Inka Zemánková

r_2100x1400_radio_praha.png

Esta vez les hablaremos de la cantante Inka Zemánková, estrella de la música swing que resplandeció en el firmamento de la música pop checa.

Sólo por medio del legado donado al Museo de Música Pop, el público pudo enterarse de que el pasado 23 de mayo falleció la cantante Inka Zemánková, ídolo de los adeptos del swing de los años 30 y 40. En 1939 grabó con la orquesta de Karel Vlach el tema "A mí me gusta cantar los ritmos cálidos" que se convirtió en una canción de culto. La cantante había actuado con anterioridad en la ciudad morava de Zlín donde cantara en la orquesta de Bob Bryen, en traje marinero, siguiendo el ejemplo de los show fílmicos de Ginger Rogers. Con la orquesta de Karel Vlach grabó varios éxitos, destacando entre ellos "Soy una muchacha nacida para el ritmo".

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Inka Zemánková se preparaba para intepretar el papel protagónico de una película musical al ritmo del swing, proyecto en el que tomaba parte también Milos Havel, tío del actual presidente checo, Václav Havel.La película no pudo realizarse ya que los estudios de Barrandov con sede en Praga, fueron ocupados por los nazis.La cantante Inka Zemánková pudo brillar, sin embargo, en la película "El hotel Estrella Azul", donde interpretó el inmortal tema "Girasol".

Hasta 1948 la artista actuó con célebres orquestas praguenses. No obstante, al llegar al poder el régimen comunista, sus funcionarios declararon la guerra a las supuestas manifestaciones del arte occidental burgués. Un funcionario informó a Inka Zemánková que "La muchacha nacida para el ritmo" no volvería jamás al estrado. Dijo textualmente que castañetear los dedos y menear las caderas en el escenario eran modales occidentales y que Inka Zemánková era una cantante con maneras condenables.

En los años 50 la artista cantaba sólo los domingos en la iglesia frente a la cual estacionaba su tractor, ya que por entonces trabajaba en una estación de máquinas y tractores en Bohemia del Norte.

Posteriormente Inka Zemánková logró sortear la maraña de las prohibiciones y grabar en Polonia, en Berlín y en Suiza, pero en su país ya no pudo dar continuidad a su estelar carrera musical de los años 30 y 40. La cantante, que se esforzaba por mantenerse en forma, practicaba deportes y hasta escalaba rocas de piedra arenisca. Seguía estudiando el canto con buenos profesores y desde el punto de vista técnico, en los años 70 cantaba mejor que en la década de los 40. Sin embargo, como recuerdo viviente de la era swing ya no tenía posibilidades de actuar y ya no logró cambiar de estilo ni de repertorio.

Al ser interrogada acerca de su edad, Inka Zemánková solía responder que cada uno era tan viejo como se sentía. Su carné de identidad refleja el año 1925 como el de su nacimiento, pero este dato, al parecer, no es verídico. La fecha exacta no la podrán revelar ni los materiales de los que dispone ahora el Museo de la Música Pop. Inka Zemánková se llevó su secreto a la tumba, pero sus grabaciones seguirán siendo evergreens que jamás envejecerán.