El sector minero vive un invierno convulso

Foto ilustrativa: Filip Jandourek

El sector de la minería vive tiempos difíciles, con un Gobierno a favor de limitar la actividad y unos trabajadores que están en pie de guerra. Y en medio de todos ellos, Jan Mládek, el ministro de Industria, a quien propios y extraños no terminan de ver con buenos ojos a pesar de la colosal tarea a la que se enfrenta.

Foto: Filip Jandourek
El origen del conflicto viene de lejos. En 1991 se establecieron unos límites a la minería que ahora el ministro de Industria pretende relegar al olvido en la mina de Bílina, propiedad de la filial minera de ČEZ, Severočeské Doly (SCD), y en la mina de titularidad privada ČSA.

Una decisión de apoyo al sector que le ha valido a Mládek el aislamiento de su propio partido. De hecho, el primer ministro Bohuslav Sobotka declaró que no entendía por qué habría que rebajar los límites de la minería. Una opinión compartida también por el ministro de Finanzas y líder del movimiento ANO, Andrej Babiš, que no ve ninguna razón para el levantamiento de los límites.

Y si las críticas a Mládek se consideraban pocas, la Academia Checa de Ciencias también le ha vuelto la espalda, al considerar que los límites actuales deberían prolongarse durante al menos dos décadas más.

Entre los apoyos de Mládek, está la compañía minera Severní Energetika que ha recordado que el cierre de su mina podría suponer la pérdida de 3.000 puestos de trabajo en la región. Una alarmante cifra que se suma a los más de cuatro millones de hogares checos que dependen del carbón de las minas para sus calefacciones. Sin duda, un problema añadido al conflicto. Si se cierran las minas habría que cambiar todos los sistemas de calefacción de carbón por gas natural y éste tiene su origen en Rusia, lo que supondría una excesiva dependencia exterior.

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