Polednice y Klekánice; en Chequia, el equivalente del Coco son dos mujeres… y dan mucho más miedo

Polednice

Una aparece al mediodía, la otra llega al anochecer. Polednice y Klekánice son dos vigilantes que provienen de la mitología eslava y que castigan a los niños checos que se portan mal. Su origen, sin embargo, no es ningún cuento de niños.

Suenan las campanas. Las calles se vacían y las voces de los niños dejan de oírse. El trabajo queda sin terminar. Ha llegado la hora de otras obligaciones, controladas por unas vigilantes aterradoras. Si alguien no las cumpliera, ellas lo castigarían. O eso creen los niños en Chequia.

En realidad, cada país tiene sus propios recursos imaginarios para controlar a los jovencitos que se portan mal. Por ejemplo, en Argentina es el Hombre de la Bolsa, en Chile, el Viejo del Saco, la Llorona en México, Baba Yaga en Rusia o el Butzemann en Alemania.

En Chequia, estos amigos de los padres y enemigos de los niños son dos figuras femeninas: Polednice y Klekánice. Aparecen en momentos distintos del día y cada una tiene su manera de ejercer el control. Pero las dos representan el mismo mensaje: la obligación de abandonar lo que estés haciendo afuera y volver a tu casa.

Estas dos mujeres provienen del folclore checo, muy rico en leyendas, cuentos de hadas y figuras místicas, como duendes y ninfas. En realidad, todos estos personajes encierran en sus historias un fin educativo.

En la época en la que todavía no era posible tener un reloj en casa, la gente organizaba su día dependiendo de la posición del sol y de las campanas de la iglesia, que sonaban, en general, tres veces durante la jornada. Adicionalmente, cuando la gente escuchaba esos toques, que en checo se llaman klekání, debían arrodillarse y rezarle al Ángel del Señor. El primer toque de las campanas solía ocurrir por la mañana para despertar a la gente. El segundo a la hora del almuerzo y el último servía para señalar a la gente que ya se acercaba la hora de dormir. Los últimos dos obtuvieron ese detalle de magia del folclore checo.

El fantasma del mediodía

En general, se suele asociar a la medianoche con las historias de espíritus y fantasmas. Sin embargo, en la mitología eslava, durante el mediodía (“poledne” en checo) también se abre este portal entre el mundo de los vivos y los muertos. Esto se debe a que el mediodía se considera, según esta tradición, como un momento del día en el que se debería descansar y estar dentro de la casa. “Polednice” viene, precisamente, de esta la raíz “poledne”.

Estatua de Polednice | Foto: Kristýna Maková,  Radio Prague International

Polednice presenta distintos rasgos, dependiendo de la región, aunque habitualmente se la representa vestida con ropa blanca. Puede tratarse de una etérea dama blanca, de una anciana con el pelo enmarañado y con una pezuña en lugar del pie, o de una niña de unos 12 años que lleva una fusta. Durante los mediodías, deambula por los bosques y campos, vuela con el viento o va acompañada por la tormenta. Castiga a quienes no respetan el descanso del mediodía. Quien la vea mientras está trabajando, tiene que interrumpir lo que está haciendo inmediatamente y quedarse quieto o marcharse a casa. De lo contrario, el simple contacto con ese ser puede derribar a quien sea, provocarle fuertes dolores de cabeza, vértigo o, incluso, la muerte. Hoy, los adultos llamarían a Polednice “golpe de calor”, pero esta versión tiene mucho menos encanto.

También podía ocurrir que Polednice le empezara a hacer preguntas a su víctima. Por ejemplo, cómo se procesa el lino. En caso de equivocarse en la respuesta o tardar demasiado en encontrarla, la mujer le cortaría la cabeza con una hoz.

Karel Jaromír Erben | Foto: public domain

Para los niños, el trato es distinto: en caso de encontrarlos deambulando al mediodía, hace algo verdaderamente terrorífico: no solo se lleva a los niños, sino que los reemplaza por una versión falsa de ellos mismos, para que su familia y amigos nunca noten su ausencia. En el folclore checo, este traumatizante tropo se puede traducir como “niños cambiados” (en checo, vyměněné dítě u odštěpenec).

Pero no siempre se produce este reemplazo. En algunas ocasiones, aquellos niños que se quedan jugando en el campo, sin supervisión o se portan mal, son llanamente secuestrados por la mujer, que se los lleva a su mundo espectral.

La Polednice del poeta más famoso entre los checos

Uno de los libros más famosos checos contiene una historia sobre Polednice. Se trata de una colección de baladas de Karel Jaromír Erben, quien contribuyó a preservar la lengua e identidad checas durante los tiempos de Austria-Hungría, con una obra que compiló relatos antiguamente transmitidos de forma oral. En su versión, Erben le añadió a la figura de Polednice el poder de llevarse a los niños que se comportan mal dentro de la casa.

Karel Jaromír Erben: Kytice | Foto: editorial Jantar

Esta obra resulta interesante en varios aspectos. Uno de ellos es que todas las baladas se basan en el problema de alterar relaciones esenciales que “nunca deberían ser destruidas”. En este caso, en la época en la que se suponía que la madre era quien más debía amar a su hijo, ella misma llamaba a Polednice para que se llevara al niño, si no le hacía caso. Ningún acto como este queda sin castigo en las baladas de Erben.

“¡Acude, Bruja del Mediodía! ¡Ven a por él, por esta plaga!”

Y la puerta de la cocina, la abre alguien, cuidadosamente, con la llave.

El fantasma de la noche

Klekánice, por su parte, recibe su nombre de los toques de campanas. Se trata de una mujer encorvada y bastante mayor, con un vestido rasgado, cuyo aspecto no resulta precisamente agradable. Siempre está preparada para llevarse a cada niño que después del klekání se encuentre fuera de la casa. A veces lleva un saco para cargarlos a todos.

Sistema de seguridad del pasado

Dibujo de Klekánice,  de Mikoláš Aleš | Foto: public domain

Aunque a simple vista estos recursos de control parecen simples, el origen de Klekánice y Polednice se vincula a un contexto en el que existían otros peligros, para nada imaginarios, por lo que era muy importante que los niños tuvieran miedo de exponerse a estas amenazas. Después del anochecer, animales salvajes, delincuentes o simplemente la oscuridad y el frío eran elementos amenazantes, pero que los niños, en ocasiones, tenían dificultades en concebir en su imaginación. Por eso, era necesaria una figura que pudiera vivir siempre en ella.

En el caso de Polednice, en realidad esta figura representaba una advertencia sobre los peligros de realizar un gran esfuerzo físico en momentos de mucho calor. En cuanto a los niños, el miedo a este ser se suponía que los mantenía alejados de los campos sembrados, de modo que no se perdieran y lastimaran entre las espigas o, aun más importante, que no fueran heridos durante la cosecha.

Polednice y Klekánice también aparecían cuando ocurría una tragedia que no tenía explicación. Ante el sinsentido de la muerte, qué mejor solución que otra igualmente ilógica.

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