“Es difícil dejar de ser argentino”

John Dupuy, foto: Daniel Ordóñez

John Dupuy, a pesar de lo que se pueda pensar por su nombre, es un argentino que pasó parte de su vida en Praga. Se introdujo en el mundo de los anticuarios y le fascinó el arte checo del siglo XX, que terminó dando a conocer por otras partes del mundo.

John Dupuy, foto: Daniel Ordóñez
Ya no vive en Praga, pero sí que es posible verlo periódicamente en alguna de las milongas de la ciudad escuchando tango, encontrándose con sus paisanos. John Dupuy, con el nombre que recibió de sus padres (un matrimonio francés que emigró a Buenos Aires) y el ligero acento italiano que le ha dejado su residencia en la ciudad suiza de Lugano, se aferra así a sus orígenes. En Argentina, sin embargo, no vive desde hace varias décadas, pero cómo él dice: “Es difícil dejar de ser argentino”.

El destino también le trajo, de la mano de su mujer, por un buen periodo de tiempo a Praga, como recuerda John Dupuy, en una época de cambios y de oportunidades.

“Vinimos y después se me ocurrió que podía ver como funcionaba el negocio de la librería-anticuario. Abrí un negocio en el 95 y lo cerré en el 2007. Y funcionó muy bien al principio. Tuve unos años muy interesantes. Se encontraba de todo, se descubrían constantemente cosas nuevas. Y conocí muchísimo de la cultura checa, y en particular modo, de las artes y de los artistas plásticos”.

John Dupuy sintió fascinación por el mundo en el que acababa de entrar, especialmente en el de la fotografía. Entabló contacto directo con algunos fotógrafos que habían marcado época en Checoslovaquia, lo que facilitó muchas de las iniciativas de Dupuy que llevaron las obras de éstos a otros países, como continúa recordando.

“Organicé muchas exposiciones de fotógrafos checos en Suiza. Hice conocer a varios fotógrafos que aquí eran muy conocidos, pero en Suiza no conocía nadie. Y con mucho éxito. Por ejemplo, Zdeněk Tmej, personaje muy interesante, que conocí personalmente, Václav Chochola, que también conocí, Eva Fuková, y también a Jan Lukas, pero a él no lo conocí, fue a través de su familia que organizamos las muestras en Suiza”.

La lista de fotógrafos habla sobre todo del periodo que John Dupuy destaca de la historia del arte checo del siglo XX: las vanguardias. A esa etapa Dupuy se dedicó con pasión. Su colaboración con instituciones y particulares de otros países, sirvió de puente para que llegaran sus obras a muchos lugares del mundo. Para Dupuy era un material del más alto nivel.

“Se podían equiparar al mismo nivel de las francesas, alemanas, etc. Aquí había mucho movimiento, mucha creatividad. Parte de ese material lo difundí a través de relaciones que tenía con gente de fuera, de Japón, EE.UU., Alemania, Francia, España, colaboré incluso con el Instituto Valenciano”.

¿Cuáles son las particularidades del vanguardismo checo? Dupuy hace un rapidísimo repaso a la escena artística del país en entreguerras, señalando las características que considera más importantes.

“El hecho de ser un país muy pequeño, con relativamente poca gente personas en la escena de la vanguardia, y la capacidad, la potencia de la creatividad de los artistas checos. El surrealismo checo es muy comparable al surrealismo francés o el español. Está a un nivel muy parejo. Artistas como Jindřich Štyrský, Toyen, Tichý, sobre todo Karel Teige, un personaje, entre los coleccionistas y los museos muy conocido, porque fue el mentor de la vanguardia, como lo que fue André Breton, para Francia”.

Aunque según dice Dupuy, Praga no es lo que era, él sigue viniendo regularmente a la capital checa. Todavía le queda material acumulado que no ha terminado de organizar después de cerrar su tienda. Quizá podamos algún día pedirle que nos deje acompañarle para que nos vuelva a llevar a ese periodo de grandes fotógrafos y arte vanguardista.