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9) La madurez de los cómics checos

Zdroj: archiv ČRo - Radio Prague International
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Aunque quizás no sean tan conocidos en el mundo, los cómics checos tienen una gran tradición y, en la actualidad, están viviendo quizás su etapa dorada. Stanislav Škoda, director del Centro Checo de Madrid, destaca sobre todo las aventuras de Jaroslav Foglar, las obras de Kája Saudek y los cómics contemporáneos que exploran grandes temas de la historia y la cultura del país con notable sentido estético.

Fuente: archivo RPI
Fuente: archivo de ČRo

A pesar de que no se la suele asociar tanto con los cómics, la República Checa cuenta con una importante tradición en historietas que moldearon la educación sentimental de varias generaciones.

Una de las revistas más conocidas es, por ejemplo, Čtyřlístek. Dirigida para niños entre cinco y once años, fue una publicación muy importante que contaba con el trabajo de ilustradores prestigiosos como Adolf Born y Jaroslav Němeček. Stanislav Škoda, director del Centro Checo de Madrid, cuenta que esa revista tuvo un nivel de trascendencia similar a las obras de Jaroslav Foglar.

“La leyenda entre los escritores de cómics era Jaroslav Foglar que nació en 1909, era uno de los promotores del movimiento scout en Chequia. Y él, con el objetivo principal de promocionar el movimiento scout, publicó una serie de cómics que se llaman Las Flechas Rápidas, que se convirtió en una obra de culto y fue legendaria para la generación de los años 60 y 70, era una cosa muy excepcional porque todavía se producían en Checoslovaquia muchos libros para la juventud con fines educativos y de corte soviético, y los jóvenes por supuesto los detestaban, mientras que las historias de Las Flechas Rápidas de Foglar estaban situadas todavía en el ambiente mágico de la primera República”.

Stanislav Škoda, foto: Dominika Bernáthová

Si bien los niños de esas historias no eran precisamente scouts, se parecían bastante. Sus aventuras se desarrollaban siempre en el casco histórico de las ciudades checas, no había nada del “Hombre Nuevo”, que era el concepto comunista soviético y que los jóvenes en Checoslovaquia detestaban. Ellos eran chicos con morral que buscaban siempre proteger a los débiles y ayudar a la gente mayor.

Hasta ese momento, asegura Škoda, Las Flechas Rápidas era lo mejor que los jóvenes podían encontrar. Cabe destacar que el movimiento scout estuvo prohibido durante la época comunista aunque hubo algunos grupos que mantuvieron sus actividades en forma clandestina. Las obras de Foglar eran, por lo tanto, muy difíciles de conseguir en los años setenta e incluso también en la década del ochenta, aunque a veces podían encontrarse en las tiendas de libros usados y circulaban de mano en mano.

"La serie de cómics Las Flechas Rápidas de Foglar se convirtió en una obra de culto y fue legendaria para la generación de los años 60 y 70, era algo excepcional"

Cuenta Škoda que a Foglar no lo prohibieron del todo pero tampoco lo reeditaban las editoriales estatales.

Recién a mediados de la década del 80 empiezan a llegar los cómics de Estados Unidos, y el estilo de uno de los más importantes historietistas checos es un claro ejemplo de esa fuerte influencia.

“Kája Saudek tiene un estilo muy especial, muy particular y sus inspiraciones son, por supuesto, los cómics estadounidenses con superhéroes y mujeres guapas. Pero Saudek les da una forma muy especial, algo exagerada, y los sitúa en un ambiente comunista en los años ochenta y aparecen en Moscú, en Checoslovaquia, con un estilo interesante, particular, y esto era lo que más me gustaba cuando crecí en los años ochenta: Kája Saudek era mi héroe”.

Las Flechas Rápidas de Foglar, fuente:  Rychlé šípy, Jaroslav Foglar, Jan Fischer, 1938

Explica Škoda que, al igual que sucedía con Foglar, sus obras tampoco se conseguían fácilmente. Su libro más conocido es Lips Tullian, que tiene como protagonistas a una serie de vengadores y luchadores mosqueteros. Aún hoy, las obras de Saudek cuentan con una excelente fama en el país.

Por otra parte, a Škoda le llama la atención que durante la década del 90 casi no aparecieron nuevos cómics ya que el género recién volvió a surgir con el nuevo milenio. Y asegura que una de las obras fundamentales del cómic contemporáneo es la trilogía Alois Nebel que nació cuando el joven escritor Jaroslav Rudiš y su amigo Jaromír Švejdík, que no eran de Praga, pasaban las noches en un bar de la capital checa pensando qué hacer en esa ciudad.

“Y entonces empezaron con la historia de Alois Nebel, un empleado de ferrocarriles ya que ellos eran muy aficionados a los ferrocarriles checos, que tienen una tradición muy larga en el país porque empezaron a construirlos en la época austrohúngara y tenemos la red más densa de toda Europa. Mucha gente incluso colecciona cosas relacionadas con ferrocarriles, y había cierta nostalgia porque el mundo antiguo de los ferrocarriles empezaba a desaparecer en los años 2000 porque algunos estaban cerrando y otros empezaban a cambiar vagones y locomotoras”.

