A bailar que se acaba el mundo: el viaje de un chileno hacia el corazón de Chequia
Guiado por la memoria de su abuela y por un amor inagotable por la danza, Miguel Gutiérrez se adentró en la Valaquia morava hasta hacer suyo el folclore checo. Instalado hoy en Brno, donde conviven sus nuevas raíces y la calidez de la comunidad latina, aprendió a bailar entre los dos mundos.
Esa abuela checa a la que menciona Miguel, con su excelente pronunciación, falleció, lamentablemente, en septiembre del año pasado y él cuenta que aprovechó este viaje a Praga para visitar la que fue su casa en Vinohrady y enviarle una foto a su familia de Chile. Y aunque su abuela tenía raíces moravas, había nacido en realidad en Praga.
“Emigró antes de la Segunda Guerra Mundial, gracias a su padre Pavel, mi bisabuelo, que era un periodista especializado en política. Y en el año 1938 decidieron dejarlo todo y emigrar a Bolivia, a Cochabamba en un principio, y luego Lidia comenzó a trabajar en la fábrica de Baťa, pero en La Paz, donde conoció a mi abuelo y, antes del nacimiento de mi madre, que es chilena, se mudaron cerca de Santiago de Chile, en Peñaflor, donde se construyó la primera fábrica de Baťa. Así que fueron transferidos allí, vivieron en el barrio de Baťa, muy cerca de esta primera fábrica. Así que, por mucho que Lidia estuviera lejos de su país natal, desde los nueve años, de hecho, nunca dejó de transmitir a la familia parte de su cultura: hablaba tanto checo por su padre como alemán por su madre. Así que siempre trato de estar en contacto con las colectividades checoslovacas, tanto de Bolivia como posteriormente de Chile. El checo no nos lo enseñó, pero siempre nos cantaba algunas oraciones en checo también. Hablaba poco, pero siempre de una manera fluida. Así que con el tiempo me fui dando la idea de que podía tratar de visitar su país de origen”.
Una ciudad llamada Vsetín
La oportunidad se le presentaría en el año 2014, cuando obtuvo una beca para estudiar checo durante un mes, en un curso para paisanos en Dobruška, una experiencia que repetiría en 2016 y 2018. A raíz de esa experiencia, sintió el deseo de profundizar un poco más en la colectividad checa de Santiago de Chile, que se llama el círculo chileno-checo. Y, como en su momento, tanto su madre como sus hermanas bailaban en la agrupación folclórica checa Na zdraví Chile, en ese mismo 2014 se integró él tratando de aprender, desde lejos, el folclore checo; mientras que, cuatro años después, decidió ir por más.
“A medida que iba avanzando en el folclore checo, quería profundizar todavía más, ya que lo intentábamos aprender, sobre todo, con material audiovisual, pero no teníamos a ningún especialista nativo. Entonces, justamente, en mi segundo curso de Dobruška, en el año 2016, visité una ciudad llamada Vsetín, muy cerca de Zlín, en donde se realiza cada dos años el festival internacional Vsetínský krpec, y bueno, ahí vi este folclore valaco, como le dicen, y decidí también aprender este folclore, llevarlo a Chile, a nuestra colectividad y a la agrupación Na zdraví Chile. Así que desde ese año empezamos a practicar de lleno ese folclore. Al mismo tiempo, se estaban firmando los acuerdos Working Holiday de Chile y Chequia durante ese tiempo, así que me estaba dando la idea de que podía probar al menos vivir allí un año y profundizar tanto en el idioma como en la cultura de mi abuela. Y en el 2018 tomé la decisión”.
¿Quiere usted aprender checo?
El momento elegido fue tan oportuno que Miguel entró en contacto con una agrupación folclórica chilena que justo estaba iniciando una gira por Eslovaquia y República Checa. Aprovechó para unirse a ellos durante un mes y también se inscribió en un curso de folclore checo de Odzemek, una danza de Valaquia en la que se utilizan hachas. En ese entonces todavía estaba en plena adaptación al nuevo idioma.
“Tomé la decisión de mudarme a Vsetín, donde también se habla diferente. Los valacos, claro, tienen otras jergas, otro acento. Entonces, si bien ellos me entendían lo poco que trataba de decir, en devolución tenía ya mucho más contenido, así que fui aprendiendo allí más, por decirlo, en el barrio, porque me mudé y comencé inmediatamente a practicar con la agrupación folclórica checa Vsacan de Vsetín y ellos me ayudaron a encontrar trabajo en la fábrica de Jelínek, por ejemplo, que también tiene una fábrica en Chile. Así que, bueno, ahí también hay otra anécdota porque trabajé tres meses en ese sitio, así que iba practicando el checo tanto cuando iba a ensayar como en mis primeros trabajos. En mi primer trabajo recolectaba ciruelas, el segundo mes las plantaba y, durante el último mes, trabajé en la sección de embotellamiento de la fábrica, así que ahí tuve un poco de todo”.
