Las orillas de Praga: una guía para descubrir la ciudad que queda fuera del mapa
Tras recorrer los 22 distritos de Praga y dibujar sus rincones invisibles, Tomáš Staněk convierte su propio desvío vital en una guía de los bordes de una capital sorprendentemente verde y de escala ideal, un libro que invita a descubrir eso que muchos llaman “lejos” solo porque no aparece en las postales y nunca se animaron a explorar.
“Praga tiene un tamaño ideal y todo está, de alguna manera, bastante bien conectado”.
Tomáš Staněk
El tamaño sí importa, y es una de las virtudes que hacen de Praga una ciudad tan especial. En su Guía de la periferia de Praga (Periferní průvodce Prahou), el ilustrador Tomáš Staněk propone una mirada alternativa a la Praga no turística, llena de parques y reservas naturales en casi cada distrito, cementerios tan insólitos como el de mascotas o el de los internos de Bohnice, una cruz erigida a comienzos del siglo XVIII por la orden de los caballeros de Malta muy cerca del crematorio de Motol, muflones salvajes en las afueras del hospital de Krč y hasta el estadio más grande del mundo en superficie. Todo eso, junto con los lugares clásicos que los visitantes recorren en dos o tres días, cabe en una ciudad de escala ideal, tal como señala el propio Staněk en el prólogo.
“De las ciudades en las que he vivido alguna vez, o en las que estuve un tiempo un poco más largo, me de la sensación de que Praga tiene, precisamente, el tamaño ideal y donde está todo, de alguna manera, bastante bien conectado; el centro se puede recorrer de punta a punta con el metro en una hora y, al mismo tiempo, también se puede, atravesar en un día Praga de un extremo al otro. Y tengo la sensación de que es una ciudad rica, rica en muchos entornos diferentes, y donde realmente se puede encontrar de todo, incluso una gran cantidad de naturaleza, ya sea virgen o parcialmente complementada por el hombre como es el caso de Prokopské údolí, por ejemplo”.
El sentido de la periferia
Varios años atrás, el autor había recorrido los 22 distritos de Praga para autoeditar una serie de libritos con ilustraciones de sus rincones menos visibles. Y decidió retomar de un modo más profundo aquel proyecto durante una crisis personal. Así, desde ese borde tanto geográfico como emocional fue reuniendo nuevas imágenes y textos hasta que la editorial Labyrint decidió convertir ese mapa íntimo en un libro sobre la periferia de Praga, que además incluye dos ensayos temáticos: uno de Radan Haluzík, antropólogo especializado en periferias, y otro del artista urbano Epos 257.
“Bueno, yo en esto me limité exactamente a la frontera de Praga tal como está trazada porque me parece que funciona muy bien: esa frontera está bastante lejos del centro, es amplia, y por lo tanto, si uno va desde el centro, atraviesa todas las capas, desde el centro con tiendas, pasando por zonas residenciales, algo de infraestructura, zonas comerciales, zonas industriales, hasta llegar quizá a áreas agrícolas, donde hay campos o incluso un trozo real de naturaleza, una porción de bosque. Así que esa frontera la mantuve así. Pero, claro, también intenté trabajar la periferia… o más bien es algo que tengo ya como incorporado: que busco un lugar periférico prácticamente en cualquier sitio. Dicho mal y pronto, incluso aquí en esta cafetería me interesaría saber qué hay detrás de ese piano, ese sitio al que uno no ve, o por qué asoma ahí un cable pelado. Así que en ese sentido, incluso cuando estoy en el centro, siempre me pregunto: aquí hay una puerta, ¿no se podrá abrir?, ¿no habrá algo detrás…?
Inspirado en las caminatas que hacía con su novia desde el aeropuerto Václav Havel hasta distintos puntos de la ciudad, el autor reconoce que su libro también abreva en las ideas de los situacionistas, aquel movimiento artístico‑urbano que proponía deambular siguiendo reglas arbitrarias para descubrir lo inesperado. Al mismo tiempo, buscaba revelar el lado oculto de Praga, esa parte de la ciudad que no siempre se ve pero permanece latente.
