“Un santero cubano me dio a entender que Valle Inclán siempre estaba conmigo”
El escritor español Ernesto Pérez Zúñiga regresó después de muchos años a Praga para inocular en el público checo el virus literario de Ramón del Valle‑Inclán, un autor tan bohemio, irreverente y singular como algunas de las increíbles experiencias del propio Ernesto. De hecho, en su primer viaje a la ciudad, poco antes de la Revolución de Terciopelo, asegura haber visto cómo la policía se llevaba detenido a Joe Cocker por cantar borracho en la Plaza de la Ciudad Vieja.
Quizás un poco al estilo de Walt Whitman, que afirmaba contener multitudes, Ramón del Valle‑Inclán tenía el aspecto de un viejo patriarca, aunque detrás de esa barba bíblica latía un espíritu moderno, insolente y provocador, casi un precursor literario de esa eterna juventud que décadas después proclamaría el rock and roll. Como embajador de su obra, el escritor español Ernesto Pérez Zúñiga lo representó en la Feria del Libro de Praga, una ciudad que también le devuelve el eco de sus propios años mozos, cuando llegó por primera vez con poco más de veinte años para vivir un viaje con bastante de pánico y locura, aunque no en Las Vegas sino, según recuerda, en plena Plaza de la Ciudad Vieja.
“Me hice una especie de viaje por toda Europa y, sí, vinimos aquí un amigo y yo en plan mochileros. Dormimos en una residencia de estudiantes y recuerdo una Praga totalmente distinta: no había nadie, no había turistas, te encontrabas por ahí a algún turista y, de hecho, desembocamos una noche en un concierto de Joe Cocker. Nos lo encontramos... pronto empezamos a escuchar la música de Joe Cocker y yo pensaba que era una radio o algo así, pero fuimos siguiendo la música y acabamos en la plaza del reloj. Y allí estaba Joe Cocker en un escenario borracho, solo, cantando. Sí. Y nos aglomeramos allí, pues los veinte turistas que estábamos en la calle y que llegamos allí siguiendo la música”.
Puedes dejarte el sombrero puesto
Según recuerda, a Joe Cocker se lo llevó la policía porque tenía un concierto al día siguiente, pero de repente se le dio por ensayar borracho a pasos de la estatua de Jan Hus. Pero esa no fue la única aventura que asegura haber vivido durante esa visita iniciática a Praga, durante la cual pasaba noches muy largas en aquella residencia para estudiantes.
“Salvo una noche que dormí en una casa del mercado negro, que eso fue una cosa que me impactó mucho. Había un mercado negro: cuando llegabas a la estación de tren, te ofrecían dormir en casas particulares y, entonces, dormí en la casa de una familia checa porque yo había invitado, en ese entonces, por carta entonces y en verso, desde una isla del Báltico, había mandado una carta a una chica española que vivía en Londres diciéndole que la esperaba tal día en Praga. Tú imagínate en esta época, ¿no? comparada con la época de hoy. Y el caso es que la chica vino contra todas las expectativas. Y claro, no teníamos dónde alojarla. Entonces, en la propia estación, un señor me ofreció ir a su casa”.
La pecera sin peces
Como si se tratara de una canción de Joaquín Sabina, Ernesto recuerda que casi no tenía dinero, pero el señor de la casa, al parecer, tenía aún menos así que no quería desaprovechar la oportunidad de ganar algo de divisa, aunque no se tratara más que de centavos.
“Claro, claro y, entonces, me impresionó porque dormimos en casa de este señor que alquilaba su cama y su cuarto de matrimonio, y ellos durmieron en el salón. Y yo dormí con la chica que, luego, no quería nada conmigo. Y recuerdo que en esa casa, además, delante de la cama había una pecera sin peces, lo cual era muy simbólico de lo que estaba pasando en ese momento: yo había llegado allí, le había escrito una carta romántica a una chica, esa chica había venido y, en realidad, la pecera no tenía peces. O sea, al final fue solamente una amiga, no hubo nada más”.
Sin embargo, Ernesto recuerda que pronto tendría su revancha, aunque una revancha sin pena ni gloria.
“Bueno, pasó en el tren de vuelta cuando habíamos pasado aquí ya unas semanas y nos montamos en el tren para regresar París y la chica a Londres, ella iba a bajar en alguna estación alemana en mitad del camino. Yo iba a París y estaba en un mismo compartimento con dos personas de Checoslovaquia, Milka y Josef, todavía me acuerdo de ellos: iban a París a ver un partido de fútbol y nos hicimos muy amigos porque ellos pensaban que yo estaba dejando a mi mujer o algo así en el camino porque la chica en ese momento sí se enamoró de mí; o sea, en el momento que nos estábamos yendo empezó a darme los besos que no me daba antes. El caso es que, en el momento de la despedida, ellos pensaban que debían acogerme y me acogieron porque era un matrimonio... yo tenía 20 años y ellos deberían tener unos cincuenta y nos comunicábamos por un libro checo-francés con el que ellos iban aprendiendo francés, íbamos señalando los dibujitos y nos comunicábamos así. El marido, Josef, me daba una especie de licor que él tenía en una petaca y también me daban de comer. Luego nos estuvimos carteando como diez años, nos hicimos muy amigos”.
