El arquitecto del terror: 85 años de la llegada de Reinhard Heydrich a Praga

Castillo de Praga, domingo 28 de septiembre de 1941 por la mañana. El SS-Gruppenführer Reinhard Heydrich acababa de asumir oficialmente el mando del Protectorado de Bohemia y Moravia.

En septiembre de 1941, mientras Alemania avanzaba por la Unión Soviética y dominaba Europa, Hitler necesitaba asegurar el funcionamiento de las fábricas de armas checas. Por eso reemplazó a Neurath por Reinhard Heydrich, el dirigente más implacable del régimen. Heydrich llegó a Praga con una misión clara: destruir la resistencia checa, someter a la población y preparar el terreno para la “solución final”.

Reinhard Heydrich en la prensa periódica | Foto: Instituto Militar de Historia

Cuando el 27 de septiembre de 1941 aterrizó en el aeropuerto de Kbely el avión con Reinhard Heydrich, la mayoría de los habitantes del Protectorado de Bohemia y Moravia no sabía quién era aquel alto funcionario nazi. Un día después, su llegada al Castillo de Praga fue escoltada por un ostentoso desfile militar al son de marchas e himnos nazis. No pasaron ni 48 horas y aquel nombre desconocido se transformó, de repente, en sinónimo de terror.

Adolf Hitler no estaba satisfecho con el protector vigente, Konstantin von Neurath. Su estilo aristocrático de gobierno no le resultaba eficaz para enfrentar los sabotajes de la resistencia checa y, para peor, la maquinaria bélica alemana dependía absolutamente del rendimiento de la industria armamentística checa. Heydrich llegó como un tecnócrata del poder: un hombre sin emociones personales, pero extremadamente eficaz en la organización del crimen.

Golpe inmediato: ley marcial y primeras ejecuciones 

Heydrich no perdió tiempo. Incluso el mismo día de su llegada ordenó detener al presidente del gobierno del Protectorado, el general Alois Eliáš, vinculado tanto a la resistencia doméstica como al exilio. Luego declaró la ley marcial.

En lugar de una germanización lenta, el nuevo protector optó por el método del terror inmediato. Los tribunales marciales nazis enviaban a las personas a la muerte en cuestión de minutos. El golpe apuntó directamente a la columna vertebral de la nación: los pelotones de fusilamiento en Ruzyně se encargaron de ejecutar a los principales representantes de Obrana národa,  la organización militar clandestina que encabezó la resistencia checa contra los nazis al inicio de la ocupación. Entre las primeras víctimas se encontraban los generales Josef Bílý y Hugo Vojta. La ola de arrestos y ejecuciones alcanzó también a miembros del Sokol, scouts, maestros y autoridades locales, incluido el por entonces alcalde de Praga, Otokar Klapka. En efecto, Heydrich prohibió la actividad de Sokol y envió a más de 1.500 de sus miembros a campos de concentración.

El presidente del Protectorado,  Emil Hácha,  y el líder nacionalsocialista Adolf Hitler | Foto: Instituto Militar de Historia

La magnitud de semejante represión paralizó incluso a los políticos del Protectorado. Tras la llegada de Heydrich, el presidente Emil Hácha y el resto del gobierno renunciaron por completo a cualquier forma de resistencia encubierta y se convirtieron en simples marionetas en manos de los ocupantes.

Látigo para la inteligencia y azúcar para los obreros

Reinhard Heydrich | Foto:  e-Sbírky,  Národní muzeum,  CC BY-NC-ND 4.0 DEED

La estrategia de Heydrich era doble. Mientras eliminaba sin piedad a la inteligencia y a los miembros de la resistencia, adoptó un enfoque pragmático con los obreros de la industria pesada y armamentística. Sostenía que el trabajador checo debía estar bien alimentado para poder producir armas para la Wehrmacht.

En tiempos de escasez general y economía de guerra, el régimen introdujo mayores raciones de alimentos, grasas y alcohol para los obreros, además de ofrecerles estancias de recreación en distintos balnearios. Con esta “ingeniería social”, Heydrich logró pacificar a buena parte de la sociedad y asegurar la continuidad de la producción militar.

Parte del aire

Aunque la red de resistencia local se encontraba bajo amenaza y muchas figuras clave —incluidos los célebres “Tres Reyes” de la resistencia: Josef Mašín, Václav Morávek y Josef Balabán —habían sido ejecutadas o arrestadas, la represión despertó una reacción en el extranjero. Las noticias sobre las ejecuciones masivas de patriotas checos indignaron al gobierno checoslovaco en el exilio en Londres. Tanto es así que, apenas unos días después de la llegada de Heydrich a Praga, comenzó a gestarse el plan para su eliminación. La determinación de los resistentes que permanecían activos en el país —muchos de ellos provenientes del Sokol clandestino—, junto con la llegada de paracaidistas enviados desde Gran Bretaña, hizo posible el atentado que reescribió la historia de la Segunda Guerra Mundial y anuló la validez de los acuerdos de Múnich.
Con los años, la Operación Antropoide dejó de ser solo un acto de resistencia: se volvió un símbolo de Praga y dio origen a películas, documentales y a la ya célebre novela HHhH, del escritor francés Laurent Binet.

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