Tolhuin, los alfajores con corazón patagónico que nacieron en Praga: "Chequia te abre las puertas"
Lucas y Florencia, ambos abogados argentinos, tomaron el riesgo de emprender en República Checa con su marca de alfajores Tolhuin, que ofrece sabores tradicionales y de autor. En esta entrevista, nos cuentan cómo Chequia les ofreció las posibilidades y la libertad para hacer lo que no se hubieran animado en Argentina.
Si a Florencia Turner le hubieran pronosticado hace dos años que hoy estaría vendiendo alfajores en República Checa, tal vez hubiera pensado que los adivinos están en plena decadencia. Para Lucas Ruberti, aficionado a trabajar con masas y algunos platos dulces, la predicción tampoco hubiera sido mucho más creíble.
Pero, lo crean o no, esta pareja de abogados argentinos es hoy dueña de Tolhuin, una marca de alfajores que nació en Praga – inspirada en Tierra del Fuego – de sabores tradicionales que respetan las recetas del suelo argentino, pero que también se anima a más, con, por ejemplo, su alfajor insignia con tapas de cookie y avellanas caramelizadas.
Ambos decidieron “cruzar el charco” en 2023, luego de que a Florencia le otorgaran la ciudadanía italiana, nacionalidad que también posee Lucas.
Por qué República Checa
“La verdad que República Checa te abre mucho las puertas si sabes idiomas, no necesariamente el checo. El alemán es un idioma que se pide mucho también, pero el inglés es clave y fue para nosotros vital saber ese idioma, por lo menos para el mundo corporativo”.
La elección de Chequia no fue del todo sencilla. Fue, en gran parte, la palabra de un amigo que ya vivía aquí lo que los convenció.
“Estábamos evaluando países, como España o Italia, y justo yo tenía un amigo viviendo en Chequia. Él estaba acá hacía un tiempo y siempre me hablaba de República Checa, como para tenerlo en cuenta. Y era un país que en papeles, además, venía bien, porque tiene el desempleo más bajo de Europa, tiene buen mercado laboral, el tema del idioma, que para vivir es una cosa, pero para trabajar con el inglés sería suficiente, el checo no es indispensable. Entonces me dijo ‘¿Por qué no venís acá? Probás y si después te va mal, te vas a España, te vas a Italia o a cualquier otro lado’”.
Lo cierto es que ambos tenían sus “vidas hechas” en Buenos Aires: un lugar donde vivir, una profesión y buenos trabajos, además de, por supuesto, la familia y amigos. Pero la fantasía de buscar nuevos horizontes se venía cocinando a fuego lento desde hacía tiempo.
Afortunadamente, su llegada a Chequia no pudo ser mejor. Rápidamente, ambos consiguieron puestos de trabajo vinculados a su profesión en empresas internacionales, por lo que no tuvieron tiempo de pensar demasiado en lo que les estaba sucediendo. Todo parecía “demasiado bueno para ser verdad”. Y la aventura recién comenzaba.
Pasado un año de su llegada, ya instalados incluso con su mascota – que trajeron de Buenos Aires –, fue otro amigo de Lucas quien les dio la idea de avanzar con un emprendimiento argentino.
"Probemos con alfajores"
“En ese momento justo viaja un amigo de Argentina acá y me dice ‘no veo muchas chocolaterías’. Y a mí eso como que me ‘prendió la lamparita’ y me puse a buscar cosas para hacer chocolate. Compré chocolate para templar y ya estaba viendo moldes. Pensaba en hacer chocolate y agregarle dulce de leche o hacer chocolate relleno de dulce de leche, también marroc, cosas que son argentinas, el chocolate en rama también, que una vez que uno sale de Argentina se da cuenta que no existe en otros lados. Y así empezó el interés por el chocolate. Pero buscando todo lo relacionado, me di cuenta de que es bastante complicado: las máquinas que se necesitan son complejas, son caras, en ese momento el precio del chocolate estaba carísimo por un tema estacional. Todo era muy complejo, desde los moldes, el packaging hasta las máquinas, todo era muy complicado y en un momento creo que hablando con ella (Florencia), me dice, ‘¿Y por qué no hacemos alfajores? Porque si no, no empezás más. Con el tema de que me falta esto o aquello...’. Y dije, bueno, probemos con los alfajores”.
