El checo que no dejó a Don Quijote descansar en paz
Las hazañas de Don Quijote no dejaron fríos ni a los checos. Viktor Dyk, un famoso escritor del siglo XIX, la reconvirtió en una obra de teatro ajustándola a sus necesidades.
Uno de los escritores checos más famosos de finales del siglo XIX y principios del XX, Viktor Dyk, a veces elegía obras o historias ya creadas para transformarlas a su gusto. Así reescribió, por ejemplo, Krysař (El flautista de Hamelín), una novela corta que ahora los niños checos están obligados a leer en el colegio. Pero Viktor Dyk también tomó prestado a Don Quijote para su obra de teatro con el curioso título de El retorno a la cordura de Don Quijote (Zmoudření Dona Quijota). Sobre esa obra habló Radio Praga Internacional con la filóloga checa Michaela Šaršeová.
“El retorno a la cordura de Don Quijote es una interesante paráfrasis del Quijote de Miguel de Cervantes. El autor mantiene el mismo tema y argumento, sin embargo, el mensaje es muy diferente. Por supuesto, eso se debe a la época en que Dyk escribió la obra. A finales del siglo XIX y principios del XX se vivía un periodo muy turbulento”.
“Esta vez no se trata de un loco”
La obra El retorno a la cordura de Don Quijote está dividida en cinco actos. El lector vive la historia desde el inicio del viaje, pasando por las aventuras de Quijote y la evolución de su personaje, que aprende de sus errores, hasta su maduración y su enfrentamiento con la realidad. Michaela Šaršeová cuenta en qué se diferencia la obra de Dyk de la original.
“Lo que yo considero como la mayor diferencia es, en general, el personaje de don Quijote. No está tan presentado como alguien que de verdad se volvió loco y que hace cosas absurdas como luchar contra molinos de viento. Él no imagina el mundo diferente de lo que es, no obstante, es una persona que no se contenta con holgazanear. En el principio se tematiza que los viajes lo llaman para que haga algo consigo mismo. En el segundo acto es donde más se nota que él percibe la realidad y está intentando corregirla. En el principio de este acto, Don Quijote persigue a un ladrón. Lo atrapa y lo obliga a devolver el dinero. Así que, no es una idea imaginaria de cómo el mundo parece, sino que se trata del esfuerzo de defender sus propios ideales en el mundo real”.
“Eligió a Don Quijote por su soledad y el viaje hacia sus ideales”
Pero si el nuevo Don Quijote carece de sus actos alocados, ¿por qué Viktor Dyk eligió al personaje de Cervantes?
“Tengo la sensación de que el Quijote es único entre todos los personajes y en la obra de Dyk se nota bastante. Por ejemplo, en la novela de Cervantes, la relación entre Don Quijote y Sancho Panza se combina un poco y cambia a los personajes, es decir, son compañeros. Mientras que en la obra de Dyk, Don Quijote está solo contra todo el mundo, desde el principio hasta el final. Pienso que eligió a Don Quijote por la soledad y por el viaje hacia sus ideales”.
Grandes esperanzas canceladas
Don Quijote no es el único al que Viktor Dyk dejó sin amigos y lo mandó a seguir sus ideales y sueños que nunca pudo alcanzar. Como explica Michaela, Dyk elegía a menudo a individuos específicos, por ejemplo, como El flautista de Hamelín o La novia de los siete ladrones. Otras veces se trata de un personaje único que tiene algún rasgo característico o decide hacer algo especial y quiere luchar por sus ideales y cambiar el mundo.
“Muy a menudo, los personajes de Dyk descubren que esa fe en la gente y en el mundo que les rodea es falsa y vana. Puede terminar con la muerte del protagonista o de todos los demás. O puede terminar de manera completamente diferente. Sin embargo, siempre que el individuo cree en algunos ideales, termina descubriendo que esa fe no tenía sentido”.
Viktor Dyk, un autor universal
Viktor Dyk creció en el Imperio austrohúngaro. Desde pequeño le interesaba la literatura e historia checa, lo que le inculcó un sentimiento nacionalista.
“En general, hay que decir que Viktor Dyk pertenece a un grupo de poetas checos muy específico de inicios del siglo XX. Se trataba, muy a menudo, de poetas que, de alguna manera, eran antimilitaristas o estaban políticamente comprometidos contra la política de Austria-Hungría. Muchos de ellos terminaron en la cárcel. En el régimen comunista se estableció para ellos la denominación de “generación de los rebeldes”. Hoy en día cabe preguntarse si conviene utilizarla o no. Pero, en cualquier caso, estos autores abordaban con mucha frecuencia el tema de pérdida de ideas e ideales y, en general, una especie de lucha del individuo contra el mundo que le rodea. Creo que Viktor Dyk también lo destaca de forma muy significativa en el marco de esa temática cervantina”.
Viktor Dyk fue un autor universal. Antes de la Primera Guerra Mundial, escribía textos criticando la política del Imperio austrohúngaro, pero también criticando a los checos por su carácter, que hablan demasiado sobre sus planes pero que nunca los realizan. Durante la guerra, en su poesía tematizaba mucho la guerra y su influencia en la gente, la importancia de la moral y el orgullo nacional. Además de poesía escribió textos narrativos y obras de teatro.
“En lo que se refiere a las obras de teatro, criticaba el teatro tradicional de antes de la guerra. La obra El retorno a la cordura de Don Quijote Dyk la ofreció al Teatro Nacional, pero como no era algo tradicional, la rechazaron. Por primera vez se estrenó en el Teatro de Vinohrady, que en ese tiempo era nuevo e intentaba presentar obras de otra manera más moderna”.
Viktor Dyk nació en 1877 en Mělník. Su pasión por la literatura y el teatro la descubrió ya de pequeño. Al parecer, sus primeras obras de teatro eran de marionetas que presentaba a su hermano mayor. Precisamente por su hermano mayor, pronto se involucró en la vida política que después tendría tanta influencia en sus textos. Formó parte de las actividades de la resistencia contra la monarquía austrohúngara y del Partido Constitucional Progresista (SPS), y en 1918, en la nueva República Checoslovaca, participó de la fundación del Partido Democrático Nacional (NDS). Murió de repente en Yugoslavia en 1931, en la pequeña isla de Lopud, cerca de Dubrovnik, al sufrir un infarto mientras se bañaba. Tenía 53 años.
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