Se cumplen 80 años de los Juicios de Núremberg, el nazismo frente a la humanidad

El juicio de Núremberg

El 20 de noviembre de 1945, la Radio Checoslovaca realizó su primera transmisión desde el extranjero. Comenzaban los juicios de Núremberg en los que se iba a juzgar a los representantes nazis por sus crímenes. Las declaraciones de testigos y víctimas de Checoslovaquia resultaron de vital importancia para probar la responsabilidad de los acusados. La matanza de Lidice y el testimonio de sus pocos supervivientes fueron uno de los momentos de mayor dolor en la sala.

El juicio de Núremberg | Foto: National Archives,  College Park,  MD,  USA

Hermann Göring, Joachim von Ribbentrop o Rudolf Hess tuvieron que, en la primera jornada del juicio, declararse inocentes o culpables. Nueve meses después, cuando terminó el proceso, a pesar de las pruebas aplastantes, al igual que el primer día, siguieron rechazando su responsabilidad.

Sin embargo, el corresponsal de la Radio Checoslovaca, František Gel, desde la misma sala del tribunal, emitió ya su juicio en aquel primer servicio.

“Hemos escuchado las primeras palabras pronunciadas ante el tribunal de la humanidad de quienes son sus mayores amenazas. Será un gran día cuando las que escuchemos sean sus últimas palabras”.

František Gel | Foto: APF Český rozhlas

En aquel proceso histórico en el que por primera vez, además de las agresiones, los crímenes de guerra y crímenes contra la paz, se empleó el concepto de crímenes contra la humanidad, había varias grandes ausencias. Adolf Hitler, Joseph Goebbels, Heinrich Himmler y Martin Bormann se habían suicidado, precisamente, para no tener que rendir cuentas.

A ellos precisamente culparon de sus actos los sentados en ese banquillo de 24 acusados: criminales de guerra y miembros de organizaciones nazis como el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, las SS, las SA y la Gestapo.  Pero en una de las cosas en las que los juicios de Núremberg serían más novedosos en el derecho penal internacional fue a la hora de establecer la responsabilidad personal. No valió entonces el argumento de la obediencia a los superiores, el mero cumplimiento de las órdenes.

El camino a Núremberg

Emil Hácha y Adolf Hitler | Foto: Instituto Militar de Historia

La URSS, Estados Unidos, Inglaterra y Francia habían firmado un acuerdo para establecer un Tribunal Internacional que juzgara y castigara a los responsables. Llegar a ese acuerdo no fue fácil. Todos querían castigar a los criminales nazis, pero no había consenso en la forma. Winston Churchill incluso abogó por fusilar a los culpables sin juicio. En la Conferencia de Teherán, Stalin propuso ejecutar a decenas de miles de líderes nazis y oficiales alemanes. Sin embargo, Churchill rechazó categóricamente la ejecución de soldados. Fue más tarde cuando el secretario de Guerra estadounidense, Henry Stimson, ideó un juicio por crímenes de guerra, para lo cual obtuvo el apoyo del nuevo presidente estadounidense, Harry S. Truman.

El juicio de Núremberg: vista general de la sala del tribunal | Foto: Harry S. Truman Library and Museum,  public domain

Tampoco fue fácil elegir el lugar donde realizar aquellos juicios que pasarían a la historia. Finalmente, la Unión Soviética aceptó Núremberg. Fue justo en Núremberg donde se celebraban anualmente los pomposos congresos del NSDAP, a los que asistían el Führer y los altos dirigentes del Tercer Reich. Las leyes raciales de Núremberg también se proclamaron en esta ciudad en 1935, excluyendo a la población judía de la sociedad civil alemana. Núremberg, para 1945, era un montón de escombros tras diez bombardeos aliados en los que murieron 22.000 personas. Solo unos pocos edificios permanecieron en pie, y entre ellos, curiosamente, se encontraba el Palacio de Justicia, con su prisión anexa. Un lugar en el que también los nazis habían impartido su “justicia”.

La huella checoslovaca en Núremberg

Las cuatro grandes potencias acordaron que otras naciones no debían interferir en el desarrollo del juicio. La solicitud de Checoslovaquia, que alegaba haber sido la primera víctima del nazismo, fue desestimada. Sin embargo, entre la avalancha de pruebas presentadas ante el Tribunal de Núremberg, las de los crímenes cometidos en Checoslovaquia no pasaron desapercibidas.

Acuerdo de Múnich | Foto: Bundesarchiv 183-R69173/Wikimedia Commons,  CC BY-SA 4.0 DEED

El principal fiscal checoslovaco, Bohuslav Ečer, presentó una denuncia sobre la ilegalidad del Acuerdo de Múnich y la posterior ocupación de Checoslovaquia el 15 de marzo de 1939. Cuando el comandante de la Luftwaffe, Hermann Göring, testificó ante el tribunal sobre este tema, admitió haber obligado al presidente checoslovaco Emil Hácha a aceptar la ocupación. «Le dije que lamentaría tener que bombardear la hermosa Praga. Pensé que así podría influir en su decisión. Y lo conseguí».

El fiscal estadounidense Sydney Alderman afirmó que los estadistas que querían salvar la paz en Múnich a toda costa sabían muy poco sobre los planes de los conspiradores. Después, corresponsales de Núremberg informaron sobre un documento, que consistía en un plan para exterminar a la mitad de la nación checa y germanizar a la otra mitad.

