El maltero František Poupě le dio sabor y calidad a la cerveza checa

Frantisek Ondrej Poupe (Foto: www.svetpiva.cz)

Antes de las revolucionarias innovaciones del cervecero František Poupě, nacido en el siglo XVIII, en la cocción de la cerveza se usaban ingredientes tan extraños como las astillas de la horca, sangre animal y musgo de cráneos exhumados de las sepulturas. František Poupě estudió tratados de Ciencias Naturales, introduciendo en la cocción de la cerveza principios científicos. Con su infatigable labor sentó las bases de la fama internacional de la cerveza checa.

La fabricación de la cerveza se remonta en las tierras checas al siglo XI. En los siglos XV y XVI la cerveza checa alcanzó una calidad tan estupenda que se exportaba a la vecina Alemania.

Pero en el siglo XVII estalló la Guerra de los Treinta Años y el desastre económico provocado por la sangrienta contienda, arruinó a la cervecería checa. La calidad de la bebida se deterioró bruscamente y los cerveceros, en vez de utilizar buenas materias primas, se dejaban guiar por supersticiones. La fabricación de la cerveza se parecía a la magia negra o a los rituales de la brujería.

Antes de que František Poupě introdujera radicales cambios en la cervecería, los fabricantes de esta bebida echaban mano de ingredientes tan asquerosos y repugnantes que la lectura de su lista produce escalofríos y asco.

Eran huesos de criminales ajusticiados, excrementos de perro y de murciélago, tierra de las toperas....

Otros utilizaban en la cocción de la cerveza tierra de tres sepulturas, polvo de una iglesia, madera de féretros exhumados o musgo de un cráneo sacado de la sepultura.

Antes de la reforma de la fabricación de la cerveza, introducida por František Poupě, los cerveceros usaban asimismo ingredientes de origen animal.

Eran increíbles: cascos de caballo, lengua de buey, sangre animal, aves vivas, gallinas, pollos, cachorros de perro y gato.

Una receta para "mejorar" supuestamente la calidad de la cerveza recomendaba al cervecero:

“Toma musgo del cráneo humano y coloca desmenuzado en la tina. Si quieres que la cerveza fermente bien, toma el fruto de la rosa silvestre, sal bendita y musgo del tejado de una iglesia y añade a la cerveza joven“.

Foto: Iniciativa zodpovědných pivovarů
Más adelante se aconsejaba al cervecero quemar un zapato viejo en una olla nueva y agregar el polvo del suelo de la cervecería. La mezcla debía colocarse en los barriles.

“La cerveza tendrá después un buen sabor“, finalizaba la estrafalaria receta.

František Poupě sabía que también en el extranjero se utilizaban extraños procedimientos en la cocción de la cerveza. En Alemania no sabían cocerla sin patas de ternera.

A diferencia de los demás cerveceros, Poupě afirmaba que el uso en la cocción de la cerveza de potasa, greda, caliza y ceniza de madera de haya era nocivo para la salud. Condenaba también el uso de sal de cocina para limpiar cervezas turbias. La bebida no tenía buen sabor y provocaba fuertes diarreas.

František Poupě hizo de la cocción de la cerveza un arte. Después de años de aprendizaje y tras recoger durante seis años experiencias en cervecerías checas, austriacas y polacas, empezó a trabajar como maltero.

Foto: Iniciativa zodpovědných pivovarů
En los años ochenta del siglo XVIII comenzó a estudiar la literatura especializada sobre la cocción de la cerveza. Gracias a la introducción de novedosos procedimientos la producción cervecera de František Poupě mejoró y se hizo más eficaz.

Sin embargo, las novedades introducidas por este cervecero no agradaban ni a sus envidiosos colegas ni a las autoridades. František Poupě trabajaba hasta la extenuación, obteniendo excelentes resultados, pero no podía evitar las calumnias e intentos de los envidiosos de denigrarlo ante los dueños de las cervecerías.

El cervecero František Poupě terminó en 1794 su primer tratado sobre el arte de cocer la cerveza, escrito en alemán. Sin embargo, debido a la rivalidad de los colegas y la incomprensión de las autoridades, la innovadora obra no fue acogida bien. Tras publicar su original tratado, Poupě se encontró en una desesperada situación financiera y por primera vez se le declaró una enfermedad pulmonar.

El reformador de la industria cervecera se salvó gracias a la ayuda de la condesa Marianna Clam - Martinic que le ofreció el puesto de maltero en su cervecería en la ciudad de Slaný.

En 1798 František Poupě ganó el concurso al puesto de maltero en la cervecería municipal de la ciudad morava de Brno donde viviría los años más estupendos de su carrera. Tras modernizar la cervecería aumentó la producción anual de los 16 mil hectolitros a los 28 mil hectolitros y acabó por cocer en Brno una cerveza de tan extraordinaria calidad que su fama se extendió más allá de las fronteras del país.

En lo que se refiere a las innovaciones tecnológicas, Poupě fue probablemente el primer europeo en usar en el control de la producción el termómetro y la llamada “balanza cervecera“, antecesora del densímetro.

Los cerveceros de una serie de cervecerías centroeuropeas retomaban los métodos de František Poupě y enviaban a sus hijos a formarse en la escuela de cervecería por él fundada que fue, según todo indica, la primera de su género en Europa.

La mejor situación económica hizo posible que en 1801 el reformador cervecero publicara el primer tratado sobre la cocción de la cerveza, escrito en checo. Antes de escribirlo, Poupě había estudiado unas 70 obras de Química, Física, Biología y Economía.

Sin embargo, la fatiga y sus arduas actividades laborales quebrantaron la salud de František Poupě. Volvió a declarársele tuberculosis, a la que sucumbió en 1805 cuando la ciudad fue ocupada por las tropas de Napoleón.

El Ejército francés era azotado por infecciones y había muchos fallecidos. Se enterraban rápidamente y debido a la confusión reinante en aquel entonces no sabemos dónde fue sepultado el reformador de la industria cervecera checa, František Poupě. Afortunadamente, la buena cerveza checa es su mejor monumento.


Repetición del 31-3-2007.

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