“Esos lugares que están excluidos, que son invisibles. Hay una cita muy bonita sobre esto que dice que los lugares donde tenemos la sensación de que no hay nada, como el terreno vago, en realidad funcionan al revés: ahí hay un montón de cosas: es una multiplicidad de signos que no sabemos leer ni descifrar. Es decir, nos parece que solo hay un muro, pero en realidad ahí crecen muchísimas flores distintas, hay un montón de animales, materiales, rincones… pero como estamos acostumbrados a leer ‘casa, coche, calle, parada de autobús’, tenemos una forma concreta de leer el espacio, y en el terreno vago ese modo no funciona; hace falta aplicar otro. Y esto me parece algo que se puede buscar en cualquier sitio: aquí junto al museo, o en cualquier parte, en toda Praga”.
Apta para extranjeros
Tomáš pasó por la experiencia de vivir en algunos países extranjeros y, de hecho, cuenta que hasta hizo un Erasmus de seis meses en la ciudad española de Cuenca. Y si bien su guía está orientada al público local y se trata, de hecho, de una obra muy exitosa que tuvo excelentes ventas y reseñas elogiosas en medios locales, no descarta la idea de traducirla al español o al inglés porque considera que a muchos visitantes extranjeros les encantaría conocer esas zonas no tan céntricas de Praga, por ahora a salvo de la tan temida gentrificación.
“Así que probablemente por ese motivo les recomendaría leer mi libro. Me parece que Praga tiene realmente la ventaja de estar muy integrada en el paisaje, sobre todo en la orilla izquierda. Es un terreno muy montañoso, hay lugares donde no se pueden construir edificios porque las pendientes son demasiado pronunciadas, y por eso se conservan sitios como el valle de Prokop, pero también otros como Divoká Šárka. Así que lo que yo recomendaría a los oyentes sería algún lugar de ese tipo, que tiene un carácter muy de pueblo, porque la naturaleza no permite que Praga se convierta del todo en una ciudad, o el propio terreno no lo permite, solo deja que haya una edificación pequeña, casas donde alguien puede tener gallinas o un huerto. Así que realmente tiene un carácter muy rural, aunque esté a un paso del centro. Concretamente, yo viví un tiempo en Barrandov, así que el valle de Prokop o Hlubočepy, me parecen lugares preciosos para ir a ver porque están a un paso de Anděl, son como siete minutos en tranvía”.
“Ni siquiera el 10% del territorio de Praga está ocupado por edificios y la cantidad de zonas verdes que tenemos aquí es realmente única en el contexto de las grandes metrópolis”.
Tomáš Staněk
Sin dejar de tener en cuenta que los turistas extranjeros van a querer visitar los lugares más reconocibles de Praga —como el castillo o la Plaza de la Ciudad Vieja—, lo que propone Tomáš Staněk es combinar esos recorridos indispensables con sectores más alejados, como los barrios de bloques de vivienda y, en particular, el llamado Semmering de Praga: un histórico tramo ferroviario elevado entre Smíchov y Jinonice, famoso por sus viaductos y curvas panorámicas que evocan al Semmering alpino austríaco.
“Y justo quería entrar un poco en eso ahora: esa zona de Cibulka, Stodůlky, Praga‑Stodůlky, en realidad toda la línea del Semmering —Žvahov, Cibulka, Jinonice, Stodůlky— es, en mi opinión, un territorio enorme, pero que la gente no ve, porque pasa por la calle Plzeňská o en tren. Pero ahí hay una superficie enorme que se puede explorar y, otra vez, está a un paso del centro. Praga es una ciudad muy poco densa. Leí en algún sitio que ni siquiera el 10% del territorio de Praga está ocupado por edificios, lo cual es poquísimo. Y creo que es verdad, porque yo mismo lo comprobé. Así que me parece que la cantidad de zonas verdes que tenemos aquí es realmente única en el contexto de las grandes metrópolis. Hay verde casi en el mismo centro”.