Luces de Bohemia en Praga
Desde aquella experiencia algo alucinada y algo alucinante, Ernesto solo ha vuelto dos o tres veces a Praga durante la época en la que trabajó en el área de cultura del Instituto Cervantes de Madrid, pero asegura que siempre le ha encantado. Ahora tuvo el doble placer de regresar a la ciudad de la pecera sin peces para hablar de ese gran pez que es Valle-Inclán y de su Luces de Bohemia, una obra que, si bien no transcurre en Chequia, remite en cierto modo al nombre histórico de Bohemia, derivado de los antiguos celtas que habitaron estas tierras mucho antes de la llegada de los eslavos.
“Esa obra es tan importante para los españoles como Guerra y Paz. Es el retrato de una sociedad que se viene abajo a principios del siglo XX, donde hay un sueño muy importante que es una especie de edad de oro de la poesía, una edad de oro de la fraternidad, todo eso que no funciona porque la sociedad se lo come. Pero hay un idealismo muy fuerte y una determinación artística muy fuerte en esa obra y yo creo que eso está un poco también en el espíritu checo, en su literatura, en una sociedad que ha tenido que luchar contra muchas transformaciones y vivir a contrapelo. Y yo creo que ahí hay una fuerte conexión de autenticidades. Luego también está el tema del teatro, donde yo creo que Chequia es de los mejores lugares, especialmente Praga, y en Luces de Bohemia hay también una pasión por el expresionismo, o sea, esa manera de Valle Inclán de contar a través de una expresión que deforma, pero en la que hay algo especial, y yo creo que eso también está un poco en el teatro checo”.
La profecía del santero cubano
Ernesto explica además que la personalidad de Valle-Inclán siempre fue percibida por sus contemporáneos como profundamente misteriosa, y que él mismo suele rendirle homenajes en su obra. Un ejemplo es su última novela, Veníamos de la noche, ambientada en la Academia de España en Roma, institución que Valle-Inclán dirigió entre 1933 y 1936. Con todo, Ernesto también procura mantener cierta distancia, porque la figura de Valle es tan poderosa que corre el riesgo de vampirizarlo. Aun así, desde hace años se convirtió en una suerte de devoto de ese santo no religioso, justo en el momento en que dejó Granada para instalarse en Madrid, en 1997, decidido a dedicarse por completo a la literatura.
“Dejé todo mi pasado, me quedé a vivir en Madrid y, bastante en plan Luces de Bohemia porque dejé un trabajo para hacer esto, buscando un poco lo que cuenta Valle. Entonces, puse a Valle ya en un rol de patrón tutelar. Fíjate que, además, eso lo hice después de un viaje a Cuba, donde vi a un santero cubano y él me dijo: ‘oye, ninguno de los dioses te protege, pero tienes a un señor con la barba larga a tu lado, que ese está siempre contigo’. Y dije, este tiene que ser Valle Inclán, seguro... yo tenía veinticinco años y desde entonces él siempre ha estado conmigo como guía literario”.
De hecho, Ernesto asegura que Valle‑Inclán representa para él nada menos que la autenticidad en un ambiente literario dominado por el comercio y las poses. Lo considera su “difunto favorito” y, en su tesis doctoral, comenzó a centrarse, sobre todo, en La lámpara maravillosa, libro que siempre le pareció el más hermoso y, a la vez, el que menos entendía, sobre todo por los cimientos ocultistas que tanto atraían a Valle‑Inclán. Esa veta esotérica lo vincula a un autor austríaco de espíritu muy praguense: Gustav Meyrink.
“Sí, estamos hablando de un período de la literatura en el que hay una serie de escritores que se preguntan qué hay más allá de lo aparente, o institupor las dimensiones ocultas de la realidad, por el inconsciente incluso; y Meyrink bebe de la tradición ocultista de aquí, checa, de la alquimia y del Gólem; mientras que Valle lo hace más desde la parte de los magos franceses como Éliphas Lévi. Pero, bueno, en realidad están buscando lo mismo: están tratando de revelar un sentido oculto de la realidad y eso a Valle Inclán le obsesiona bastante y La lámpara maravillosa va sobre esto”.
Un interés contemporáneo
En la presentación de la Feria del Libro de Praga, organizada también por el Instituto Cervantes, Ernesto Pérez Zúñiga, junto a Anežka Charvátová, Martina Kutková y Petr Gojda, repasaron las distintas facetas de Valle‑Inclán: el dramaturgo de Luces de bohemia, el precursor de la novela latinoamericana de dictador con Tirano Banderas, el creador del esperpento y, en definitiva, ese artista que, entre hachís y escritura, lograba estar siempre un paso adelante. Luego hubo una lectura dramatizada de Luces de bohemia y, tras cartón, en unos meses Ernesto publicará en la editorial española Galaxia Gutenberg un ensayo sobre este autor que también empieza a calar hondo en Chequia.
“Hay un interés contemporáneo en Valle porque él decía: ‘si yo supiera la literatura que se ha de escribir en el año 2000, ya la estaría escribiendo’. Porque en él hay una pasión por ir más lejos y ese ir más lejos que él consiguió con su escritura, yo creo que ahora resuena en Chequia donde hay un interés por todo esto, por saber qué hay ahí. También hay mucho interés por la parte teatral y creo que, de hecho, están esperando las traducciones para poder representar esas piezas. De hecho, yo hice el prólogo de una selección de sus obras que va a salir traducida al checo en unos meses”.








