Macarena Castro, la cantante lírica argentina a la que Rusalka le cambió la vida

Actuando en Las vísperas sicilianas de Verdi

Formada en el Teatro Colón de Buenos Aires, la carrera profesional de Macarena Castro tuvo un antes y un después al cruzarse con la ópera Rusalka, lo cual la llevó a aprender checo, estudiar en la Universidad Carolina de Praga y, desde entonces, empezar a ser invitada a distintos escenarios europeos.

En el año 1988, cuando tenía tan solo diez años, la cantante argentina Macarena Castro tuvo una audición en el Teatro Colón de Buenos Aires para ingresar al coro de niños y, desde entonces, permaneció en esa prestigiosa institución hasta los veinticinco, aunque en el ínterin entró también al Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo para estudiar la carrera de canto lírico. Y aunque antes de soñar siquiera con Praga, había llegado a cantar en Roma y Barcelona, de pronto apareció una posibilidad en el horizonte que, aunque se veía casi imposible, ella empezó a desear cada vez con más fuerza.

“Cuando no estoy en República Checa siento que me falta una parte del cuerpo”.
Macarena Castro

“Me proponen unas becas que eran para descendientes de checos con alguna excepción, siempre y cuando hubiera una invitación de la comunidad checa en Buenos Aires y, solo en ese caso, si ningún descendiente checo reunía las condiciones para ganarla, recién después de eso yo podía presentar mi proyecto”.

Pero si esa remota posibilidad apareció en su camino fue porque antes tuvo lugar un momento clave en el que la música checa que, en su opinión es tan liviana y fluida como el agua, la conquistó para siempre. Y eso ocurrió cuando, antes de cumplir treinta años, Macarena Castro se encontraba en pleno proceso de elegir diferentes óperas y arias no tan conocidas con el objetivo de presentarse a distintas audiciones y concursos.

Con el tenor español Alfredo Kraus en el Teatro Colón de Buenos Aires | Foto: archivo personal de Macarena Castro

“De casualidad me encuentro con Rusalka, con el aria famosa de la luna, pero ocurre que yo no sabía para nada pronunciar checo. Entonces me comuniqué con la embajada checa en Argentina preguntando por clases. En principio solo para trabajar la pronunciación de Rusalka, y no para estudiar gramática o entender el idioma, porque el checo no es un idioma sino una forma de vivir y de pensar diferente. Así comencé las clases y de repente entendí que tenía otra necesidad que era más la de entender el idioma gracias a mi maestra Bedřiška Novotná, porque ella me exigió muchísimo y, gracias a ella, cuando llegué a la Universidad Carolina, me encontré con una exigencia conocida”.

Macarena Castro | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Asegura Macarena Castro que, en ese sentido, también la ayudó su larga experiencia en el Teatro Colón porque, según cuenta, cuando ella comenzó a estudiar aún había muchos profesores alemanes de canto que se caracterizaban por imponer una disciplina muy estricta. En términos generales, el sistema educativo argentino, en su opinión, suele poner más el foco en cómo se siente el estudiante durante el proceso de aprendizaje; mientras que la escuela alemana o checa se concentra exclusivamente en los objetivos, obligando a los estudiantes a dejar de lado todo lo demás. Lo cierto es que, cuando en 2009 y sin tener sangre checa, Macarena Castro logró ganar esa beca, ya estaba bastante bien preparada.

“Esa beca era básicamente de un semestre en la Universidad Carolina y yo debía elegir qué estudiar y, por supuesto, también tenía que estudiar checo. Yo cursé música, aunque también estudié un poco de filología española y tuve que presentar, además, todas las fotos de escenario del Teatro Colón, los programas con mi nombre, los permisos de examen del Colón, mi credencial del teatro, todo aquello que pudiera demostrar que yo era una alumna con cierto nivel”.

