Flecha eslovaca: la autora que volvió a poner en marcha una leyenda checa
La periodista y escritora Michaela Vetešková revive su recorrido en el emblemático y ya retirado tren Flecha eslovaca (Slovenská strela) y cuenta cómo esa travesía inspiró un libro infantil que busca acercar a las nuevas generaciones la historia, la ingeniería y el espíritu ferroviario del país.
Aunque es un tren checo, el Flecha eslovaca (Slovenská strela) recibió ese nombre porque estaba diseñado para unir rápidamente Praga con Bratislava, en la entonces Checoslovaquia. El legendario tren aerodinámico y color rojo de Tatra se puso en marcha el 13 de julio de 1936, por lo que cumple este mismo lunes noventa años. Y a pesar de que dejó de ofrecer un servicio regular en 1953 y, desde entonces, solo volvió a circular ocasionalmente, sigue siendo un símbolo de innovación técnica y orgullo industrial.
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De hecho, mucho tiempo después, el 3 de mayo de 2024, la periodista y autora Michaela Vetešková formó parte de un reducido grupo de personas que tuvo la suerte de viajar en ese mítico tren, en dirección Kopřivnice–Vsetín. El recorrido duró unas dos horas y, desde entonces, el Flecha eslovaca no ha vuelto a salir con pasajeros y, según agrega ella con tristeza, probablemente ya no vuelva a hacerlo. Lo que sí está a disposición es, por suerte, el fruto de esa experiencia: el libro que ella misma escribió a raíz de ese inolvidable viaje.
“Durante muchos años supe que existía un inventor genial, oriundo de Vsetín, llamado Josef Sousedík, pero nunca llegó el momento de pensar más profundamente en él ni de ocuparme de su vida, aunque yo misma nací también ahí. Y en el transcurso de dos o tres meses ocurrieron muchas cosas que realmente me llevaron al depósito acristalado de Kopřivnice. Allí, el guía me abrió las puertas del Slovenská strela: pude no solo entrar en el tren, sino que, cuando sonó el silbato del Slovenská strela, el tren —con unos pocos pasajeros— salió conmigo en dirección de Kopřivnice hacia Vsetín. Y quizá allí nació la idea de que quería transmitir la experiencia de ese viaje, el concepto casi misterioso del Slovenská strela y también la gran historia del olvidado Josef Sousedík, contada también para los niños. Puede sonar un poco raro, pero era algo que en ese momento me fascinaba y sentí la necesidad de escribirlo”.
Un adelantado a su tiempo
“Me gusta imaginar cómo viajaba la gente en el Flecha eslovaca: sentados en esos asientos acolchados de terciopelo color capuchino, con la piernas cruzadas, bebiendo café en tazas blancas con ornamentos azules, leyendo periódicos en blanco y negro, conversando… y viviendo realmente esas cuatro horas y dieciocho minutos dentro del tren, esa sensación me fascina profundamente”.
Asegura Michaela que, durante la escritura del libro, lo que más le llamó la atención no fue quizás el propio tren, sino la historia de su creador, Josef Sousedík, quien además de llegar a tener en su haber 50 patentes, incluido el sistema híbrido que hizo posible el desarrollo del Flecha eslovaca, también fue alcalde de Vsetín entre 1937 y 1939, cargo que obtuvo por su prestigio técnico, su liderazgo local y su reputación como empresario innovador. En efecto, Michaela no duda en expresar que, con ese sistema genial de propulsión que asignó al vehículo, él realmente se adelantó a su tiempo.
“Mientras hoy hablamos de electromovilidad, él ya en ese entonces recorría las colinas de Valašsko con su propio invento, esto fue lo que más me fascinó. Pero lo más impactante para mí fue enterarme de la conexión entre Sousedík y la resistencia antifascista en la región de Vsetín, cuando actuó con tal valentía que sacrificó su propia vida para no traicionar a sus amigos y compañeros de lucha en pleno 1945. Quise incorporar también este aspecto en la historia de mi libro Flecha (Strela). Es decir, através de Sousedík fui descubriendo el fenómeno del Flecha eslovaca en todo su esplendor”.
4 horas y 18 minutos
Destaca Michaela que algo importante a tener en cuenta es que en el Flecha eslovaca solo podían trabajar hombres, bajo el argumento de que las mujeres no estuvieran sometidas a una labor tan exigente durante las cuatro horas y dieciocho minutos que duraba en total el viaje. En definitiva, lo que más la fascina es que, hace apenas noventa años, existiera aún un universo tan peculiar.
“Me gusta imaginar cómo viajaba la gente en el Flecha eslovaca: sentados en esos asientos acolchados de terciopelo color capuchino, con la piernas cruzadas, bebiendo café en tazas blancas con ornamentos azules, leyendo periódicos en blanco y negro, conversando… y viviendo realmente esas cuatro horas y dieciocho minutos dentro del tren, esa sensación me fascina profundamente. Y yo misma intenté imaginar todo eso cuando viajé en ese tren. Claro que al tratarse de un monumento cultural nacional, no se podía ir al baño, no se podía comer, casi no se podía beber, y había que tratar al vehículo con el absoluto respeto que se merece, por lo que tuve que hacer un gran trabajo de imaginación para recrear los viajes originales”.
Siguiendo ese tren de pensamiento, cuenta Michaela que, desde que hizo aquel viaje, suele imaginarse que vuelve a subirse al Flecha eslovaca, no necesariamente sola, pero muchas veces sí en silencio y mirando por la ventanilla, ya que asegura que, cuando viaja en coche o en tren, suele dejar fluir sus pensamientos.
“Curiosamente, de hecho, escribí todo el libro Flecha en el tren. De verdad, a mí misma me sorprende. Y si pudiera encontrarme con Josef Sousedík, creo que le daría las gracias, definitivamente haría eso”.
De outsider a leyenda
Uno de los aspectos que más resalta de esa gran figura con la que se siente tan agradecia es el hecho de que Sousedík naciera en condiciones muy poco favorables, en el contexto de una familia muy pobre y con muchos hermanos que tenían incluso que compartir los zapatos. Y asegura que, al principio, cuando él intentaba relacionarse con chicos de familias más acomodadas y con mejor educación, lo miraban por encima del hombro justamente porque era pobre, todo un outsider.
“Curiosamente, de hecho, escribí todo el libro Flecha en el tren. De verdad, a mí misma me sorprende. Y si pudiera encontrarme con Josef Sousedík, creo que le daría las gracias, definitivamente haría eso”.
“Y mira cómo son las cosas: ese outsider que no tenía la posibilidad de estudiar en una escuela formal y solo pudo terminar la primaria en una escuela nocturna, terminó haciendo del defecto virtud. Y siguió siendo siempre muy humilde: los obreros de su fábrica lo tuteaban, él iba siempre con ropa de trabajo y hablaba con ellos como iguales. Los tenía en cuenta, les consultaba problemas y mejoras técnicas, los consideraba su equipo avanzando hacia un objetivo común. Esto es lo que me fascina, y no es una visión idealizada. Hablé con su hijo, Tomáš Sousedík, consulté archivos, e incluso tenemos en la radio una grabación de su voz y un breve discurso suyo: todo encaja”.
Aunque reconoce que no es del todo optimista al respecto, Michaela dice que la aventurera historia del Flecha eslovaca debería inspirar a los jóvenes de hoy a interesarse tanto por la técnica como por la historia, en un país que intenta enlazar pasado y futuro a todo tren.
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