La invención de Bonet: el español que creó a un autor checo para homenajear a Praga

Juan Manuel Bonet

En un curioso libro de poemas y grabados llamado 'Praga', Juan Manuel Bonet inventó a un poeta checo tan verosímil que un crítico llegó a escribir que ya era hora de publicar su obra. La traductora Klara Janés se disculpó por no haber encontrado datos sobre él, y una edición especial del libro fue entregada al propio Václav Havel, prueba del alcance inesperado que tuvo ese heterónimo al mejor estilo Pessoa.

Un curioso libro sobre Praga con autor inventado,  editorial Comares | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Un trío de amigos habituado a perderse por el Rastro madrileño entre libros raros, grabados antiguos y tesoros improbables acabó, casi sin proponérselo, dando origen a uno de los libros más singulares escritos sobre la capital checa. Una obra que, con toda lógica y a la vez con toda ironía, se titula, sencillamente, ‘Praga’.

“Me alegra que me preguntes por este libro, 'Praga', que ya tiene sus añitos y que nunca ha sido traducido al checo, que es algo que, claro, siempre he soñado. Yo descubrí Praga desde Varsovia: mi mujer es polaca y un verano nos hicimos un viaje a Praga, antes aún de la caída del muro, era una época todavía así glacial, digamos, de glaciación soviética: aviones de hélice y una ciudad en la que se veía muchísima vida cultural. Nos fascinó, mi mujer ya la conocía, pero en mi caso fue mi primer viaje y me fascinó absolutamente. Ya conocía bastante sobre la vanguardia checa, en particular a figuras como Josef Šíma, Nezval, Karel Teige o Toyen. Todo eso lo tenía más o menos visto, sobre todo a través de París, porque muchos de ellos habían vivido allí”.

París-Praga

Panorámica de Praga | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

De madre francesa, Juan Manuel Bonet nació en París, donde vivió hasta los cuatro años antes de establecerse en Madrid. Más tarde regresó a su ciudad natal cuando dirigió el Instituto Cervantes de París, etapa que considera la más feliz de su vida.

En el Puente de Carlos hay uno de los cachés más populares del mundo“Me veo confrontado a la belleza de Praga, a todos los lugares imaginables; pues, claro, para un turista, subir al Castillo, a la Calle del Oro, a la cervecería de Švejk, etcétera, etcétera, etcétera, ¿no? Y también ya conocía, precisamente porque había comprado casualmente un libro sobre él en un centro checo que entonces existía en Varsovia, la obra de Josef Sudek, el maravilloso fotógrafo praguense. Yo no había escrito todavía nada sobre Praga, pero la tenía un poco en mente en un diario que publiqué, más o menos a finales de los ochenta: La ronda de los días, donde ya aparecía Praga. Pero, bueno, ese libro de poemas, en concreto, surge por un encargo de José Vázquez Cereijo, un pintor y poeta gallego, lucense, sobrino de un gran poeta gallego que era Luis Pimentel y muy amigo de mi familia, muy amigo mío y de mi esposa Mónica. Además, era precisamente mi compañero del Rastro, junto con Andrés Trapiello: éramos tres los que íbamos al Rastro juntos. Él nos llevaba unos cuantos años, llevaba mucho más tiempo yendo, pero fue nuestro guía por allá”.

Juan Manuel Bonet con su esposa Monica Poliwka | Foto: Ángel de Antonio,  Profimedia

Un viaje de ida

Vázquez Cereijo,  2007 | Foto: Morales-Mengotti,  archivo personal de J.M.Bonet

Fallecido en el año 2016, el pintor y poeta José Vázquez Cereijo es el autor de los grabados y del prólogo del libro. Comenzó su carrera a finales de los años cincuenta con un estilo expresionista que, más tarde, incorporó ideas surrealistas influidas por la estética francesa y centroeuropea. Tanto le habían hablado Bonet y su esposa Mónica de Praga que no tuvo más remedio que ir a verla con sus propios ojos y, por supuesto, volvió encantado y con una serie de grabados sobre la ciudad, que expuso en la Plaza de Colón de Madrid. Lo cierto es que aquel viaje de Cereijo a Praga marcó para siempre su conexión con el mundo eslavo, algo que se vería más tarde en su obra y en su colección de arte checo.

“Y, de repente, me dice: ‘oye, yo quiero hacer un libro con estos grabados, y quiero que me lo prolongues tú’. Y entonces yo empecé a darle vueltas, pero no me salía un texto en prosa ni me apetecía un texto crítico. Entonces le dije: ‘oye, mira, te voy a escribir unos poemas y lo puedes publicar como libro’. Bueno, el caso es que me salieron los doce poemas que están ahí y, después, más tarde, el editor Trapiello, precisamente, quería que hubiera más, pero no salió ninguno más: salieron en una semana, y de repente lo que salió fue lo típico de los heterónimos: Pessoa, Pierre Louÿs, en fin, hay muchos… Max Aub… hay mucha gente que ha hecho homenajes a la poesía de una cierta ciudad, o de una cierta época, a través de una superchería, inventándose una máscara”.

