Premian en Praga a escuela agrícola paraguaya donde estudian indígenas con sangre checa

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El paraguayo Martín Burt llegó a Praga para presentar cómo funciona una escuela agrícola autosuficiente. Este programa educativo fue galardonado el domingo con el Premio Japonés por el Proyecto de Desarrollo Más Innovador, en la conferencia anual de la organización Global Development Network, celebrada en la capital checa.

La idea del proyecto premiado, realizado por la Fundación Paraguaya, es dar una solución a los problemas del desempleo juvenil crónico en los países pobres. Los adolescentes tienen acceso a escuelas pero no a una educación de calidad, dice el director ejecutivo de la Fundación Paraguaya, Martín Burt.

“Hemos encontrado un mecanismo de escuelas autofinanciadas, autosuficientes, por el cual las clases son mitad teoría y mitad práctica. Así por ejemplo, los jóvenes aprenden industrialización de alimentos por la mañana pero por la tarde trabajan en la escuela con una pequeña fábrica de queso y yogurt para vender a los supermercados. La misma cosa se hace con cerdos, vacas, conejos, hortalizas, frutas. Entonces, de esa manera la escuela se autosolventa”.

La escuela agrícola pionera de la Fundación Paraguaya se sitúa en la localidad de Cerrito, a unos 50 kilómetros el noroeste de la capital paraguaya de Asunción. Desde hace un año estudian en este centro docente secundario dos alumnas de la etnia Chamacoco, descendientes del viajero checo Alberto Vojtěch Frič. Las muchachas son apoyadas en sus estudios por la asociación cívica checa Checomacoco, según explica Martín Burt.

“Nosotros estamos realmente muy felices de este contacto porque mediante el apoyo de integrantes de la sociedad checa hemos podido incorporar a nuestra escuela a niñas de la parcialidad indígena Chamacoco. Es una parcialidad indígena que vive de la pesca y de la caza y que ahora, en la medida en que la occidentalización y la modernización del país están avanzando, necesita encontrar también maneras de educar a sus hijos dentro del sistema formal”, dice.

Los graduados de la escuela agrícola se convierten en emprendedores rurales o también pueden ingresar a la universidad. Según Martín Burt, casi el cien por ciento de los estudiantes encuentra un empleo.

“También otorgamos una línea de crédito a los graduados para que puedan comprarse las cinco vacas o un equipamiento”.

El modelo de la escuela agrícola de la Fundación Paraguaya se ha replicado ya en 25 países de América Latina, África y Asia, entre otros en México y Sudáfrica.