Esos trabajos fueron una verdadera aventura teniendo en cuenta que, en Chile, Miguel trabajaba de contador y lo cierto es que ahora, con la perspectiva que ofrece el paso del tiempo, no tiene muy en claro si durante esa época primó la exigencia o el disfrute.
“No sabría decir cuál de las dos era más fuerte, pero, sí, ambas estaban muy presentes porque, sí, me fui a un sitio donde era muy difícil encontrar hispanohablantes. Es más: tenía un conocido mexicano del 2016 que, justo una semana antes de mudarme a Vsetín, me escribe diciendo que se tuvo que volver a México. Entonces, mis posibilidades de hablar mi idioma nativo eran ya prácticamente nulas. Así que, bueno, dije, lo peor que me puede pasar es sobrevivir y aprender. Y aprendí a sobrevivir con lo poco que tenía en cuanto a gramática”.
Aunque exigente y, por momentos, incluso extrema, muchos pensarían que esa es, en efecto, la mejor forma de aprender no solo un idioma complejo como el checo, sino también las profundas tradiciones culturales del país.
“Sí, de hecho, yo a mis paisanos chilenos que solía ver en Praga, en aquel entonces, les decía: ‘es como si un praguense se fuera a vivir a un archipiélago del sur de Chile, Chiloé, para aprender el folclore chilote’. Ese era yo, pero a la inversa, yendo a un lugar mucho más remoto y, claro, al día de hoy, en Brno, donde llevo desde el año 2019, todos los checos me suelen decir: ‘¿y por qué Vsetín?’ O sea, sigue siendo Moravia y, aún así, escapa mucho del estándar de la gente local”.
La felicidad en Brno
A Brno se trasladó, en realidad, en septiembre del año 2019 para seguir estudiando checo gracias a una beca semestral y, entre la llegada de nuevas amistades a su vida y la irrupción del Covid, se fue instalando casi sin darse cuenta en la segunda ciudad más grande de Chequia, aunque ahora en estrecho contacro con las distintas comunidades latinoamericanas que, en su anterior experiencia, tanta falta le habían hecho.
“Esto me conectó con un sitio llamado La Casa Verde, cuyo dueño original era chileno y su esposa checa, entonces, durante los tiempos entre pandemias, donde se podían hacer cosas, ellos salían a la puerta de su cafetería, donde también vivían y organizaban cosas. La Casa Verde se abrió en diciembre del 2018, yo me había enterado de la existencia de ese sitio mientras vivía en Vsetín, pero cuando me mudé a Brno, comencé a frecuentarlo mucho más. Conocí también a sus dueños que siempre nos abrían las puertas de su casa, así que hacíamos asados arriba de la cafetería y, bueno, desde entonces, comenzamos a pensar también en celebrar la independencia de Chile en este sitio. Y, desde el año 2020 que sigo llevando el folclore chileno, ahora el chileno, a Brno, en este caso”.
¡Viva la música!
Esos eventos para festejar la independencia de Chile comenzaron a crecer tanto que, según cuenta Miguel, dos paisanas que se conocieron en una de esas celebraciones de Brno decidieron formar una colectividad, el Círculo Chileco. Y Miguel está colaborando justamente en la organización de algunos eventos como la fiesta de independencia de Chile, que tendrá lugar el próximo sábado 19 de septiembre en Praga. Además empezó a ofrecer con frecuencia clases de español y siente que se está llevando cada vez mejor con el checo.
“Bueno, de hecho pienso más las cosas en checo que en inglés, hice nuevamente aquel curso de dos semestres hasta el año pasado, así que volví a pulir temas gramáticales y también a tratar de aumentar mi carga laboral enseñando español, por lo que tenía una batalla en mi cabeza entre los dos idiomas”.
En todo caso, asegura que, en medio de esa batalla y, sobre todo, durante su largo aprendizaje del idioma checo hubo un factor muy especial que lo ayudó mucho.
