La mejor mermelada del mundo se produce en la República Checa

Foto: archivo de Blanka Milfaitová

La mermelada artesanal de Blanka Milfaitová es un sueño hecho realidad. Y es que sus mermeladas, producidas en un pequeño pueblo de las montañas Šumava, situadas al sur de Bohemia, le han hecho ganar tres premios: la mejor artesana de mermeladas, la medalla de oro 2013 en la competición mundial de mermeladas y la doble estrella de oro en el concurso de degustación. Ahora Milfaitová se encuentra en una expedición europea de mermeladas ofreciendo sus confituras por los 35 países europeos que visitará.

Blanka Milfaitová, foto: archivo de Blanka Milfaitová
Cuando Blanka Milfaitová transformó la casa de su familia en una pequeña cafetería cumplió el sueño que llevaba persiguiendo desde su infancia, es decir, el de abrir un local en el cual ofrecer a sus clientes productos propios del país en un ambiente hogareño. Sus cafés recién hechos y sus pasteles artesanales atrajeron tanto a la gente local como a los turistas y le dieron la idea de ampliar su pequeño negocio.

Milfaitová empezó ofreciendo mermelada artesanal a sus clientes y sus confituras tuvieron tanto éxito que emprendió una pequeña manufactura de mermeladas con tal sólo dos trabajadores, que elaboraban las confituras de la manera tradicional. Milfaitová asegura que el secreto de su éxito es muy sencillo.

“Lo esencial es usar productos de primera calidad y hacerlo todo a mano. No hay que tomar atajos durante el proceso. Se limpia y se corta la fruta a mano y se cocina sin la ayuda de ninguna máquina. Yo uso una tabla para cortar, un cuchillo y una cuchara. Ningún tipo de tecnología para hacerlo más fácil. El proceso es lento pero vale la pena. Y por supuesto se trata de una tarea hecha con amor que deja claro cuando la haces con alegría”, dijo Milfaitová.

Foto: archivo de Blanka Milfaitová
La rápida demanda de sus clientes y su propia imaginación para crear nuevas recetas, le hizo ir más lejos. Así pues, empezó a comprar cítricos italianos provenientes de plantaciones de Calabria, Amalfi y Sicilia, en las cuales ella misma se encargaba de elegir y recoger los productos que quería. Eso explica el hecho que su mermelada de limón haya sido ganadora del oro doble en el festival mundial de mermeladas celebrado en Dalemain y que fuese una de las mermeladas seleccionadas para ser vendidas en los grandes almacenes ingleses “Fortnum and Mason“. El hecho de que sus mermeladas obtengan un reconocimiento internacional deja a Milfaitová impasible.

“Está claro que ganar medallas es agradable y es importante para el negocio, pero no es el factor más importante para mí. Lo que realmente vale la pena es cuando la gente prueba mi mermelada, dice que está deliciosa y compra varios frascos. O cuando me escriben diciéndome que les han regalado mi mermelada y que se la han terminado de comer justo después de probarla. Esto es lo que realmente me satisface”.

A pesar de haber recibido numerosas ofertas para expandir su negocio y hacer fortuna, Blanka ha decidido mantener su pequeña manufactura porque asegura que si llevase sus mermeladas a distintos negocios, le quitaría la alegría que siente por su trabajo.

Foto: archivo de Blanka Milfaitová
A principios de este año, Milfaitová, su novio y su hija de ocho meses se embarcaron en un viaje que durará un año y en cual visitará 35 países europeos.

“Mi novio y yo tuvimos la idea cuando estuvimos en Provenza para obtener lavanda y la gente local nos ofreció melocotón. Pensamos que era una lástima no tener fuego y una olla para cocinarles mermelada. Y de repente se nos ocurrió que sería muy divertido viajar alrededor de Europa cocinando mermelada para la gente local y usando los productos propios de cada estado”.

Milfaitová acabará su viaje en noviembre y ya está trabajando en un libro donde narrará sus experiencias por Europa tanto para compartir sus recetas como sus experiencias.