El carril izquierdo del metro

Madama Butterfly | Foto: archivo personal de Macarena Castro

El proyecto con el que obtuvo esa beca consistía en unir dos culturas bastante lejanas a través del lenguaje universal de la música en un momento en el que, en su opinión, una ópera tan emblemática como Rusalka aún no se conocía tanto en Argentina. Y aunque reconoce que el primer mes fue bastante duro, luego se fue adaptando perfectamente. En otras palabras, si al principio le parecía bastante extraña la costumbre de que, en las escaleras mecánicas del metro, hubiera que liberar el carril izquierdo para dejar pasar a aquellos que tuvieran prisa, luego no podía entender cómo no se implementaba esa modalidad también en Buenos Aires. Cuando pasaron los seis meses, Macarena Castro debió regresar a su país y si bien podía volver a pedir esa beca, tampoco la tenía garantizada. Al menos, claro, que consiguiera la preciada carta de recomendación de la propia Universidad Carolina.

“En síntesis, cada año fui consiguiendo la carta, pero para eso necesitaba sacarme diez en todos los exámenes, si no por qué irían a firmarla. Así que, prácticamente, yo no conocí Praga porque mi vida era ir de la universidad a la residencia y de la residencia a la universidad, y en la residencia había dos salas con piano y también un gimnasio, así que no podía poner excusas: yo tenía todo para estudiar ahí y no me quedaba nada de tiempo para ver ningún museo porque para llegar a ese nivel tenía que pasarme todo el tiempo estudiando. Y así viví”.

La embajadora lírica

Con la ventaja de que, años atrás, había hecho una carrera similar en Argentina, lo cierto es que, paso a paso y beca a beca, Macarena Castro logró terminar en Praga la carrera de música con especialización en canto. Y recuerda que cada vez que regresaba a Buenos Aires, las autoridades de la embajada y de la comunidad checa se ponían muy contentas al confirmar que habían enviado a alguien que realmente se había propuesto aprovechar su oportunidad. Ella asegura, a su vez, que siempre le agradecerá a República Checa y a la Universidad Carolina el hecho de que hoy se le abran las puertas en otras ciudades de Europa.

En camarines  | Foto: archivo personal de Macarena Castro

“Y ahora también me estoy abriendo a Viena donde tengo bastantes compromisos, pero siempre, y esto es lo que quiero destacar: cuando no estoy en República Checa, siento que me falta una parte del cuerpo, hay algo que falta, como si el país se te fuera metiendo en el cuerpo. Por ejemplo, en invierno cuando empieza a haber olor a vino caliente en el aire y empieza a caer la nieve, son cosas mínimas que quizás alguien que viene como turista no puede apreciar, pero si vivís acá ese olor a especias y la primera nevada y el pan checo que al principio es medio raro, después se vuelve parte de ti”.

“Por haber ganado esa beca por segunda vez, me invitaron y pude estar con el presidente de República Checa y darle la mano”.
Macarena Castro

Con su marido, que es guitarrista clásico, tienen un estudio de música en Buenos Aires donde realizan distintas grabaciones y también entrenan a quienes, como ella, deseen estudiar música en alguna universidad del extranjero. Pero ni siquiera cuando pasa largas temporadas en Argentina pierde contacto con Chequia. Entre otros motivos porque desde hace unos años suele ser la encargada de cantar el himno en algunos actos oficiales que tienen lugar en la embajada checa en Buenos Aires, algo que la llena de orgullo. Y como si eso fuera poco, agradece que su enorme esfuerzo le haya posibilitado vivir un momento muy especial que no solo no olvidará nunca, sino que además jamás imaginó que experimentaría.

“Venía Václav Klaus con la primera dama Livia Klausová a la Argentina en una situación no secreta, pero que de la que no estaban al tanto todos los medios, y también con senadores y diputados. Entonces hubo un evento privado en la embajada checa de Buenos Aires y por haber ganado esa beca por segunda vez me invitaron y pude estar con el presidente de República Checa y darle la mano”.

En Praga | Foto: archivo personal de Macarena Castro

Macarena Castro suele viajar a Chequia en diciembre para participar de distintos conciertos de Año Nuevo y, en cada uno de esos viajes, se hace tiempo para visitar a su querida casa de estudios. Por todo eso fue tan difícil para ella enterarse por los medios argentinos, y luego por las redes sociales, del terrible tiroteo del pasado mes de diciembre. Y a pesar de que no estuvo físicamente presente, asegura que aún no puede borrar de su cabeza las imágenes de lo sucedido. Tal es así que el gran motivo de esta semana de vacaciones en la que volvió a Praga después de muchos años fue reencontrarse con sus exprofesores y hoy actuales amigos.

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