Ante la pasividad de Occidente creció el descaro de Hitler

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El 7 de marzo de 1936 fue una jornada crucial para el futuro de Europa: las tropas de la Alemania nazi ocuparon la zona desmilitarizada en la orilla izquierda del río Rhin. Las potencias occidentales, Francia y Gran Bretaña, no hicieron nada contra esta manifiesta violación del ordenamiento europeo. El periodista alemán, Guido Knopp, opina en su libro “Hitler” que en marzo de 1936 británicos y franceses tuvieron la última oportunidad de ponerle un freno al Führer, sin que ello diera origen a una guerra. Incluso tal vez hubiera sido posible derrocar la dictadura hitleriana. La ocasión no fue aprovechada. Hitler pudo empezar a preparar la anexión de Austria y el desmembramiento de Checoslovaquia.

El 5 de noviembre de 1937 se estrenó en el Teatro Liberado de Praga una nueva pieza de Jiří Voskovec y Jan Werich. Aunque ambientada en la villa flamenca de Eidam, la representación reflejaba, de hecho, la dramática situación de la pequeña Checoslovaquia, rodeada por Estados dictatoriales y amenazada en su propio territorio por la quinta columna de los sudetoalemanes.

A principios del mismo mes de noviembre de 1937 Hitler convocó una reunión a la que había invitado a los comandantes en jefe del ejército de tierra, de la armada y de la aviación. Les anunció que los primeros territorios en ser anexados al Tercer Reich serían Austria y Checoslovaquia.

En febrero de 1938 el Führer expuso públicamente sus propósitos con una claridad meridiana: ”Entre los intereses del Reich alemán figura la protección de aquellas partes del pueblo alemán más allá de nuestras fronteras que no están en condiciones de asegurarse la libertad política y espiritual con sus propias fuerzas”.

Según Hitler, en tal situación se hallaban los austríacos y los sudetoalemanes.

En marzo de 1938 los soldados alemanes traspasaron las fronteras de Austria. Los políticos occidentales prácticamente no protestaron porque consideraban la anexión de Austria un “asunto de familia” entre dos países de habla alemana. París y Londres pasaron por alto el hecho de que las tropas alemanas entraron en Austria a petición del grupo de los nazis locales que habían solicitado la “ayuda fraterna” de sus correligionarios del Reich.

La siguiente víctima de Hitler sería Checoslovaquia....

El Führer había encargado al Estado Mayor la elaboración de un plan de la agresión contra Checoslovaquia ya en junio de 1937. Entró en la historia bajo el nombre de Fall Grün- Plan Verde.

Hitler se decantó por la idea de desencadenar el ataque a Checoslovaquia aprovechando una provocación, organizada por el Tercer Reich.

En la última versión del Plan Verde se hablaba de la agresión a Checoslovaquia como de una “operación relámpago basada en un incidente, por ejemplo el asesinato del embajador alemán que ocurriese en una manifestación antialemana”.

Algunos políticos y generales alemanes no estaban de acuerdo con la prisa con que Hitler preparaba la operación contra Checoslovaquia. Temían un fracaso porque no se sentían lo suficientemente armados.

Hitler sí que tenía prisa porque temía fallecer antes de poder realizar sus planes megalómanos.

Konrad Henlein
Dentro de la propia Checoslovaquia Hitler contaba con un importante aliado, el Partido Sudetoalemán de Konrad Henlein. Poco tiempo después de la anexión de Austria invitó al líder sudetoalemán a Berlín donde le dio las directrices que éste debía seguir en las negociaciones con las autoridades checoslovacas sobre la autonomía.

Henlein resumió todas las directrices del Führer en una sola frase:”!Exigir siempre tanto que no sea posible satisfacernos!”

Hitler encargó a Henlein hacer la propaganda en el extranjero, sobre todo en Francia y Gran Bretaña, presentándose como luchador por la autodeterminación nacional de los sudetoalemanes. Al mismo tiempo debía poner énfasis en que Checoslovaquia se estaba desintegrando y que no valía la pena que tal Estado siguiera existiendo.

En las regiones fronterizas la tensión fue creciendo. Del Reich venían armas, municiones y explosivos, y allí se adiestraban bandas paramilitares sudetoalemanas para realizar sabotajes en territorio checoslovaco.

Joseph Goebels
A mediados de mayo de 1938 el servicio de inteligencia checoslovaco obtuvo informaciones sobre el supuesto traslado de tropas alemanas hacia las fronteras checoslovacas. Praga procedió a una movilización parcial de las fuerzas armadas.

Fue un error. Las informaciones sobre el traslado de las tropas alemanas eran falsas. Algunos historiadores opinan que se trató de una desinformación difundida por el servicio secreto alemán Abwehr.

Berlín aprovechó esta desinformación en la guerra propagandística, alegando que los checos recurrieron a una amenaza militar contra el “pacífico” Tercer Reich. El ministro de Propaganda Joseph Goebels se empeñó en presentar a Checoslovaquia como un Estado que atizaba la tensión en Europa Central con el fin de provocar una guerra.

La movilización parcial dañó la imagen de Checoslovaquia en el exterior, pero fortaleció la determinación de los checos de defender su país.

También el pequeño David venció al gigante Goliat, recordaban en el Teatro Liberado Jiří Voskovec y Jan Werich.

En el caso de Checoslovaquia la inmortal parábola no se cumpliría...

El 12 de septiembre de 1938, en el congreso del partido nazi en Nuremberg, Hitler anunció el plan que habían esperado con impaciencia muchos sudetoalemanes:

”Sólo nosotros podemos asegurar sus derechos a los alemanes residentes en las tierras checas. Por eso incorporaremos los Sudetes al Tercer Reich”.

Simultáneamente exhortó a los sudetoalemanes a desencadenar una rebelión contra las autoridades checoslovacas.

Las bandas de Henlein, armadas y adiestradas en Alemania, cercaron en los Sudetes comisarías de la policía checa, aduanas, estaciones de correos y de ferrocarriles, y saquearon comercios, bares y fincas.

En las bandas militaban miles de hombres, pero cuando el gobierno checoslovaco envió al ejército a las regiones fronterizas y en algunos distritos decretó la ley marcial, Henlein y otros cabecillas sudetoalemanes pronazis huyeron a Alemania. Los disturbios cesaron.

Checoslovaquia no hizo más que imponer el orden en su territorio soberano, pero la propaganda nazi puso el grito en el cielo. Los nazis presentaban a la futura víctima de su expansionismo como un potencial agresor e instigador de la guerra en Europa Central.

A Francia y Gran Bretaña les convenía la versión nazi. Ambas potencias occidentales querían evitar a cualquier precio un nuevo conflicto bélico con Alemania. Les pareció que la mejor forma de aplacar a Hitler y salvar supuestamente la paz en Europa era entregarle Checoslovaquia en bandeja.

En la próxima edición de Legados del pasado- testimonios del presente de Radio Praga les contaremos que en septiembre de 1938 necesitaron sólo quince días para hacerlo, escribiendo uno de los capítulos más ignominiosos de la historia europea.

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