Para diseñar las recetas, contactaron a un pastelero argentino. Primero comenzaron a hacer un alfajor tradicional y luego se adentraron en el segmento “de autor”. Además, la pareja diseñó el logo de marca, cuyo nombre, Tolhuin, proviene de una localidad homónima en la provincia de Tierra del Fuego, y que en mapudungun, la lengua mapuche, significa “corazón” o “como corazón”, algo que no le faltó a este proyecto.
La búsqueda por encontrar el sabor deseado llevó unos seis meses de trabajo constante, que incluyeron muchas pruebas. De este testeo salieron beneficiados los compañeros de trabajo de la pareja, que fueron los primeros catadores del producto. Algunos de ellos ya habían probado alfajores industriales que Florencia les había traído de regalo desde Argentina. Con esta referencia en mente, sus colegas les aseguraban que si tuvieran que elegir, se quedarían, sin dudas, con los de la pareja.
“Uno no lo puede explicar, lo mejor es dárselo al cliente y que lo pruebe. Experimentamos mucho con varias recetas y también fuimos cambiando de dulce leche – debemos haber comprado todas las marcas de dulce de leche que se consiguen acá, también importadas, de todos lados. Lo mismo con los chocolates para bañar los alfajores, porque variaba muchísimo si se trataba de chocolate semiamargo o si era con con leche, si los mezclaba… entonces, hasta que armamos algo que nos gustara a nosotros, parecido a lo que se hace en Argentina, pasó tiempo.
Pero al dárselo al cliente, cuando veíamos que alguno lo probaba y decía ‘esto es lo mejor que probé’, listo, estábamos hechos”.
El sentido del gusto no se lleva bien con las palabras. ¿Cómo explicar qué tienen de especial estos alfajores sin probarlos? Lucas se anima a intentarlo.
“Están hechos con mucho amor (risas). Creo que, por un lado, no es un producto industrial. Nuestros alfajores son artesanales, tienden más a lo que sería una receta de pastelería. Entonces, por ejemplo, las tapitas no tienen margarina, tienen manteca (mantequilla), lo que dificulta mucho más el trabajo, cómo hacerlos, el costo, pero hace que el alfajor sea más rico. Después, la ralladura de limón, literalmente le agregamos ralladura de limón para darle el toque cítrico. Y lo seguimos haciendo todo nosotros a mano, empaquetamos cada alfajor a mano, hacemos las etiquetas. O sea, 100% artesanal, literalmente.”.
Los alfajores de Tolhuin se pueden pedir por encargo a través de la cuenta de Instagram de la marca. Pero no solo eso. Ahora también se pueden encontrar en locales asociados como Malá Argenta y Mi Tierra.
“Los van a poder encontrar en locales como Malá Argenta y Mi Tierra, pero solo los más clásicos, que son el de chocolate negro y blanco, y también el de maizena, en Mi Tierra. Pero en total tenemos seis gustos, que son: blanco y negro con dulce de leche; blanco y negro con corazón de frambuesa, de maizena y también el alfacookie, que son dos tapas de cookie con chispas de chocolate, rellenas con dulce de leche y tiene avellanas caramelizadas en los costados”.
Pero a lo largo de este proceso de creación de la marca, Lucas y Florencia no estuvieron solos. Muchos otros argentinos ya instalados en República Checa también se sumaron a ayudarlos.
Ayuda de compatriotas y locales
“Algo que nos ayudó también mucho es que al inicio empezamos a hablar con algunos influencers, como por ejemplo, Vanesa de Food in Prague. La verdad fueron muy amables y compartieron nuestros alfajores en sus redes. Eso también abrió mucho el público. Llegamos a un montón de otra gente que no eran solo argentinos o latinos, sino gente que no sabía lo que eran los alfajores y lo probaron y les encantó. Hoy en día nos siguen comprando. No queremos sonar a que decimos que nuestros alfajores son los mejores alfajores del universo. La verdad es que, en general, el alfajor es rico, no nos referimos específicamente al nuestro. Es muy difícil que a alguien no le guste un alfajor. No le tiene que gustar el dulce, creo yo, pero al que le gusta el dulce y prueba un alfajor, sea checo o de cualquier lado, le gusta y te lo dicen. Y recién ahora que empezamos a ir eventos nos pasa que quizá viene un checo de los más abiertos – porque si van a un evento latino quiere decir que son un poco más abiertos –, no tienen ni idea qué es el alfajor y te preguntan. Como está envuelto en papel aluminio dorado quizás piensan que es un Ferrero Rocher. A veces agarramos la caja y por ejemplo le mostramos cómo se ve. Muchas veces tenemos que explicar qué es el dulce de leche. Lo que terminamos haciendo es abrir uno, partirlo por la mitad y darles a probar. Cuando lo prueban, ponen cara como si hubiesen probado lo mejor del universo por lo distinto que es, aunque para nosotros es algo súper común. También nos pasa que cuando un cliente prueba un sabor, después quiere probar todos”.