“Sí, algo que yo creo que me motivó mucho fue la música, al menos como un estímulo: cantábamos los villancicos en la embajada para la Navidad o para las Pascuas. Es decir, creo que la música ha estado muy presente en mi familia y, es más, mi madre es profesora de danza, mientras que mi padre es profesor de educación física, así que yo creo que también el movimiento siempre ha estado presente, y creo que eso me jugó a favor también con el estímulo de la melodía. Y, bueno, en parte también por mi abuela ya que también nos cantaba, de hecho”.
El justo medio
Lo cierto es que, aun hablando checo, su propia experiencia como docente de español hizo que a Miguel le resultara aún más evidente la diferencia que existe entre estudiar un idioma y otro.
“Bueno, de hecho, actualmente también lo veo mucho más porque me toca enseñar en su mayoría a checos en la escuela de español donde estoy ahora y, a veces, me da un poco de envidia que les va tan bien en poco tiempo. Entonces, en retrospectiva, sí me toma un poco más de tiempo y, de hecho, mi abuela prefería hablar alemán antes que checo. Y, bueno, ella hacía nota de los casos gramaticales, las declinaciones, mejor dicho. Y, en mi caso, yo diría que fue importante la perseverancia: estar seguro que se va a sufrir, pero no será en vano”.
En cuanto a su vida en Brno, si bien Miguel no ve la hora de volver a viajar a Chile para reencontrarse con su familia, asegura que está muy contento y, de hecho, su idea es quedarse mucho tiempo más.
“Estoy tan feliz en Brno y también me motiva mucho que la cultura hispanohablante ha continuado creciendo en esta ciudad, a tal punto que hasta he visto el primer carnaval brasilero que se viene realizando desde el 2020 u otras iniciativas como el día patrio de Argentina, nuestra fiesta nacional de Chile, por decir unas cuantas. Entonces, sí, la comunidad hispanohablante ha ido creciendo y de la mano de que también esta ciudad se está abriendo mucho más, culturalmente hablando”.
En ese sentido, uno de los méritos de Miguel ha sido saber combinar muy bien lo mejor de los dos mundos: no cerrarse al idioma checo ni a la cultura local, pero manteniendo, a la vez, lazos muy profundos con los latinos que viven en Chequia.
“Es que, de hecho, estuve a punto de tomar la decisión de volver a Chile, sobre todo después del segundo o tercer COVID del año 2022, que fue cuando realicé mi visita después de mucho tiempo. Entonces, creo que también ahí jugaron mucho a favor los lazos de amistad que fuimos construyendo en La Casa Verde, sobre todo, y sigo en contacto con los amigos que conocí allí. Entonces, también, por otro lado, tengo la motivación de ver crecer esta ciudad y llevar un poco más nuestra cultura a los sitios donde todavía falta espacio. Así que, bueno, un poco por ese lado estoy tratando ahora de concentrarme en el folclore latinoamericano también y de llevar mi idioma nativo también a la gente que esté interesada. Así que, bueno, me gustaría tal vez enseñar el checo en algún punto a mis amigos cercanos que, justamente, como mencionas, nos es difícil y, bueno, ellos tienen que aprobar un examen A2 al cabo de cinco años”.
Por otro lado, el gran crecimiento que ha tenido Brno en los últimos seis años, tampoco es un condimento menor.
“Sí, yo lo veo como un niño pequeño que todavía está creciendo y se está nutriendo y pienso que nosotros somos los nutrientes y las vitaminas que necesita este chico, al que le tengo mucho cariño. Estuve ahí el 2016, pero en aquel entonces solamente probé mi primer codillo de cerdo y vi un festival de folclore checo internacional. Entonces, claro, no encontré las iniciativas que vemos hoy en día. Entonces, bueno, sí he visto crecer también en parte a la ciudad y, bueno, siento que tiene también un potencial ya que sus plazas también te invitan a visitarlas todas juntas y el carnaval brasilero que se celebra a principios de agosto es una maravilla de evento. Así que, bueno, estamos por ahora tratando ahí de hacer lo mejor posible para que se pueda llevar la cultura a esta ciudad".
Con formación en contabilidad y amante de la música y de las simetrías, si bien su futuro más cercano parece seguir estando en Chequia, Miguel tiene muchas ganas de cumplir también un proyecto paralelo que, aunque no lo comenzó, ya lo desvela.
“De hecho, como mencionaba anteriormente, yo me mudé bailando folclore chileno a la República Checa. Y bueno, después comencé a profundizar en el folclore checo. Así que me gustaría tal vez hacer lo mismo, pero a la inversa: viajar por América Latina, conocer más países de los que ya he estado y bueno, bailar el folclore checo allá. Y si es posible, hacer de intérprete en esta futura agrupación”.








