El Presidente de la época de desgracias

Эдвард Бенеш, фото: Архив Чешского Радио

En septiembre se cumplieron 70 años de la muerte de Edvard Beneš, el segundo Presidente checoslovaco que tuvo que afrontar uno de los periodos más difíciles de la historia de su tierra y con sus decisiones causó varias polémicas.

Edvard Beneš, foto: APF ČRo

“Checoslovaquia no hubiera nacido sin Edvard Beneš”, declaró el primer Presidente checoslovaco Tomáš Garrigue Masaryk. Durante la Primera Guerra Mundial, el joven Beneš se convirtió en uno de los representantes de la organización rebelde Maffie, un órgano de resistencia contra el Imperio Austrohúngaro, que dominó las Tierras Checas durante siglos.

Edvard Beneš (1937), foto: APF ČRo
En 1915, Beneš se exilió en Francia y gracias a sus habilidades diplomáticas tuvo un gran mérito en que los países Aliados facilitaran el surgimiento de las legiones checoslovacas, que contribuyeron inmensamente al nacimiento de Checoslovaquia.

En el Gobierno checoslovaco Beneš desempeñó la función de Ministro de Relaciones Exteriores, cargo que ejerció hasta 1935. Después de que su amigo Tomáš Garrigue Masaryk renunciara a la presidencia, ésta fue asumida por Beneš. Los archivos de la Radiodifusión Checa disponen de una declaración de Edvard Beneš sobre sus nuevas responsabilidades.

”Cuando asumí el cargo, la crisis europea estaba plenamente desarrollada. Tomáš Garrigue Masaryk se enfermó gravemente por primera vez en la primavera de 1934. Desde ese periodo yo estaba convencido de que Europa estaba entrando en un conflicto horroroso. Era consciente de que se trataba de una herencia difícil y terrible”.

“Llegará una guerra horrible”

Beneš estaba acostumbrado a afrontar problemas. Desde el inicio ya de su cargo anterior como jefe de la diplomacia del joven Estado Checoslovaco trataba de paliar la indignación de las minorías étnicas residentes en Checoslovaquia, conformadas mayoritariamente por alemanes y húngaros, que no se contentaron con la ley territorial y lingüística, entre otros asuntos legales.

Además de los problemas provocados por la Gran Depresión, a la agenda diplomática de Beneš se sumó la creciente amenaza de que la Alemania nazi se apoderara de Europa. En su discurso para la Radiodifusión Checoslovaca, Beneš pronosticó los acontecimientos que poco después sacudieron al mundo.

”Alemania está padeciendo una enfermedad terrible. El nazismo es un veneno y una destrucción. En Alemania pueden pasar solamente dos acontecimientos: una gran revolución interna o una guerra catastrófica. Será una contienda a vida y a muerte, y la pagarán las personas en toda Europa, sobre todo, las minorías étnicas y los alemanes residentes en Checoslovaquia. Por tanto, recomiendo a los alemanes residentes en nuestro país que reconsideren todo”.

Foto:  Bundesarchiv, Bild 101I-808-1238-05 / CC-BY-SA 3.0
Las amenazas de Adolf Hitler cobraban cada vez más fuerza. Beneš se vio obligado a movilizar al Ejército en dos ocasiones. Miles de soldados checoslovacos esperaban en la frontera un ataque del Tercer Reich. Así recordó Beneš para la Radiodifusión Checoslovaca uno de los capítulos más oscuros de su patria.

”Todos recordamos el año 1938, cuando Europa cedía ante el nazismo y el fascismo, y cuando Praga se convirtió en el blanco de la presión del Berlin nazi. Recordamos cómo nuestra política de la paz y la alianza con la Unión Soviética y nuestra resistencia continua contra el fascismo y el nazismo acabaron clavadas en una picota construida por la reacción de Europa. Recordamos también las dos movilizaciones del país. Y después llegó Múnich”.

Sobre Checoslovaquia sin los checoslovacos

Acuerdo de Múnich, foto: Bundesarchiv 183-R69173 / CC-BY-SA
Los acuerdos de Múnich fueron aprobados y firmados por los representantes de Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia el 30 de septiembre de 1939. Su contenido impuso a Checoslovaquia a entregar a Alemania la zona fronteriza conocida como los Sudetes. El acuerdo se dio sin la asistencia de los representantes de Checoslovaquia, quienes no habían sido invitados. En caso de que Checoslovaquia no hubiera aceptado esta resolución, habría sido considerada como el iniciador de un conflicto bélico. El Gobierno checoslovaco no vio otra salida que aceptar el acuerdo traicionero.

Poco después, el 5 de octubre de 1938, Edvard Beneš renunció a su cargo y se vio obligado a exiliarse en el Reino Unido. Hubo voces críticas acerca de su exilio, acusándole de haber abandonado al pueblo en tiempos difíciles. En marzo de 1939, los alemanes ocuparon definitivamente Checoslovaquia, dividiéndola en el Protectorado de Bohemia y Moravia, y el Estado Eslovaco. Seis meses después de la ocupación estalló la Segunda Guerra Mundial.

El Presidente del Gobierno checoslovaco en el exilio

TGM y Edvard Beneš, foto: VHÚ
No obstante, Edvard Beneš dirigió desde Londres la resistencia nacional, se convirtió en la cabeza del Gobierno checoslovaco en el exilio y sus negociaciones diplomáticas contribuyeron significativamente a la resurrección de la Checoslovaquia independiente. Estas fueron sus palabras tras el fin de la contienda mundial y su regreso al país.

”Regresamos con el Gobierno a la patria después de una de las contiendas más horribles de la historia. Las Naciones Unidas están envueltas en la gloria y en los triunfos. Nosotros, como parte de ellas, somos un estado victorioso”.

La presión comunista

Durante su labor en el exilio, Beneš causó polémica con sus decretos, conocidos en la actualidad como los “Decretos de Beneš”. Esta serie de leyes obligó a miles de alemanes y húngaros a abandonar sus hogares en Checoslovaquia, además de causar la confiscación de sus propiedades y la pérdida de su nacionalidad checoslovaca. Las consecuencias de esta resolución y su legitimidad siguen representando un problema a nivel internacional hasta la actualidad.

Edvard Beneš, foto: ČT
Aunque su ideología política no era comunista, Beneš mantuvo por estrategia de seguridad relaciones amistosas con la Unión Soviética. Uno de los momentos más controvertidos de su carrera política llegó en 1948 con el Golpe de Praga, cuando los comunistas se hicieron con el poder. La crisis política provocó la dimisión de 12 ministros y la mayoría de los representantes de las fuerzas democráticas confiaba en que Beneš no la aceptaría.

Sin embargo, la presión de los comunistas causó completamente lo contrario y Beneš facilitó así a los comunistas la formación de su Gobierno. En mayo de 1948, Beneš trató de oponerse al poder comunista, negándose a firmar la nueva Constitución Checoslovaca que renegaba los principios democráticos del país.

Edvard Beneš desarrolló su carrera política en una época turbulenta, lo que se reflejó en su salud. El 7 de junio de 1948 renunció a la presidencia y a comienzos de septiembre falleció.

El líder comunista, Klement Gottwald, se convirtió en el nuevo mandatario checoslovaco, lo que dio inicio a los 41 años de dominio comunista en Checoslovaquia.