su querida hermana Marie en Praga. Fue una carta cordial en la que describía el tiempo y el amor a su familia. Nada revelaba sus intenciones. Fue su última carta que llegó a destinatario por vía normal.

 Plástica de Arnošt Hrad  (Foto: Martina Schneibergová)
Al nacer la exposición sobre Arnošt Hrad, los organizadores encargaron un estudio grafológico de esa carta. Richard Sicha explica el motivo.

“Los checos somos una nación de incrédulos. Desde el primer momento nos asediaban las dudas sobre porqué se había suicidado. ¿No fue por una mujer? Cuando aparece algún héroe, los checos tenemos la tendencia de empezar a buscar sus fallos. Nosotros simplemente queríamos saber cómo era. Y confirmamos que tenía un carácter firme, que era una persona que tenía sus metas. Estaba bien desde el punto de vista tanto físico, como psíquico. Era introvertido, no solía compartir sus sentimientos con los demás. Las circunstancias lo empujaron al suicidio”.

Inmediatamente después de la adopción del Tratado de Múnich, los militares checoslovacos tuvieron que iniciar los trabajos de desalojo de los fortines de Králíky.

El 1 de octubre de 1938 Arnošt Hrad empezó a escribir cartas de despedida: una destinada a su comandante Leopold Medek, otra a sus soldados y la última a su madre.


Querida mamá:

Le pido perdón por despedirme de usted de esta manera. Después de madura reflexión decidí irme de este mundo porque no puedo cumplir lo que juré en memoria de mi padre. Él cayó por la patria y ¿yo debería huir como un ladrón de lo que a él le había costado la vida? Yo, como militar, tengo que obedecer, sin embargo, la muerte me privará de esta obligación. Quería ser un buen defensor de la patria, quería defender aquello por lo que había luchado mi padre. Lamentablemente, uno piensa y no Dios, sino Hitler manda. Les ruego, querida mamá, hermanas y hermano, no me lo tomen mal y perdónenme. Voy a cumplir mis obligaciones con la patria hasta el final, permaneceré en mi lugar hasta el último momento, hasta la salida. Cuando recibamos la orden de abandonar este territorio, abandonaré este mundo.

Una vez más a todos y por última vez, estén muy felices en esa nueva patria, que Dios les cuide.



Arnošt


Placa conmemorativa en homenaje a Arnošt Hrad  (Foto: http://militaryclub.info)
El 3 de octubre por la noche los efectivos del VI Regimiento Fronterizo cargaban los últimos equipos cuando sonó dentro del fortín un disparo. Arnošt Hrad cumplió su obligación con la Patria.

Arnošt Hrad fue sepultado con honores militares el 10 de octubre de 1938 en su barrio natal de Bohnice, en Praga. Sus funerales se convirtieron en una protesta silenciosa contra la capitulación.

Ese mismo día entró en Králíky el Ejército alemán. El 15 de marzo de 1939 fue ocupado por las tropas nazis el resto del territorio de Bohemia y Moravia.

En noviembre de 1938 el sargento Arnošt Hrad fue propuesto in memoriam para una medalla al mérito.

La decisión valiente del joven militar fue reconocida recién en 1994, cuando el entontes jefe del Estado Mayor checo, Jiří Nekvasil, develó una placa conmemorativa en su honor en el fortín de hormigón K-S 14 de Králíky.