El Grupo de Visegrado cumple 35 años, aunque con grandes diferencias entre sus miembros
Los Cuatro de Visegrado (Visegrádská čtyřka), grupo fundado en 1991 por Chequia, Polonia y Hungría como proyecto común para regresar a Europa tras la caída del bloque soviético, celebra 35 años, aunque marcado por profundas diferencias políticas y estratégicas entre sus miembros.
En febrero de 1991, los presidentes Václav Havel, Lech Wałęsa y el primer ministro József Antall se reunieron en la ciudad húngara de Visegrado con una meta clara: demostrar que Europa Central estaba preparada para dejar atrás la herencia soviética y reincorporarse plenamente al espacio europeo. En aquel momento, la región atravesaba transformaciones aceleradas y necesitaba tanto confianza internacional como coordinación en sus reformas.
El Grupo de Visegrado nació como símbolo de ese retorno. Havel subrayó entonces que “Europa no es solo un concepto geográfico, sino, ante todo, un espacio de valores compartidos”. Esa visión se materializó en 2004, cuando los cuatro países, Chequia, Polonia, Hungría y Eslovaquia, que se incorporó tras la división de Checoslovaquia, ingresaron en la Unión Europea. En el transcurso de una generación, sus economías se acercaron de forma notable a los estándares occidentales.
Tras el ingreso en la Unión Europea
Sin embargo, una vez alcanzado el objetivo principal, el papel del V4 cambió. El proyecto económico dio paso a una plataforma política destinada a coordinar posiciones dentro de la Unión Europea. En ciertos momentos esa cooperación resultó visible, como durante los debates sobre migración.
A pesar de los avances conseguidos, con el tiempo, comenzaron a aflorar diferencias cada vez más marcadas. Polonia y Chequia reforzaron su orientación hacia las estructuras de seguridad occidentales, mientras que Hungría y, más tarde, también Eslovaquia, adoptaron posturas distintas frente a Rusia y a varias cuestiones clave de la política europea.
La guerra en Ucrania como punto de inflexión
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La invasión rusa de Ucrania en 2022 profundizó esas divergencias. Polonia considera a Rusia la principal amenaza para su seguridad y así lo expresa también en las reuniones del grupo. Hungría, en cambio, mantiene relaciones estrechas con Moscú, lo que genera tensiones tanto dentro del V4 como en el seno de la Unión Europea.
La República Checa ha centrado su atención en la seguridad energética y militar. Eslovaquia, tras cambios de gobierno, se aproximó a la postura húngara. Como consecuencia, una política exterior común del Visegrado resulta hoy prácticamente inexistente.
Energía e intereses nacionales
La política energética ilustra bien estas diferencias. Polonia y Chequia redujeron su dependencia de las materias primas rusas. Hungría y Eslovaquia, por su parte, continúan apoyándose en esos recursos como pilar de su estrategia energética. Esta disparidad complica la cooperación regional y dificulta una voz unificada en Bruselas.
Un foro que persiste, pero sin rumbo común
A pesar de estas importantes diferencias, treinta y cinco años después de su fundación, el Grupo de Visegrado sigue en pie. Los presidentes y primeros ministros de los países miembros continúan reuniéndose y la cooperación prosigue en ámbitos donde coinciden intereses, como la infraestructura o la industria. No obstante, los asuntos políticos más sensibles suelen quedar al margen para evitar que las discrepancias se acentúen.