Antiguo cementerio judío de Praga en un grabado de Cereijo | Foto: Vázquez Cereijo,  reprofoto de J.M.Bonet,  Praga

Un poeta checo en la niebla

Al recordar esa época, Bonet aún se sorprende de la claridad con que surgieron en simultáneo esos doce poemas en solo una semana, casi como si una voz se los dictara.

“El libro tuvo un recorrido divertido. Por ejemplo, hubo una crítica en un periódico de San Sebastián que decía: ‘¡ya era hora de que se publicara a este poeta!’”.

“Me fueron saliendo como los poemas de un poeta checo, al que acabé poniendo en una cronología, nacido en 1907, que es el año que nació mi abuela materna en Francia, y 1953, la muerte del supuesto Pavel Hrádok, pues es el año que yo nací en París, ¿no? Y los poemas se fueron encadenando y, claro, tienen un tono poetista, que era el movimiento que fundaron Karel Teige, Toyen y esos”.

En ese sentido, hay que decir que la estética gótica de los grabados termina dialogando muy bien con el tono general de los poemas.

Plaza Wenceslao en uno de los grabados praguenses de Cereijo | Foto: Vázquez Cereijo,  reprofoto de J.M.Bonet,  Praga

“Tienen un clima de presentimiento o de premonición de la Guerra Mundial, es un libro al que le tengo mucho cariño y uno de mis preferidos es Pasos en la niebla: son pasos en la niebla/ los que escucho cada vez más cerca/ en qué siglo vivo, tal… los arcos góticos… hay una mezcla de vanguardia y... ‘si me persiguen los guerreros del norte/ me protegerán los ángeles bohemios’, los guerreros del norte, evidentemente, son los nazis, ¿no?, y el siguiente poema ya es sobre la ocupación alemana y hay poemas de resistencia, luego viene un poema sobre Josef Šíma, que es un escritor y grabador que me gusta muchísimo, y tengo un pequeño grabado de él colgado cerca de mi despacho y luego vienen ya poemas de los años del comunismo, en concreto, el poema contra los contrafuncionarios, que es un poema satírico contra Nezval, que era uno de los mejores poetas checos ligado al surrealismo y anfitrión de Breton y de Éluard cuando van a Praga en el año 1935... y es un poema quizás excesivo por su lado panfletario; y los últimos son poemas que intentan decir que, a pesar de todo, y a pesar de que están en el castillo los que queríamos que estuvieran y ahora nos están oprimiendo, yo me quedó aquí, no quiero exiliarme y hasta hay una alusión a Vicente Huidobro que había muerto, entonces este poeta se ha enterado de que en su lejano Chile ha muerto Huidobro; creo que el libro es coherente con ese ciclo vital que invento para ese poeta”.

Un recorrido divertido

“En Zaragoza, un librero cercano a la universidad me dijo que el libro lo compraban muchos alumnos de lenguas eslavas y yo pensé: ‘joder, madre mía, ¡les van a suspender en los exámenes!’”.

La invención, sin embargo, fue tan verosímil que más de una persona terminó creyendo que ese autor checo era tan real como el propio Kafka.

“El libro tuvo un recorrido divertido en cuanto a su eco. Por ejemplo, hubo una crítica, creo que de Félix Maraña, que, en un periódico de San Sebastián, dijo: ‘¡ya era hora de que se publicara a este poeta!’ Y en ese caso te quedas pensando: me va a odiar toda al vida este señor. Jaime Siles, que escribía entonces la crítica de poesía en el ABC, me dijo: ‘oye, no he escrito nada sobre tu poeta que has traducido porque no he encontrado ningún dato suyo en ninguna enciclopedia’. Todavía no existía internet, y yo le digo: ‘no, no, es una superchería, una ficción’.

Juan Manuel Bonet foto Bernard Plossu.jpg | Foto: Bernard Plossu,  archivo personal de J.M.Bonet

En Zaragoza, un librero cercano a la universidad me dijo que el libro lo compraban muchos alumnos de lenguas eslavas y yo pensé: ‘joder, madre mía, ¡les van a suspender en los exámenes!’. Y lo mejor de todo fue Clara Janés, que es la gran traductora de poesía checa en España: yo le mandé el libro y me la encontré al poco tiempo y me dijo: ‘oye, Juan Manuel, pero este poeta... yo no sabía nada de él, ¿dónde lo has descubierto? Y yo: ‘Doña Clara, si tú no conoces a un poeta checo es que no existe’, y le hizo mucha gracia. Y mi mujer, que es polaca, me dio un diploma de eslavidad porque me dijo que la sensibilidad que tenía el libro era muy eslava. Y, después, un embajador, Santiago Cabanas, lo tenía en su cuarto de huéspedes junto al libro llamado Praga in Black and Gold... Bueno, fue una aventura muy bonita, yo no creo que tenga ningún otro heterónimo a lo largo de lo que me queda de mi vida porque fue una cosa excepcional: fue el encuentro mío con Praga, de José Vázquez Cereijo con Praga, de un editor que se animó a hacer un libro así y con una cubierta preciosa. Ah, y debo decir que, entre los receptores del libro, más tarde estuvo el presidente Havel, en concreto en una visita real a Praga, la Casa Real encargó al pintor una tirada de los linograbados en su formato original más grande que folio porque en el libro están pequeños y ese libro lo encuadernaron muy bien y, dentro de la caja, venía un huequecito para mi poeta. Y, claro, para que a Havel no le pasara lo mismo que quienes se lo creyeron o dudaron, había un folio en el que escribí esto es un homenaje en forma de superchería, nace del encuentro mío y del pintor con Praga, pero el poeta es una invención y tal”.

