Kokořín: la larga historia de ruina y gloria de un pequeño castillo

Foto: Jan Sovka / Creative Commons 3.0 Unported

Caminando hacia el castillo de Kokořín, uno se da cuenta de por qué ha permanecido inexpugnable durante más de seiscientos años. Situado en lo alto de una colina escarpada y pedregosa, la fortificación parece más bien una prolongación de la piedra. La torre de Kokořín, quizás la parte más distintiva del castillo, sigue vigilando imperturbable la comarca después de una larga historia en la que se alternan el esplendor y la ruina.

A pesar de tratarse de uno de los castillos más pequeños de la República Checa, Kokořín tuvo al principio de su historia una importancia capital para todo el señorío de Kokořínsko. Su primer propietario, Hynek Berka de Dubá, lo hizo construir en el siglo XIV para proteger la ruta comercial que une la ciudad de Žitava con Praga. Su objetivo, por tanto, no era el de albergar un gran contingente de soldados, sino el de servir como torre de vigilancia fortificada.

Castillo de Kokořín, foto: Jan Sovka / Creative Commons 3.0 Unported
El primer y último episodio militar que vivió el castillo de Kokořín fue el asedio sufrido por el ejército husita durante las guerras de religión que azotaron el reino de Bohemia durante el siglo XV.

Kokořín demostró en aquel momento que se trataba de un adversario duro de pelar, como nos cuenta la guía del castillo, Božena Nová.

“En el año 1427, cuando aquí gobernaba el señor Aleš Stopek, intentaron tomar el castillo los husitas, porque Stopek era católico. Consiguieron tirar abajo el castillo, pero no lo conquistaron. El castillo de Kokořín nunca en su historia ha sido conquistado”.

Además de por su posición, el castillo de Kokořín es imbatible gracias a su torre, que fue edificada a conciencia, como nos cuenta la señora Nová.

“La torre tiene 38 metros de altura y nueve metros de diámetro, y es interesante por tener las paredes exteriores de tres metros y medio de grosor y las interiores de dos metros y medio. Se hizo así para que la torre fuera prácticamente inexpugnable, ya que tenía que albergar a los defensores del castillo en caso de que el enemigo tomara el resto de la fortificación. Y la cúpula de la torre no es el habitual tejado de madera, sino que está construido enteramente de piedra, para que el enemigo no le pueda prender fuego”.

Castillo de Kokořín, foto: Jitka Měřinská
Pero para continuar con las crónicas de Kokořín tenemos que entrar dentro del castillo, y subir las escaleras hasta la segunda planta.

Allí, unos frescos del pintor checo Julios Fischer nos recuerdan el siguiente capítulo de la historia. Se trata de la batalla legal que enfrentó a las familias Dětrich y Chlumec en el siglo XV por la posesión del importante enclave de Kokořín, y que el pintor plasmó simbólicamente mediante dos caballeros que se enfrentan en un torneo con la imagen del castillo entre ellos.

Curiosamente, lo que las armas nunca consiguieron se hizo por la vía legal. Después de que Chlumec se hiciera con Kokořín, el castillo pasó de unas manos a otras, cada vez con menos interés y por menos dinero. En el siglo XVI su entonces propietario Hynek Beřkovský decidió construir una fortaleza en el pueblo y trasladar allí su residencia. Kokořín era pequeño, incómodo y poco accesible. Los tiempos de gloria del castillo habían pasado. Lo que antes había sido un importante enclave militar ahora era más que nada, una molestia. La fortificación fue abandonada y con ello comenzaron los años de ruina y decadencia de Kokořín.

Durante más de trescientos años, Kokořín fue una ruina que se alzaba en lo alto de una peña casi inaccesible, casi oculta por la vegetación y origen de numerosas leyendas.

Castillo de Kokořín, foto: CzechTourism
Se cuenta, por ejemplo, que las ruinas de Kokořín sirvieron de hogar a un cazador que vivía de manera salvaje en los bosques, vestido con pieles de animales. Se decía que cada noche le esperaba en el castillo una misteriosa figura blanca, que iluminaba la torre con velas para que el cazador pudiera orientarse y llegar hasta las ruinas.

