La Hermandad de Moravia y su huella en los orígenes de Groenlandia

Neu Hernnhut (hoy Nuuk) en Groenlandia

La Hermandad de Moravia, la iglesia evangélica preluterana más antigua de Europa, tiene una interesante historia ligada a la evangelización de la población original de Groenlandia y a la fundación de la propia capital, Nuuk.

Recientemente Groenlandia ha estado en boca de todos, especialmente por el interés del presidente estadounidense Donald Trump, que ve la isla ártica como un territorio altamente estratégico y ha afirmado que quiere adueñarse de ella. Hace siglos, Groenlandia era ya objeto de intereses ajenos, esta vez de la Iglesia Morava, conocida también como los Hermanos moravos. No obstante, antes de observar cómo esta rama de la iglesia evangelista llegó a Groenlandia, merece la pena rastrear primero la historia de la Hermandad de Moravia.

El pastor y pedagogo moravo Juan Amos Comenio falleció en el exilio en Ámsterdam en 1670. Comenio era el último obispo de la comunidad evangelista de la Hermandad de Moravia, que en aquel momento operaba en el exilio por la persecución de la Iglesia católica. Al igual que Comenio, muchos otros seguidores, fieles a la tradición, inspirada por la predicación reformista de Jan Hus, también habían elegido el camino del exilio, trasladándose a Sajonia bajo la protección del conde Zinzendorf.

Hernnhut en Lusacia | Foto: public domain

Fue precisamente en el este de Sajonia, en Lusacia, una región que hoy día yace alrededor de la frontera checo-germano-polaca, con una lengua eslava que aún se habla a día de hoy, donde los seguidores de esta rama del evangelismo crearon en el año 1722 la ciudad de Hernnhut. Allí pudieron al fin desarrollar su actividad religiosa en libertad, y desde allí partieron las grandes misiones de la Hermandad de Moravia hacia destinos tan lejanos como el Caribe, América del Norte y también Groenlandia.

El mapa de Groenlandia del año 1747 por Emanuel Bowen | Foto: David Rumsey Collection/Wikimedia Commons,  public domain

Radio Praga Internacional habló con Jáchym Pantálek, presidente de la Sociedad de la Historia Morava de Suchdol nad Odrou, donde un pequeño museo cuenta la historia de los Hermanos moravos.

Jáchym Pantálek | Foto: Moravian
“Eran, por así decirlo, los hijos espirituales de Juan Amos Comenio. Después de su partida de Fulnek, la gente que había seguido estos sermones o lecciones logró preservar su fe a lo largo de un siglo, incluso sin tener un guía pastoral presente. Cien años más tarde, esta fe fue renaciendo, lo cual llevó a nuevas persecuciones, así como a su partida a Sajonia”.

1733, rumbo al extremo Norte

En la década de 1730, el rey de Dinamarca buscaba reanudar la evangelización de Groenlandia después del éxito no tan significativo del pastor luterano Hans Egede, originario de Noruega. Precisamente el conde Zinzendorf sugirió los servicios de la Hermandad de Moravia y en particular de Matouš Štach, explica el experto.

Matouš Stach | Foto: página web oficial de Makovice/Archives de Ulf Bro_mann

“Matouš Štach creció en Mankovice, un pequeño pueblo a orillas del río Odra. Allí se encontraba una comunidad oculta de no católicos y él creció en ese ambiente. Posteriormente, decidió abandonar Mankovice con su primo Kristián y sus padres. Llegaron a Herrnhut en la década de 1730, pero Štach no pasó mucho tiempo allí porque le atraían nuevos horizontes. Por entonces, el conde Zinzendorf se había puesto de acuerdo con el rey de Dinamarca para una misión de la Hermandad de Moravia en Groenlandia. Matouš Štach se ofreció como voluntario y fue seleccionado junto a otros dos hermanos”.

A su llegada, las sorpresas comenzaron a sucederse. Nada ocurría según lo previsto en ese territorio hostil donde vivían los inuits, cuya lengua era completamente distinta a la de los Hermanos. La desconfianza entre ambos grupos prevalecía, aunque los Hermanos de Moravia mantenían la esperanza de que su misión tuviera éxito porque la consideraban divina.

Los inuit en Groenlandia | Foto: David Cranz,  Matthäus Stach,  'Historie von Grönland enthaltend die Beschreibung des Landes und der Einwohner,  Heinrich Detlef Ebers/Biodiversity Heritage Library

“Habían traído hachas y sacos de granos porque pensaban que podrían cultivar algo. Esperaban poder talar árboles para construir casas. Sin embargo, cuando llegaron, descubrieron que era imposible todo eso en Groenlandia. Una vez superado el shock inicial, los Hermanos lograron establecer contacto con los locales, que les habían ayudado a sobrevivir su primer invierno. Durante este primer invierno pensaron varias veces en abandonarlo todo e irse, pero sobrevivieron y empezaron a aprender el idioma local, ya que para transmitir su fe, era importante conocer la lengua inuita”.

No obstante, la situación sanitaria era complicada. Los misioneros pasaban hambre y sufrían de escorbuto, mientras que otra enfermedad, la viruela, posiblemente traída por ellos en su equipaje, diezmó a la población local. Aunque los misioneros se esforzaban en cuidar a los enfermos, al principio su presencia se percibía negativamente.

