Voskovec y Werich: Una historia de la eterna amistad de dos grandes cómicos

Jiří Voskovec y Jan Werich (a la izquierda), foto: archivo de la Radiodifusión Checa

Este año se celebran 110 años del nacimiento de dos legendarios actores checos, Jiří Voskovec y Jan Werich, cuya obra dio otra dimensión al teatro humorístico checo. Sus revueltos destinos, marcados por el exilio durante la ocupación nazi y el comunismo, serán el tema de esta edición de 'Legados del Pasado, Testimonios del Presente'.

Jiří Voskovec y Jan Werich  (a la izquierda),  foto: free domain
“La vida es solamente una casualidad, una vez estás arriba, otra abajo” dice la letra de una las canciones más famosas de Voskovec y Werich, como si adelantara sus propios destinos.

Su amistad nació en un instituto praguense, fortalecida por la compartida pasión por el teatro y el sueño de entretener al público con obras repletas de fantasía y cuentos absurdos, inspirados en la tradición bufonesca y las farsas improvisadas.

En 1926 Jiří Voskovec y Jan Werich formaron un dúo artístico y el primer gran éxito llegó ya con su obra debut 'Vest Pocket Revue', basada en el humor improvisado. Pese a contar con un solo espectáculo, la obra celebró cientos de reestrenos.

La bufonería intelectual

Este triunfo abrió a la pareja la puerta del legendario Teatro Liberado (Osvobozené Divadlo) y junto a su compositor Jaroslav Ježek se conviertieron en sus principales protagonistas.

Su arte hizo que esta escena vanguardista tuviera una enorme influencia sobre la creación teatral de las décadas siguientes, según destacó para la Televisión Checa el historiador del teatro, Vladimír Just.

Vladimír Just,  foto: KSoukup / CC BY-SA 3.0
“El Teatro Liberado fue un fenómeno cultural único sin antecedentes tanto en la cultura checa como en toda Europa. Su significado va más allá, ya que ha influído a muchos artistas hasta la actualidad. Los experimentos de Voskovec y Werich con la lengua checa, que se veía hasta entonces sentimental, llena de clichés y patética, sus frases políticas y la actitud hacia las autoridades y los medios de comunicación, son una cosa eterna”.

Voskovec y Werich no disponían de tanta habilidad para expresarse a través de gestos como sus referentes Charlie Chaplin y hermanos Fratellini, por lo cual optaron por manifestar sus reflexiones por medio de palabras, convirtiéndose en una especie de bufones intelectuales.

Los juegos de palabras, que revelaron la gran riqueza humorística del idioma checo, e interacción improvisada con los espectadores, estremecían al teatro de risas. Aún más carcajadas se oían tras haber introducido los llamados proscenios, diálogos improvisados concebidos como comentarios de la actualidad política y cultural.

Estas obras se veían impregnadas de una ideología de izquierdas, basada en la crítica a las diferencias sociales, la alta cifra de desempleo y la vida de los burgueses.

El fascismo los echa de Checoslovaquia

El creciente peligro del fascismo, que brotaba en los años 30 en el país vecino, dio a sus obras otro rumbo. En sus piezas 'César' (Caesar), 'Balada sobre los Trapos' (Balada o Hadrech) o 'El Verdugo y el Loco' (Kat a Blázen) no temieron expresar una audaz crítica de Adolf Hitler y su ideología.

Jaroslav Ježek  (a la derecha) y Jiří Traxler   (Studio Ultraphon,  1938),  foto: archivo de la Radiodifusión Checa
La mayor indignación para los partidarios del fascismo llegó con la obra 'El Burro y la Sombra' (Osel a Stín), cuyo protagonista animal hablaba con la auténtica voz de Adolf Hitler. La rabia de los alemanes desembocó en un intento de atacar físicamente a los autores de la obra y los situó en la lista negra de los nazis.

Tras la ocupación de Checoslovaquia, el Teatro Liberado se vio obligado a bajar su telón y la presión política hizo al trío Werich, Voskovec y Ježek abandonar su país. Los tres se establecieron en Estados Unidos, donde intentaron continuar con su labor artística y la lucha contra el fascismo, comenta el publicista e historiador literario František Cingr.

“Sus comienzos en ultramar fueron muy difíciles. Al principio hacían teatro para la comunidad de los paisanos checos y tras haber aprendido inglés empezaron a presentar su obra en Cleveland. Tras la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial recibieron oportunidad de hacer lo que fue para ellos en aquel momento esencial; la propaganda antisfascista”.