Entrar a donde no se debe
Con un equilibrio muy logrado entre información y comentarios personales, se percibe también una gran armonía entre los textos dedicados a esos sitios de la periferia de Praga que no conviene perderse y sus ilustraciones. Como en una canción donde letra y melodía conviven sin fricciones, Staněk empezó por las imágenes y luego decidió escribir los textos, convencido de que debía explicar por qué había elegido cada lugar y qué encontraba de interesante en ellos. Además de conocer a fondo los rincones de la ciudad gracias a las interminables caminatas con su novia —que siempre coronaban con cerveza y queso frito—, Tomáš pasó muchos años haciendo grafitis, una experiencia que también le permitió entrar en contacto con Praga de un modo muy particular.
“Recuerdo algo bastante agradable que me ocurrió en la zona de Cibulka, en la antigua granja Šmukýřka. Es una vieja finca, con un jardín grande rodeado por un muro. Y yo me decía: “nunca he estado dentro de ese jardín”. Así que fuimos a buscar por dónde entrar, encontramos una puerta cerrada con candado, pero nos trepamos. Y escuchamos que alguien hablaba. Pensamos que se trataba de gente sin hogar, y sin querer molestar a nadie nos acercamos y vimos de repente a un tipo que estaba hablando por teléfono y nos dice: ‘¿qué hacen aquí?’. Y yo le digo: ‘nada, estamos de paseo’. Resultó ser el dueño de la finca que había heredado de algún antepasado suyo un terreno enorme alrededor de Cibulka, cientos de metros cuadrados, quizá kilómetros. Y nos contó que estaba intentando arreglar Šmukýřka y abrirla al público: limpiar el jardín, podar, ofrecer zonas para hacer parriladas. Así que fue bonito: el propietario nos terminó mostrando el lugar y contándonos sus planes. Eso es algo que me gusta mucho: muchas veces, cuando uno entra en un sitio donde ‘no debería estar’, acaba aprendiendo algo interesante. Y si uno se comporta bien, sin agresividad, si saluda, pide perdón y dice: ‘Mire, soy artista, me interesan estos lugares, es parte de un proyecto, pero no vengo a hacer daño’, entonces siento que se abren puertas para conocer gente, ya sea personas que viven allí y te cuentan cómo arreglárselas en medio de unos matorrales, o personas que, al contrario, poseen media Praga”.
La periferia como forma de vida
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Tomáš sostiene que su guía resulta especialmente valiosa para quienes, por desconocer ciertos barrios de Praga, los perciben como muy lejanos cuando en realidad están perfectamente conectados gracias al transporte público, y defiende que precisamente esos territorios poco transitados esconden hoy la parte más interesante de la ciudad. Si bien no puede decirse que sean exactamente periferia, Tomáš ha vivido en lugares no tan céntricos como Malvazinky, a cinco minutos de la casa de Karel Gott, Břevnov y Barrandov; por lo que las ideas que presenta en su guía son también, en algún punto, una muestra de su forma de vivir la vida.
“Por ejemplo, aquí en Vinohrady o en Letná no me gustaría mucho vivir: abrir la puerta de casa y tener tranvías, gente, amigos… Prefiero vivir siempre en un sitio que tenga un carácter un poco más de pueblo, ese tipo de lugar donde uno sale de casa, camina un poco y alrededor hay árboles, la gente pasea al perro, los coches pasan despacio. Es algo agradable, y para mí es importante tener cierta tranquilidad alrededor del sitio donde vivo. Por ejemplo, ahora que empieza el buen clima hacemos bastante a menudo que sacamos la parrilla a la calle, delante de casa. Allí está la rotonda de tranvías de Královka, una rotonda antigua donde los tranvías dan la vuelta. Y nosotros hacemos parrilladas allí mismo, en la rotonda; los tranvías pasan, los conductores nos saludan. Y eso es justo lo que quiero poder hacer delante de mi casa, algo que en un barrio más céntrico no sería posible, o , por lo menos, sería muy caótico”.
Tentado por el éxito en parte inesperado de su libro, dice Tomáš Staněk que le gustaria hacer una segunda parte de su guía, aunque para eso es consciente de que debería pasar unos cuantos años caminando nuevamente por Praga, buscando más rincones inexplorados. También menciona que alguien de la editorial le propuso, medio en serio, medio en chiste, realizar una guía periférica de toda Chequia. Él reconoce que el entusiasmo no le falta, aunque probablemente no le alcance el tiempo ya que sabe que para escribirla necesitaría al menos cien años para recorrer todo el país a su manera.
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