Pero no todo fue tan fácil como parece. Lo cierto es que tanto Lucas como Florencia han invertido mucho tiempo y esfuerzo en construir este proyecto y, donde otros prefieren abandonar, ellos no se intimidaron y siguieron buscando soluciones para cada obstáculo.
“En el medio también tuvimos que aprender toda la parte impositiva, de las habilitaciones, de todo lo que se necesita para vender: el etiquetado, los alérgenos, toda esa parte, para la que te tenés que comunicar con todos los ministerios, es todo un tema. Pero, por suerte, tuvimos mucha ayuda. Por ejemplo, los chicos de La Paisanita nos ayudaron un montón, nos orientaron con eso. Es lo que tiene el argentino también acá, que el que te compra a veces te compra un montón para regalar, nada más, porque quiere que la gente conozca el alfajor y después los que ya tienen negocios acá, te ayudan, no te ven como una competencia. Eso también nos empujó un montón. Nuestra propia cultura también nos lleva a desear que seamos cada vez más argentinos a los que les vaya bien, no solo a nosotros.
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Y no nos sentimos solos, ahora somos un montón, conocemos un montón de gente muy buena que nos abrió las puertas, que nos ayuda. Todos nos dan su apoyo y la verdad es que eso nos ayuda a crecer y a sentirnos también mejor acá, en un país tan diferente al nuestro. El boca a boca ayuda mucho. No llegan muchos mensajes felicitándonos. Tenemos una clienta a la cual amamos, que tuvo una bebé y cuando nació lo primero que pensó fue llevarles alfajores a todas las enfermeras y nos pidió no sé cuántas docenas. Y después la bebé cumplió dos meses y le hizo una torta de cumplemes con un alfajor”.
La libertad para crear
Pero su dedicación no fue lo único que les jugó a favor. La cultura propia de los argentinos, que disfrutan de compartir – qué mejor ejemplo que el mate para ilustrarlo – fue lo que los inspiró a seguir intentando que los clientes probaran su creación.
“Al ser argentino, tenés esa cultura de no querer invadir con lo propio, pero sí de querer compartirlo. Y creo que eso es lo que cuando uno viaja a otro país se transforma eventualmente en un algún tipo de emprendimiento, sea empanadas, sea alfajores, sea carne, sea vino, es como que uno quiere compartir, querés que la gente pruebe, querés que la gente conozca Argentina. Uno empieza todo el tiempo a ‘vender Argentina’ todo el día. Uno viene a Europa y se respeta mucho el lugar donde vivimos, obviamente, pero siempre tenés ganas de compartir tu país y creo que también los alfajores son una buena excusa de mostrar un poco lo que es Argentina y nosotros los argentinos”.
Finalmente, la experiencia de “irse afuera” también trae el beneficio de brindar una libertad especial.
“Yo creo que también hubiese sido una limitación para nosotros, por el hecho de tener otra profesión, en nuestro caso, de abogados. Acá tenés otra libertad de emprender con algo que sea diferente a tu profesión. Lo que tenés a favor acá, quizás allá lo tenés en contra. En Argentina quizás sería raro que un abogado penalista además esté vendiendo alfajores. Viviendo en Argentina puede pasar que incluso la familia no lo entienda. Pero estando en otro país, hay otra mirada, es distinto, no pesa tanto. Además la distancia también yo creo que ayuda en ese sentido. Sí, probablemente en Argentina no nos hubiésemos animado creo a empezar algo así. Es como que tendría que ser algo mucho más 'sofisticado', no hacer alfajores. Pero uno viene acá y se da cuenta que te cambia la cabeza. Estás más abierto”.
Con esta libertad y ganas de seguir conquistando paladares checos, la pareja ya se plantea un plan que le daría envidia a Pinky y el Cerebro.
“Los checos no son una población tan grande. Yo creo que los podemos convencer y les podemos inculcar que empiecen a desayunar tostadas con dulce de leche y mate. Yo creo que es algo que es completamente posible”.
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