Vázquez Cereijo en el Rastro de Madrid,  2012 foto Andrés Trapiello archivo Bonet.jpg | Foto: Andrés Trapiello,  archivo personal de J.M.Bonet

Tintín en Praga

Aunque se trataba de un caso muy distinto, el gesto de Bonet tenía un antecedente ilustre: Jorge Luis Borges también había inventado un autor checo, Jaromir Hladík, aunque lo hizo como protagonista de su relato El milagro secreto. Según contó el propio Bonet, en el nombre de su propio personaje, Pavel Hrádok, había un pequeño desajuste.

“Alguien me dijo: ‘oye, el nombre de Pavel Hrádok es incorrecto, y yo lo puse porque Pavel es mi hijo pequeño y el Hrádok apareció mirando un mapa en relieve del país y, de repente, encontré un pico con ese nombre; y entonces me evocó al capitán Haddock de Tintín porque me gusta mucho y es el único cómic sobre el que he escrito bastante y hasta he dado una conferencia al respecto, entonces Pavel Hrádok. Y creo que fue un pintor el que me dijo que Pavel estaba bien, pero Hrádok era una apellido eslovaco porque, al parecer, el pico está en la parte eslovaca, pero en cualquier caso yo también pienso que, como no di muchos datos biográficos, puede tratarse de un matrimonio mixto”.

La antena checa

Este curioso libro que aún se consigue en algunas librerías de viejo en España y varios países de Latinoamérica se publicó en 1994 y, a pesar de que lo escribió varios años más tarde, hay mucha influencia del entorno praguense que él mismo experimentó durante aquel iniciático viaje, una estética neblinosa que recuerda un poco a las pinturas del gran pintor Jakub Schikaneder, a quien, dicho sea de paso, Juan Manuel Bonet, a través de Pavel Hrádok, cita en uno de sus poemas.

“Era una Praga muy en ebullición, pero era antes del cambio, y he vuelto después; en fin, es una ciudad que me sigue gustando mucho, muchísimo: tiene una magia muy especial que la asocio mucho con la fotografía de Sudek”.

Exposición de Sudek organizada por Bonet,  en 2009 | Foto: archivo personal de J.M.Bonet

De hecho, el propio Bonet organizó una exposición muy importante de las fotos de Sudek para el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

“Mucha gente descubrió a Sudek con esa exposición, y bueno de Toyen tenemos alguna obrita y también tengo libros checos: alguna primera edición de Karel Teige, tengo de Toyen un catálogo que hizo en París con unas manos entrelazadas, yo busco un poco todas esas cosas de la vanguardia checa… Karel Teige me parece un personaje fabuloso, que está entre la pintura, la literatura, y la arquitectura. Bueno, la arquitectura de allá es formidable, tanto la cubista como, luego, la funcionalista; o sea, yo sigo siendo un devoto de todos los checos, y es una ciudad a la que llevé también, y es otra cosa que hice en Praga, llevé al Museo de Arte, a la Galería Nacional (Veletržní palác), que es un antiguo edificio de ferias que le entusiasmaba a Le Corbusier, allí llevé una exposición sobre la España de los años 50, y fue curioso porque, en el marco de esa exposición, había una alusión al pabellón español en la Feria de Bruselas del 58, que fue un pabellón muy importante para la arquitectura española y en Praga les interesó eso porque ellos tenían dentro del museo una sección sobre el pabellón checo también en Bruselas, que era un poco lo mismo que en España; es decir, la España franquista quería dar una imagen moderna y la Checolovaquia comunista quería dar también una imagen moderna”.

Recuerdo de Josef Sudek en Praga | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Dedicado ya de lleno a la escritura y a la organización de exposiciones, Juan Manuel Bonet anuncia con alegría que el año que viene volverá a su amada Praga gracias a un proyecto que tendrá lugar en el Instituto Cervantes, pero asegura que, en ningún momento de todos estos años, ha dejado de pensar ni un día en la ciudad.

“La antena checa la tengo siempre un poco, o sea, vamos, que Radio Praga está presente, digamos, un poco en mi visión de Europa”.

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