El urinario para perros: un invento checo que conquista el mundo

El urinario para perros

Una revolución en la limpieza de los espacios públicos se está produciendo con el primer urinario canino, que han inventado en Chequia. Brno, Praga, Varsovia, Budapest o, incluso, Calgary son algunas de las ciudades que ya están usándolo.

Los checos confirmaron una vez más su fama de apasionados por el bricolaje tras desarrollar los primeros urinarios para perros. El invento, procedente de la ciudad de Brno, obtuvo la patente europea y hasta los perros de Canadá pueden aprovecharlo ya.

La historia comenzó hace diez años en la capital morava cuando un grupo de personas salió a pasear con sus mascotas y se quedó escandalizado con las fachadas sucias y con el mal olor por todas partes. Reflexionaron sobre el hecho de que los amos de los perros estaban acostumbrados a recoger sus excrementos, no obstante, no existía ninguna solución higiénica para la orina. Hasta que uno de ellos, František Tomeček, inventó el prototipo del urinario para perros. Más detalles sobre el invento expuso en entrevista para Radio Praga Internacional la diseñadora y colaboradora de Tomeček, Šárka Fialová.

Šárka Fialová | Foto: DOG Production s.r.o.

“František llegó y dijo: ¡Mira lo que inventé! Es un poste con agujeros. Si un perro orina ahí, parte del pis se queda dentro y deja un rastro de olor. A los perros les gustará, en primer lugar, porque es un poste y, en segundo lugar, porque la marca de olor permanecerá ahí y no desaparecerá con la lluvia o el viento”.

El prototipo de Tomeček, en realidad, era un palo hueco con agujeros por el que sus amigos se burlaban de él. La diseñadora Fialová, sin embargo, confió en la idea y hoy en día la pareja de inventores puede presentar dos variantes del producto, uno para uso doméstico y otro para espacios públicos que ya se vende por la República Checa, Polonia, Hungría o Canadá.

“Un tipo de urinarios está diseñado para uso privado y se puede usar en jardines, por ejemplo, ahí donde los dueños tienen a su perro suelto, orinando en los árboles y dañando las plantas. Es un poste de madera con agujeros que se clava en el suelo, y cuando el perro orina en él, parte del pis entra en los agujeros y se queda dentro, así que después el perro puede olerlo, le gusta, y tiene una razón para volver a orinar ahí día tras día”.

El segundo tipo de urinario canino está fabricado de hormigón y se puede colocar solo en el espacio público o servir, por ejemplo, como soporte de papeleras o farolas en la calle. Igual que el primer tipo, contiene agujeros que ayudan a contener el olor de la orina y, así, atrae a los perros, prosigue Fialová.

“A los perros les gusta la forma del urinario, pero también les gusta el olor. Aunque vengan al urinario tres o cinco veces al día, siempre tienen una razón para volver a orinar en él, porque pueden oler la orina de otros perros y la quieren volver a cubrir con la suya. Así, el perro siempre orina en un lugar definido”.

De acuerdo con los inventores, una vez que un perro huele el urinario usado previamente por otros perros, corre a orinar en el mismo lugar y el sistema funciona solo. El mayor desafío, sin embargo, lo representan los urinarios nuevos que no desprenden olor. En esta situación corre en ayuda Lumík, el Jack Russell terrier del propio František Tomeček, con experiencia probada ya en varias ciudades checas como guía para enseñar a los demás perros cómo se utiliza un urinario canino.

Autores: Anna Fodor , Martina Kutková
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