El embalse de Slapy cumple 60 años

El embalse de Slapy, foto: CzechTourism
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Se trató tanto de la mayor obra hidráulica hasta el momento en el país como de la central eléctrica más avanzada de Checoslovaquia. Ahora la represa de Slapy, situada en el río Moldava, a unos 40 km al sur de Praga, cumple 60 años de su construcción.

El embalse de Slapy, foto: CzechTourism
Su construcción duró cinco años y engulló 350.000 metros cúbicos de hormigón. Ahora, 60 años después de su inauguración, el embalse de Slapy, con sus 44 kilómetros de longitud, forma ya parte insustituible del paisaje de Bohemia Central.

Ya desde 1933 se habían hecho estudios para construir una presa y una central hidroeléctrica en el río Moldava, a la altura de los llamados torrentes de San Juan, pero el proyecto se pospuso y no fue retomado hasta 1949, cuando el recién establecido régimen comunista lo asumió como una de sus obras clave.

Se trató de un costoso trabajo de ingeniería. En primer lugar fue necesario horadar un túnel que desviara las aguas del Moldava, alzar diques de contención y construir un sistema propio de carreteras para el abastecimiento, además de viviendas para los obreros. En 1951 se pudo iniciar la construcción de la presa, situada a la altura de Třebenice.

En 1954, con el dique terminado, comenzó a subir el nivel del embalse, que alcanzaría los 35 metros por encima de la superficie original del río, y se ultimaron las obras de la central hidroeléctrica. Esta contaba con la tecnología más avanzada del momento, en concreto con la turbina Kaplan, que podía aprovechar la caída de una columna de agua de 50 metros.

El embalse de Slapy, foto: ŠJů, CC BY-SA 3.0
Por fin, el 7 de noviembre se inauguraron oficialmente las obras, cambiando completamente el concepto que se tenía hasta entonces del aprovechamiento económico del Moldava, detalla Jiří Pechar, director técnico de la Cuenca del Moldava.

“Los estudios anteriores se orientaban a la navegación del Moldava, ya que antes se utilizaba para el transporte fluvial: piedras, madera, sal, hasta Praga. Y esta obra hidráulica supuso un desarrollo del uso del Moldava ya no como vía fluvial sino como acumulación de agua que después iría destinada al abastecimiento de Praga. Desde entonces ya no hay en Praga carestía como pasaba antes, son posibles las tomas de agua. Y un papel importante juega también el abastecimiento energético”.

En su momento, fue precisamente la energía el principal argumento para su construcción, y de hecho actualmente, con su central hidroeléctrica de 144 megavatios de potencia, Slapy no solo proporciona agua potable a la capital checa sino que abastece de electricidad a toda la zona.

Freno contra inundaciones y atractivo turístico

A todo esto se une además una tercera función, la de herramienta reguladora contra las inundaciones, aunque no hay que exagerar, apunta Pechar.

“Cuando las obras todavía no estaban totalmente acabadas se dio una gran inundación, la mayor en 20 años, y gracias a que el embalse todavía no estaba lleno, absorbió la riada e impidió una catástrofe. Por eso desde este momento existe la idea, no totalmente cierta de que Slapy puede ayudar en caso de cualquier crecida. Pero no es así, el conjunto de diques del Moldava, del que forma parte Slapy, puede proteger contra una inundación de 20 años, pero no mayor”.

El embalse de Slapy durante las inundaciones de 2002, foto: Jan Rosenauer
En cualquier caso, durante las inundaciones de 2002, consideradas las mayores de los últimos mil años, la represa de Slapy contribuyó a atenuar los efectos de la catástrofe.

Por otro lado, y aunque no era su intención inicial, el embalse es actualmente un importante punto de recreo al que acuden numerosos turistas en temporada estival y en el que abundan hoteles y restaurantes.

Evidentemente, Slapy también tiene su lado oscuro. Su construcción significó un drama humano para los pueblos tragados por las aguas, como Zvírotice, y supuso la destrucción de los hermosos torrentes de San Juan. Desde el punto de vista económico, la represa se convirtió en un tapón para el tráfico fluvial. Desde entonces los barcos deben demorarse varias horas en ser extraídos de las aguas y arrastrados con tractores al otro lado del dique.

En particular este último problema será subsanado en los próximos años con la construcción de un elevador para barcos, según proyecta la Dirección de Vías Fluviales de la República Checa. El aparato contará con un recipiente de 45 metros de longitud y seis de anchura que hará superar a las embarcaciones un desnivel de 55 metros. Se prevé que el elevador entre en funcionamiento en 2020.