František Cinger,  foto: Jana Chládková,  Radiodifusión Checa
Sus mensajes para el pueblo checoslovacos eran transmitidos mediante la emisora 'La Voz de América' (Hlas Ameriky), fundada en 1942 en Estados Unidos a fin de brindar información objetiva a países con noticias censuradas.

Sus piezas teatrales sin embargo no gozaron de mucho éxito entre los norteamericanos. Según comentó Jan Werich, excepto a Charlie Chaplin, el humor que se hacía en Estados Unidos era “ahumado” y el público de entonces no entendía el humor intelectual. La estancia en ultramar se les hizo todavía más triste tras la muerte de su amigo y compositor Jaroslav Ježek en 1942.

Tras acabarse la contienda, los artistas decidieron volver a su tierra. Su gran sueño de recuperar la escena del Teatro Liberado no pudo ser llevado acabo, ya que el ambiente de posguerra no favorecía la sátira política.

Voskovec triunfó en Broadway y Hollywood

Jiří Voskovec y Jan Werich  (a la izquierda),  foto: archivo de la Radiodifusión Checa
Tras la llegada de los comunistas al poder, Jiří Voskovec decidió volver a emigrar, esta vez definitivamente. Bajo el nombre George Voskovec celebró grandes éxitos en Estados Unidos, actuando en Brodway de Nueva York y protagonizando varias películas de Hollywood. No obstante, no todo lo que brilla es oro, comenta Vladimír Just.

“No creo que exista otro actor checohablante que hubiera tenido tanto éxito en ese país. Los críticos más reconocidos de Estados Unidos escribían reiteradamente que no habían visto a un mejor actor tipo Chéjov. Su vida personal sin embargo no fue tan feliz. Se divorció de su primera mujer y la otra se murió de cáncer. Él tenía que alimentar a sus dos hijas para lo cual tuvo que trabajar mucho. En una carta a Werich le escribía: “Los críticos me alaban, actúo con famosos actores bajo la batuta de importantes directores, pero el sueldo es una miseria”.

”Los comunistas desperdiciaron a uno de los mayores talentos”

Jan Werich decidió quedarse en su tierra, pero la falta de libertad creativa en la Checoslovaquia comunista no favorecía el que luciera su talento como en la época de entreguerras. Aunque era un hombre de ideología de izquierdas, la realidad comunista del país le indignaba, afirma Vladimír Just.

“Voskovec cambió la libertad artística por una popularidad desproporcionadamente menor, de la que gozaba antes en Checoslovaquia. A Werich le pasó lo contrario, él perdió su libertad. Era un actor que quizás nace una vez en cien años y un cómico que a lo mejor no había nacido nunca antes. El régimen desperdició a uno de los mayores talentos que tenía Checoslovaquia”.

Aunque su calidad no correspondía con su talento artístico, Jan Werich pudo rodar varias películas exitosas. Pese a ser criticadas por contener agitación comunista, las comedias 'El Panadero del Emperador' (Císařův Pekař) y 'El Emperador del Panadero' (Pekařův Císař) llegaron a formar parte del Fondo Dorado de la cinematografía checa. Aparte del teatro y cine, Jan Werich ganó fama también como escritor de libros basados en un genial humor intelectual y en juegos de palabras.

El punto final a su carrera teatral se puso en 1968, tras firmar el manifiesto 'Dos Mil Palabras', redactado por el escritor Ludvík Vaculík, en el que se exigían reformas del régimen comunista. Su cara desapareció en breve también de los televisores y sus libros de las tiendas.

Aunque existe la polémica de si fue consciente o no, en los años setenta apareció su firma en el documento Anticarta, una campaña llevada contra la iniciativa Carta 77, que exigía al régimen comunista que cumpliera con su compromiso de respetar los Derechos Humanos.

Este hecho le permitió volver después de muchos años al teatro y despedirse a lo grande de su público.

La Cortina de Hierro nunca enturbió la amistad de Jan Werich y Jiří Voskovec, lo que demuestra su abundante correspondencia que intercambiaban hasta finales de su vida y que sirvió de base para una obra teatral sobre sus vidas. Los amigos tuvieron la oportunidad de encotrarse por última vez en 1974 en Viena. En 1980 Jan Werich falleció y su amigo lo sobrevivió tan solo nueve meses.