“Mi hijo ayer me dijo que no era español, que era checo”

Ana Isabel Clérisse, foto: Carlos Ferrer

Ana Isabel Clérisse llegó a Praga hace poco más de medio año con la voluntad de establecerse de una vez y empezar a echar raíces. De momento la capital checa no le ha defraudado. Encontró trabajo antes de llegar y sus hijos ya chapurrean el checo.

Ana Isabel Clérisse,  foto: Carlos Ferrer
Estar casado con un profesor del Instituto Cervantes tiene la ventaja, o desventaja, de ser arrastrado por medio mundo, viviendo aquí o allá dependiendo del destino del cónyuge. Esta vez, sin embargo, para Ana Clérisse la escala será, si no definitiva, al menos mucho más larga. Después de probar la dureza de Moscú, decidió aprovechar la oportunidad para como ella dice “volver a Europa” y empezar a echar raíces en un lugar culturalmente más próximo.

“Y la verdad es que nos entusiasmó mucho. Nos surgió la oportunidad y no nos habíamos documentado mucho de lo que era la vida aquí en la República Checa. Pero nos gustó bastante por la tradición cultural que tiene, porque está en el centro de Europa y siempre lo ha estado. A pesar de haber estado mucho tiempo en el Este sigue siendo muy europea. No de la Unión Europea o europeísta, me refiero a europea, en cuanto a cultura etc. Entonces era bastante interesante para nosotros. Y después es un país pequeñito, con lo cual tiene tamaño humano en el que uno puede moverse muy bien. Y también nos habían hablado muy bien de los checos y de que eran bastante abiertos y que se vivía muy bien aquí”.

Con dos niños pequeños, de 3 y 5 años, no es cuestión de esperar demasiado para establecerse. Ana espera que la República Checa sea un buen lugar para criar a sus hijos. De momento la integración está funcionando incluso demasiado bien.

Ana Isabel Clérisse,  foto: Carlos Ferrer
“Optamos por ponerlos en una guardería checa porque queríamos que se integraran bien. Estuvimos buscando alguna guardería bilingüe porque queríamos que se integraran bien, pero desafortunadamente no hay bilingüe checo-español, así que nos recomendaron esta guardería y estamos muy contentos. Había una profesora que hablaba un poco español y les ha ayudado al principio. Lo que es el vocabulario básico de guardería, llevan seis meses y ya lo llevan adquirido. De hecho mi hijo ayer me dijo que él no era español, que era checo”.

Ana Clérisse dice haber tenido experiencias irregulares en el trato dado por la Administración Pública o la Sanidad checas, pero eso sí, advierte que cuando uno dice que es español despierta enseguida sonrisas y simpatía.

A la buena acogida se suma el hecho de contar desde muy pronto con un empleo interesante en la República Checa. Economista de formación, Ana encontró rápidamente un puesto en la multinacional Amstrong, donde espera seguir creciendo.

“Un trabajo nuevo. He estado trabajando en Fujitsu y en otras empresas. Y ahora cuando llegué a Praga, buscando casa (porque lo que estaba es en Internet curioseando para ver dónde encontrábamos una casa) y encontré esa oferta de trabajo. Me pareció interesante, mandé el currículum y allí estoy. Estoy trabajando en el customer support office y entonces pues llevo ahora mismo la parte francesa de España, los grandes contratos que tenemos con Turquía, con Grecia, y ahí estamos, con perspectiva de que la oficina siga creciendo y que haya más posibilidades laborales, y mejores”.

Como suele suceder en las empresas multinacionales que operan en la República Checa, el ambiente de trabajo es una enriquecedora torre de Babel, como explica Ana.

“El idioma de la empresa es el inglés, pero luego según con el país con el que te relaciones pues así va el idioma, y sí hay gente que habla muchísimos idiomas. Aquí hay un melting pot increíble. Encuentras a gente de todos lados. Tenemos unas diez nacionalidades distintas. Con lo cual es muy interesante, porque siempre se aprende mucho”.

Pues que todo siga igual de bien, Ana, y que esas raíces que estás echando en la República Checa crezcan todo lo que tú quieras.

Autor: Carlos Ferrer
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