También se cuenta la historia de Petrovský, un bandido que tenía su base en el castillo de Kokořín. Un día Petrovský tuvo serios problemas con un molinero de la zona, y en venganza, Petrovský y sus hombres secuestraron a su hija y se la llevaron al castillo.

La chica consiguió escapar, y al huir se llevó consigo una bolsa de guisantes, de arvejas. Por el camino de vuelta fue dejando caer los guisantes, de manera que después su padre pudo seguir el rastro y encontrar el escondrijo de los bandidos. Así, finalmente, el molinero y sus amigos dieron muerte a la banda de Petrovský.

Otra fuente de leyendas es el pozo del castillo, que tiene más de 70 metros de profundidad. Durante su restauración, los arqueólogos encontraron en el fondo dos esqueletos de diferentes épocas, uno de ellos perteneciente a una mujer agarrada a una bolsa llena de monedas.

Según la señora Nová, todo apunta a que existe una vía secreta que conecta el pozo con el pueblo de Kokořínský Důl.

Castillo de Kokořín
“Según la leyenda, una vez arrojaron al pozo un pato salvaje marcado para poder identificarlo más tarde. Y dos días después el mismo pato apareció en la balsa de Kokořínský Důl, que desde entonces se llama la balsa del pato. Así que está conectado de algún modo con el pueblo”.

Si Kokořín se salvó de la ruina fue gracias a la familia Špaček. El matrimonio formado por Václav y Růžena Špaček, aunque era de origen burgués había conseguido un título de nobleza por sus servicios al emperador. Con la compra del señorío de Kokořínsko en el siglo XIX, los Špaček pudieron cumplir su sueño de convertirse en el prototipo de nobleza que vivía en un castillo y regía la vida de la comarca.

“Precisamente en el año 1895 compró el castillo de Kokořín el matrimonio Špaček. Adquirieron el castillo, el palacio, el municipio, bosques, campos… En 1903 restauraron el palacio e hicieron construir una escuela que luego donaron al ayuntamiento. Y en 1911, después de unas investigaciones arqueológicas, comenzó la reconstrucción del castillo, que duró siete años y que terminó el señor Jan Špaček, el hijo de Václav Špaček. Así que de todo lo que ven, aquí no había nada. Solo cuatro paredes vacías.”

Para la reconstrucción del castillo, los Špaček contaron con la ayuda de arqueólogos, historiadores y sobre todo con el arquitecto Eduard Sochor, que restauró Kokořín según el estilo neogótico, respetando en parte el trazado original pero dándole un aspecto interior más apropiado para ser habitado.

El objetivo de los Špaček era convertir el castillo en una zona de ocio, con pistas de tenis y otras instalaciones de tiempo libre. Sin embargo, con la llegada de los comunistas al poder en 1948, todas las posesiones de la familia fueron confiscadas, incluyendo el castillo.

Castillo de Kokořín
Otra vez, como ha venido siendo habitual en la historia de Kokořín, la fortaleza no fue tomada en el campo de batalla, sino en los despachos. Y precisamente por la vía legal fue como los Špaček recuperaron sus posesiones. En 2006, tras 16 años de proceso judicial, el castillo volvió a sus legitimos dueños.

Uno de los actuales propietarios, Jamil Špaček, nos cuenta los proyectos que tiene previstos para los próximos años.

“En el futuro queremos reconstruir la capilla. Será restaurada para el aniversario del castillo, porque ahora allí no hay nada. Estaba el panteón de la familia, pero durante la época en que no fuimos propietarios se utilizaba de almacén, y en general para cualquier cosa. Fue también capilla nupcial. Y al mismo tiempo, como tenemos problemas con el agua, también se reconstruirán las instalaciones sanitarias, los servicios y todo eso”.

Después de tres siglos de decadencia, vuelve los buenos tiempos para Kokořín. A lo largo de su historia, se han sucedido periodos de mayor o menor fortuna, y la torre de Kokořín jamás se ha derrumbado. Y eso, el visitante de alguna manera lo nota. Cuando nos marchamos de Kokořín y volvemos la vista atrás, sentimos que, con toda seguridad, esta pequeña fortaleza medio escondida en la montaña seguirá resistiendo en pie mucho tiempo más.

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Autor: Carlos Ferrer
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