El intelectual debe resistir, dice el dramaturgo argentino Roberto Cossa

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El dramaturgo, Roberto Cossa, una de las figuras clave del teatro argentino contemporáneo y uno de los autores del Teatro Abierto, llegó a Praga para dar una charla sobre la persecución de artistas en Argentina durante la dictadura militar desde 1976 hasta 1983. El debate se realizó en el marco del festival de la cultura checo-alemano-judía "Nueve puertas".

"Yo diría Praga. Es mi segunda visita a Praga, estuve acá en el año 1966 por unas circunstancias no eligidas por mí. Me habían invitado a Cuba para hacer de jurado del premio Casa de las Américas, para la parte de teatro. Para poder viajar de Buenos Aires a La Habana había que pasar por Praga, por el Norte de Irlanda, por Canadá, y después viajar a Cuba. Entonces tuve el privilegio, por ese motivo, de estar acá por quince días, en enero del año 66".

¿Cómo se acuerda de esa primera visita a Praga?

"Fue un golpe muy fuerte en dos sentidos. Era la primera ciudad europea que yo conocía, no había viajado nunca a Europa: para cualquier latinoamericano, sobre todo un argentino y habitante de Buenos Aires, Europa es como el lugar de los sueños. Y conocer esta ciudad tan bella, porque realmente es una ciudad que parece que hubiera sido construida por un escenógrafo, me impactó mucho. Ahora estoy recuperando los lugares, ayer, por ejemplo, estuve tomando cerveza en "U Fleku", que era uno de los lugares que me llevé en la memoria, como todos los lugares de la ciudad".

¿No se dejó inspirar por Praga para alguna de sus obras?

"No, las cosas bellas no inspiran. En general, lo que más inspira realmente son los dolores. Y acá todo es satisfacción, todo alegría. Posiblemente en alguna obra, algún día, si se me cruza la imagen, pondré algo sobre Praga para rendirle un homenaje".

En este debate se habló de la persecusión de artistas en Argentina durante la dictadura militar. ¿Cuál debería ser el papel de un dramaturgo, o un actor, respectivamente, en un régimen totalitario, autoritario?

"El que tuvimos nosotros, digamos. Nosotros, no por valientes, simplemente por estar arrinconados, decidimos salir a hacer teatro. Es decir, primero el papel del intelectual es tratar de seguir trabajando en su oficio, haciendo su arte. El teatro es más fácil porque es grupal, porque es más barato que el cine, por ejemplo. Y después allí donde haya un espacio, donde pueda protestar, hacer pensar, allí tiene que estar. El rol es resistir. Cada uno con su capacidad de resistencia, con valentía para aguantar. Lo que hay que hacer es resistir".