El aprendizaje de la lengua y la inmersión en la cultura local previa a la conversión

Los Hermanos de Moravia persistieron a pesar de todo. A diferencia de otras misiones coloniales, estos adoptaron una estrategia de inmersión total. Aprendieron el idioma, observaron las costumbres y compartieron la vida cotidiana con los inuits, como destaca Jáchym Pantálek.

“Los moravos habían adoptado un método diferente al de Hans Egede, es decir, intentaron acercarse a la población local aprendiendo su modo de vida antes de transmitir su fe. Y al final, resultó ser una estrategia exitosa”.

El bautismo de los groenlandeses en la Iglesia fraternal | Foto: David Cranz,  Universitätsbibliothek Göttingen/Wikimedia Commons,  public domain

Tuvieron que pasar unos seis o siete años hasta el bautizo del primer inuit, Kajrak, o ya Samuel después de la ceremonia.

De Nueva Herrnhut a Nuuk

Neu Herrnhut | Foto: Jacques-Nicolas Bellin,  'Histoire générale des Voyages',  1746-1759/Wikimedia Commons,  public domain

Cuando llegaron a tierras groenlandesas, los Hermanos establecieron una colonia llamada Nueva Herrnhut, el nombre de la ciudad sajona que habían dejado atrás. Hoy día, se trata del barrio más antiguo de la capital de Groenlandia, Nuuk, donde construyeron casas de madera en estilo europeo, que fueron las primeras de este tipo en la región. Algunas de ellas, además, todavía se han preservado hasta el día de hoy. Uno de estos edificios históricos alberga hoy la Biblioteca Nacional de Groenlandia, por ejemplo.

Herrnhut Huset,  edificio histórico de la misión de los Hermanos Moravos en Groenlandia,  situado a orillas del Nuup Kangerlua en Nuuk,  capital de Groenlandia | Foto: Algkalv,  Wikimedia Commons,  CC BY-SA 3.0
Samuel Kleinschmidt | Foto: J. A. D. Jensen,  Lisbeth Valgreen,  Danish Arctic Institute/Wikimedia Commons,  public domain

Sin embargo, uno de los logros más significantes de los misioneros es lingüístico. El aprendizaje del idioma local les impulsó a sistematizar más el proceso, lo cual los llevó a crear el primer diccionario groenlandés-alemán. Posteriormente, en el siglo XIX, otro misionero llamado Samuel Kleinschmidt perfeccionó esta obra al crear un sistema gramatical y ortográfico que marcó considerablemente el idioma groenlandés durante mucho tiempo.

Jáchym Pantálek subraya que Kleinschmidt para los groenlandeses representa precisamente lo mismo que Comenio para los checos, al tratarse de una figura fundadora del conocimiento lingüístico.

Las pequeñas cuentas de las montañas de Bohemia en el Ártico

La influencia morava también se refleja en el patrimonio material y estético de Groenlandia. Los misioneros llevaron instrumentos musicales y, sobre todo, las pequeñas cuentas de cristal de la región de Jablonec en Bohemia del Norte. Precisamente estas cuentas hoy forman parte del traje tradicional groenlandés. Ambos sucesos son testigos de la globalización inesperada que conecta el Ártico con las tierras checas.

La misión morava en Groenlandia continuó hasta el inicio del siglo XX, con la integración paulatina en la Iglesia luterana danesa de las comunidades e iglesias locales. Hoy día, más de 90% de los groenlandeses se identifican con el luteranismo, un hecho que se debe a la presencia danesa y al trabajo inicial de los misioneros de la Hermandad de Moravia.

“Abandonaron Groenlandia a inicios del siglo XX y se centraron en otras regiones del mundo a las que dieron mayor prioridad. En Groenlandia ya habían cumplido su misión, es decir, introducir el cristianismo y enseñar a la gente a leer y a escribir. Entonces se fueron a Australia, ya que pensaban que había mucho más que hacer allí”.

La colonia Lichtenfels fundada por Matouš Stach | Source: Meyer’s Universum,  Bibliographisches Institut,  Hildburghausen/Wikimedia Commons,  public domain

Matouš Štach, figura principal de la primera misión en Groenlandia, pasó unos 30 años en la isla, con algunos retornos ocasionales a Herrnhut, para casarse. Destacó como una personalidad fuerte, a veces entrando en conflicto con sus compañeros. También estableció por su cuenta una colonia, llamada Lichtenfels, pero esta terminó por desaparecer.

De regreso a Sajonia en 1771 con su esposa Rosina, Štach fue enviado el año siguiente a Carolina del Norte a la colonia morava Bethabara, donde dirigió una escuela para niños. Hoy, los vestigios de este pequeño pueblo se pueden observar en la ciudad de Winston-Salem, donde se pueden ver edificios que han sobrevivido desde aquella época.

El viaje de Matouš Štach es simbólico por la naturaleza transnacional de la Hermandad de Moravia, que viajó por todos los continentes para difundir la fe que le habían prohibido en su tierra natal.

La iglesia morava en Bethabara,  Winston-Salem,  Carolina del Norte | Foto: Upstateherd,  Wikimedia Commons,  CC BY-SA 4.0