“Los checos no comen insectos porque sufren de neofobia alimentaria”
Los insectos, además de nutritivos, bien preparados pueden ser deliciosos, sostiene Lenka Kouřimská, una experta en nutrición que quiere ayudar a combatir lo que ella denomina la neofobia alimentaria de la sociedad checa: el miedo irracional a probar cosas nuevas y desconocidas, lo que se traduce en un rechazo a comer insectos.
Bien cocinados y bien presentados, los insectos no son nada asquerosos. Y puede resultar hasta divertido comerlos. Esa es la arenga de la experta en nutrición de la Universidad Checa de Agricultura (Česká Zemědělská Univerzita v Praze), Lenka Kouřimská, que se ha puesto entre ceja y ceja educar concienzudamente a sus compatriotas para que dejen atrás fobias y trabas y se atrevan a comer insectos, como el resto del mundo.
En conversación con Radiožurnál, Lenka Kouřimská sostiene que la sociedad checa no ha podido ni querido todavía acostumbrarse a comer insectos porque los están comiendo mal. Y no solo eso, la misma idiosincrasia checa, temerosa de explorar cosas nuevas, implica que muchos compatriotas sufran de neofobia alimentaria, es decir, miedo a probar algo nuevo y desconocido, lo que se traduce en miedo a comer insectos.
“En cuanto al consumo de insectos, en nuestro contexto checo, se trata de una auténtica neofobia: el miedo a lo nuevo, a lo desconocido. Las costumbres culturales determinan si los insectos se consideran alimento o no. En nuestro país los insectos se asocian más con algo sucio. Si había suciedad en algún lugar, si había cucarachas y cosas así. A menudo, si alguien no tiene experiencia con insectos, primero dejamos que los calibre visualmente y luego quizás le animamos a probarlos, y su evaluación casi siempre será: No estaba tan mal como pensaba”.
Por eso es importante educar a los niños y enseñarles a comer insectos desde pequeños, porque la neofobia tiene relación con la educación, y qué mejor que demostrarles a los niños que los insectos pueden ser deliciosos. Y comerlos, hasta divertido, agrega Lenka Kouřimská.
“Y cuando a veces algunas escuelas nos visitan con niños y organizamos una degustación de insectos, al principio se muestran reacios y hacen bromas. Pero depende de la presentación y de quién lo pruebe primero, y si le gusta a esa persona, luego quizás los demás lo imiten y se lo coman todo”.
Lenka Kouřimská insiste en que bien preparados y bien presentados, es decir, en manos de un buen chef, los insectos pueden ser deliciosos y esa es la única manera en que se ganarán los paladares checos.
“Sinceramente, como todas las comidas, depende del modo de preparación y de la manera en que son sazonados. Yo principalmente he probado insectos comestibles como larvas de gusanos de la harina. Y cuando forman parte de un plato delicioso y están bien preparados, pueden saber muy bien y a mí me han gustado mucho. He probado, por ejemplo, hummus con larvas, pasta con larvas, un sándwich con larvas. Así que la clave siempre radica en cómo prepara la comida el chef”.
Pero hay otros insectos comestibles que no le han gustado nada, como por ejemplo las cigarras, por la textura, así que ella es la primera en decir que no todos los insectos comestibles son deliciosos.
Lenka Kouřimská agrega que hay alrededor de dos mil especies de insectos comestibles en el mundo, es decir, tenemos para elegir.
“En el mundo hay más de dos mil especies de insectos documentadas científicamente y descritas como comestibles, y su consumo más frecuente se da en Asia, en países como China, Tailandia. Luego en América Latina, con México, donde se comen saltamontes, por ejemplo. Y en África, en países como Congo, República Centroafricana, Botsuana y otros”.
Y es que los insectos hace rato que son más que una alternativa a los alimentos tradicionales, son una realidad y quizás la tabla de salvación de la humanidad. Y no es ridículo pensar que pronto los checos también se acostumbrarán a comerlos, sobre todo gracias al trabajo de personas como Lenka Kouřimská.
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