El juicio de Núremberg. En el centro,  con uniforme,  el general Bohuslav Ečer. | Foto:  ČTK

El juez Ečer utilizó los interrogatorios a funcionarios nazis que realizó en el campo de prisioneros estadounidense de Wiesbaden. Interrogatorios, por ejemplo, al ministro de Asuntos Exteriores, Ribbentrop, y al mariscal Wilhelm Keitel, sobre los planes militares para invadir Checoslovaquia.

Alderman declaró: «Esto pone fin a la parte más trágica de aquella época: la destrucción de una pequeña nación independiente y valiente, la nación checoslovaca».

El desgarro de Lidice

Capítulo aparte mereció la matanza de Lidice, con la que los nazis quisieron vengar el éxito del atentado contra el protector Reinhard Heydrich. La intención era no dejar a nadie vivo del medio millar de sus habitantes, con la excepción de los niños que tuvieran rasgos arios, y que no quedara no solo una casa en pie, de hecho, ni las ruinas, ni un solo vestigio.

Y así sucedió salvo por trece mujeres que volvieron de los campos de concentración y siete de esos niños “salvados” por su aspecto.

En la Radio Checoslovaca se pudo escuchar la declaración de algunos de esos pocos supervivientes, incluidos los niños.

Růžena Petráková, madre de tres niños, relató, cuando podía evitar el llanto, cómo fueron sorprendidos de madrugada mientras dormían, como los sacaron de sus casas y se los llevaron, como separaron a los hombres mayores de 16 años y como ordenaron ir a la escuela de Lidice a las mujeres y los niños.

Días después también los niños fueron separados de sus madres. Růžena Petráková no lo sabía, pero ya no volvería a ver nunca a sus tres hijos. Tres años después, al volver a Lidice tras haber logrado salvarse, aún tenía esperanzas de rencontrarse con ellos.

Para el reportaje, la Radio Checoslovaca reconstruyó con una locutora esa parte de la declaración, ya que con la tecnología de la época, no se entendía nada de sus palabras.

“Durante tres años creímos que volveríamos a ver a nuestros hijos y a nuestros esposos. Y que viviríamos felices de nuevo, como antes. Solo descubrí la verdad al llegar a la estación de tren de Zittau. Dije que quería ir a Praga. El jefe de estación me preguntó de dónde era. Le dije que era de Lidice. Hizo un gesto de pena. Le dije que después de tres años regresaba con mis hijos y mi esposo. No quiso contarme lo que había pasado en nuestro pueblo. Al despedirse, me dijo que si nadie me llevaba a Praga, él me llevaría. Yo no sabía entonces que él sabía la verdad, que regresaba a casa, donde solo encontraría las tumbas vacías de nuestros seres queridos y de mis hijos fallecidos. Y todavía no los tengo”.

Los siete niños supervivientes fueron llevados a un hogar infantil junto con niños polacos en una situación similar. En Núremberg, uno de estos niños de Lidice contó cómo desde entonces solo se les permitió hablar en alemán. De lo contrario, eran golpeados.

Tampoco se les permitía preguntar por sus padres o pedir volver a casa.

Lidice | Foto: Instituto Militar de Historia

Marie Doležalová, que el día de la matanza de Lidice y cuando la separaron de sus padres para llevarla primero a Poznan y luego a ese hogar infantil, tenía diez años, explicó ante el tribunal por qué decía que los trataron mal desde el primer momento, desde el mismo viaje.

“Nos llevaron a una gran fábrica. Allí tuvimos que dormir directamente sobre el hormigón. Nos daban un trozo de pan para desayunar. Para comer, sopa, que no era más que agua. Y a veces encontrábamos una patata o un hueso. Para cenar, otra vez un trocito de pan. Los niños más pequeños lloraban. Y cuando les dábamos nuestros trocitos de pan, las alemanas se los quitaban y ya no recibíamos nada. Una vez preguntamos por nuestros padres y se rieron en nuestra cara”.

Todos los testimonios de esos niños y madres son atroces. 80 años después siguen transmitiendo un dolor incalculable.

Experimentos en humanos

MUDr. František Bláha | Foto: Časopis lékařů českých,  no. 30,  1956,  public domain

Otro de los testimonios checos decisivos en Núremberg lo aportó el doctor František Bláha, como médico de prisiones. Habló principalmente sobre los experimentos realizados con los prisioneros, que les causaron grandes sufrimientos, secuelas, e incluso la muerte. En su testimonio, también declaró que Frick, Kaltenbrunner, Rosenberg, Sauckel y Funk visitaron el campo de concentración donde se encontraba varias veces durante la guerra, refutando así los argumentos de la defensa de que los acusados ​​desconocían las prácticas de exterminio nazis.

Las sentencias de Núremberg

  • El Tribunal Internacional de Núremberg permaneció en funciones hasta el 1 de octubre de 1946.
  • Hermann Göring, Julius Streicher, Ernst Kaltenbrunner, Hans Frank, Wilhelm Frick, Alfred Rosenberg, Joachim von Ribbentrop, Wilhelm Keitel, Alfred Jodl, Arthur Seyss-Inquart, Fritz Sauckel y Martin Bormann fueron condenados a muerte en la horca.
  • Rudolf Hess fue condenado a cadena perpetua.
  • Baldur von Schirach y Alfred Speer fueron condenados a veinte años de prisión, el protector de Bohemia y Moravia Konstantin von Neurath a quince y Karl Dönitz a diez años.
  • Hermann Göring logró escapar de su propia ejecución el día antes al ingerir una dosis letal de cianuro.
El veredicto de Núremberg | Foto: Česká televize,  ČT24

Autores: Daniel Ordóñez , Petr Lukeš
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