Kája Saudek, Arnal

Como ese universo estaba en vías de extinción, la gente quería conservarlo. Por eso se les ocurrió escribir sobre el empleado de una remota estación de trenes en las montañas de Moravia que, mientras realiza su trabajo, tiene sueños en los que ve distintas formaciones de la Segunda Guerra Mundial transportando judíos, y también los vagones soviéticos que iban de Chequia a Siberia.

“Nebel” significa en alemán “niebla” y mientras Nebel revela la historia de su familia repasa, al mismo tiempo, la historia de esa región checa.

Jaromír Švejdík hizo además la adaptación al cómic de El castillo de Franz Kafka y la biografía del atleta checoslovaco Emil Zátopek, ambas disponibles en castellano. Y adelanta Škoda que Alois Nebel se va a publicar pronto en español.

Otro libro en el que participa este historietista y que pronto va a ser publicado en castellano es la vida de los Mašín, la historia de dos hermanos cuyo padre fue ejecutado durante el nazismo porque formaba parte de la resistencia checa contra los alemanes. Sus hijos crecieron con su madre y, cuando los comunistas llegaron al poder, estos chicos, siguiendo el ejemplo de su padre, empezaron a preparar su propia resistencia contra el comunismo estalinista.

Zátopek, foto: Miroslav Krupička

“Entonces ellos robaban armas en las estaciones de la policía, mataron a un policía checoslovaco y luego estaban obligados a escapar de Checoslovaquia porque los estaban buscando por todas partes, tenían solo 20 años y una pequeña célula de amigos. Entonces escaparon a la República Democrática Alemana, donde el ejército alemán y el soviético organizaron maniobras con el objetivo de capturarlos y ellos al principio eran seis: tres de ellos fueron capturados y los otros tres lograron llegar a Berlín occidental y después a Estados Unidos, los dos hermanos Mašín y otro chico que se llamaba Paumer”.

Lo cierto es que lograron escapar de una manera milagrosa porque tampoco tenían demasiada formación militar, y uno de los hermanos aún vive en Estados Unidos. El escritor Jan Novák, hijo de inmigrantes checoslovacos en Estados Unidos, creció en Chicago pero regresó a Chequia luego del cambio político. Ahí escribió la biografía de estos hermanos. La novela, de ochocientas páginas, fue un éxito en República Checa, aunque los hermanos también tienen algunos detractores por la forma en que llevaron a cabo su resistencia. Novák los conoció personalmente y se pasaba horas hablando con ellos. El cómic, que salió hace apenas dos años, está basado en esa novela que se llama Zatím dobrý (algo así como “Bien por el momento”) y el mismo autor escribió el guion de la historieta.

Otro hecho real que pasó al cómic es el que se cuenta en Santa Bárbara, un caso criminal que estremeció al país, protagonizado por una secta de Moravia que abusaba de menores.

“Y ese cómic lo sigue perfectamente paso a paso, y a mí me gusta mucho cómo está hecho artísticamente, cómo está dibujado, me encanta. Es súper moderno, súper fresco y la historia está basada en hechos reales que todo el mundo seguía porque era algo absolutamente raro: una secta que torturaba a los niños, una mujer que tenía 35 años y se hacía pasar por un niño de 11, cosas súper raras”.

"En los años 90 los cómics eran considerados algo para niños pero, a partir del año 2000, la gente los empieza a tomar más en serio y a verlos como un género de valor".

Škoda asegura que además de contar muy bien ese caso policial, que terminó con la prisión de los responsables, tanto el cómic como su guion son muy modernos y contemporáneos, y está a la altura de lo que se viene produciendo en países como Francia o Bélgica.

Justamente lo que explica Škoda es que la historieta checa experimentó un enorme crecimiento en los últimos veinte años gracias a una generación que, además de tomarse mucho más en serio el género, conocía de primera mano los cómics más importantes del mundo y adoptaron algunas de esas ideas para expresar temáticas propias.

“Bueno, puede ser por el cambio generacional y también porque este género artístico de cultura pop empezó a ser tomado más en serio. En los años 90 se lo consideraba algo para niños pero, a partir del año 2000, la gente lo toma más en serio y lo considera un género de valor. Esa generación que empezó a tomarlo más en serio comenzó a viajar más y vio que en Bélgica especialmente salían muchos cómics artísticos para adultos y cuando volvieron a Chequia empezaron a buscar algo propio que también se pudiera convertir en cómic”.

Ese es uno de los motivos que encuentra Stanislav Škoda para explicar lo que, según algunos, es la actual edad dorada del cómic checo, un período sobresaliente en el que la historieta resulta tan importante como el cine o las series de televisión a la hora de abordar temas fundamentales de la historia y la cultura nacional.