Un vendedor de antigüedades de Praga enamorado de Latinoamérica

Fachada del negocio

En un rincón de Malá Strana un pequeño negocio ofrece libros antiguos, ilustraciones originales y la interesantísima historia de su dueño: un profesor de fotografía que decidió irse del país en 1968 y recién volvió en 2015 luego de aprender varios idiomas y convertirse en un ciudadano del mundo.

Libro antiguo de astrología sexual | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Una obra de astrología y sexualidad que habría pertenecido a Sigmund Freud y una serie de ilustraciones originales de Praga realizadas por el arquitecto Bohumír Kozák son solo algunas de las joyas que pueden encontrarse en ‘La Antigua Praga’, un pequeño pero muy nutrido negocio de Malá Strana. Sin embargo, es probable que lo más interesante del lugar sea la propia historia de vida de su dueño, Josef Ruznák, un buscavidas que no aceptó, bajo ningún aspecto, negociar su libertad.

“En el 68 no podíamos saber qué iba a pasar porque llegó la armada rusa y había que tomar la decisión de quedarse o irse. Mi decisión fue irme en octubre de 1968 muy problemáticamente porque no tenía documentos”.

Praga ilustrada por Kozák | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Por ese motivo tuvo que tomar prestados los documentos de un amigo y, a través de Yugoslavia, llegó a Ginebra (Suiza), al mundo libre, como él mismo dice, donde empezó a trabajar en un taller de impresión. Luego decidió probar suerte en París, donde se quedó a vivir dos años y medio revelando fotos para algunos diarios y revistas. Y en 1972 volvió a armar las valijas, aunque esta vez se mudó de continente al instalarse en Nueva York.

“En Nueva York estuve trabajando para la revista Vogue como fotógrafo a tiempo completo aunque, como en cada compañía, tienes un área de la que eres responsable, y mi responsabilidad era el nivel técnico, es decir, cómo preparar perfectamente las fotos para la edición”.

Josef Ruznák,  un ciudadano del mundo | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Durante los casi diez años que estuvo viviendo en Nueva York se casó, se divorció, volvió a casarse y, gracias a sus estudios en la escuela de arte de Praga y su  experiencia en el rubro, empezó a enseñar fotografía y estética en algunas universidades de Estados Unidos, un trabajo con buenas vacaciones que le permitían seguir despuntando el vicio de los viajes. Así, pudo conocer lugares tan diversos y lejanos como Australia, Canadá, España, Japón y Tahití, aunque hubo una región que lo marcó especialmente.

Sinagoga ilustrada | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“En 1977 cuando estaba trabajando para Vogue me tomé un año sabático porque me dieron una muy buena oportunidad de trabajar como fotógrafo en toda América del Sur para una ciclo de entrevistas de Paris Match que me pagó absolutamente todo y pude recorrer así Venezuela, las tres Guayanas, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia”.

Y si bien le interesó mucho la naturaleza, la arquitectura de las ciudades y hasta las comidas, lo que más lo sorprendió de esos países latinoamericanos fue la gente, la calidad humana, a tal punto que luego de esa experiencia volvería de visita en tres ocasiones.

“¡Qué gente encontré! Esa fue la sorpresa más grande de mi vida, la variedad cultural de Argentina con respecto a Chile o Brasil, Colombia con respecto a la Patagonia, esas diferencias que no se pueden imaginar ni en películas. Yo siempre tengo a América del Sur en mi corazón y si, por ejemplo, se da la situación de que me digan que, por algún motivo, tengo que irme de Praga en 24 horas yo no tendría problemas en ir, por ejemplo, a Buenos Aires”.

El negocio por dentro | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Ruznák tiene muchos recuerdos de ese viaje pero destaca, por ejemplo, sus visitas a las distintas cantinas de La Boca hasta altas horas de la madrugada y una anécdota casi cinematográfica que le ocurrió al irse, en el trayecto al aeropuerto de Buenos Aires cuando, en medio de una charla muy distendida sobre fútbol con el taxista que lo llevaba, de repente los paró la policía para pedirles documentos, lo cual por algún motivo había sorprendido mucho al conductor. Luego llegó a Chile, país gobernado en ese entonces por Pinochet y donde, finalmente, llegaría a enterarse de lo que había sucedido.

“Y compré un periódico chileno porque tenía una hora y media para poder leer qué estaba ocurriendo en el mundo. Lo abro y leo que hay un golpe militar en Argentina. Isabel Perón estaba afuera y había comenzado el gobierno militar, fue una sorpresa muy grande”.

Josef Ruznák con un cliente | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Lo cierto es que esos episodios relacionados con las dictaduras latinoamericanas le hacían acordar a la situación de Checoslovaquia, país con el que mantenía un mínimo contacto porque no soportaba saber que podían llegar a leerle la correspondencia que le escribía a sus padres. Sin embargo, en una de sus posteriores visitas a Praga tuvo una especie de anuncio privilegiado del cambio radical que estaba por venir.

“Yo estaba almorzando en el snack bar del hotel Alcron el jueves y llegó un muchacho que me dijo: ‘Algo va a pasar mañana viernes’. Yo estaba comiendo y le respondí: ‘Bien, finalmente’. Y no me dijo nada más”.

Pinturas y diseños  | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

A la mañana siguiente tuvo que viajar a Múnich y, al volver a Praga y regresar a ese mismo bar, se dio cuenta de que todos estaban hablando de la revolución. Sin embargo, Ruznák no sentía aún que fuera el momento de instalarse de nuevo en su país, decisión que tomó recién en 2015. Un poco porque necesitaba volver a casa y otro poco porque notaba un verdadero cambio de mentalidad en la sociedad checa, más allá de las circunstancias económicas. Así fue que encontró un departamento en Malá Strana, uno de los rincones más hermosos de la ciudad y enseguida le ofrecieron alquilar un negocio justo enfrente, en el que se puso a vender las cosas que había juntado a lo largo de su vida: fotos, libros antiguos y pinturas que trajo de Estados Unidos en un conteiner y tenía la intención de regalar a sus dos hijos sin imaginar que ellos rechazarían de plano su oferta.

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