Crisis inflacionaria. Muchos checos “enfrentarán un momento muy difícil”

La crisis inflacionaria golpea con fuerza a Chequia y al conjunto de Europa. Preocupa el impacto de la subida de precios en las personas de bajos ingresos.

Han pasado cerca de dos años desde que el COVID adquiriese el grado de pandemia, llegando a paralizar el mundo entero. Los gobiernos de los diferentes países hicieron frente, con mayor o menor éxito, a la crisis sanitaria pero, además, hubieron de hacer lo propio con las graves consecuencias económicas dejadas por el virus, que ya por aquel entonces se preveían realmente graves.

Foto: Česká televize,  ČT24

Las políticas particulares de los diferentes estados obligan a analizar cada caso concreto y bajo su propio prisma pero resulta innegable que la crisis económica es ya un desafío global. De diferentes formas y en distintos momentos, los países han visto como su actividad económica se congelaba casi por completo: frenazo de la producción, interrupción de las cadenas de suministro, repercusiones financieras para las empresas… La crisis económica resulta un fenómeno harto complejo y que solo puede comprenderse atendiendo a múltiples frentes. Uno de ellos es sin duda la inflación, que en el último tiempo ha crecido de manera alarmante.

El panorama europeo corrobora esta realidad: las cifras hablan de que la inflación en la zona euro se ha disparado a un máximo histórico desde 1997. Nadie parece a salvo de este fenómeno, tampoco Chequia. Organismos como la Oficina de Estadística Checa o el Banco Central llevan meses lanzando mensajes de alerta a este respecto y las previsiones van por este camino.

Jan Bureš, economista jefe de Patria Finance, analizó este contexto inflacionario para los micrófonos de Radio Praga Internacional.

Jan Bureš | Foto: Tomáš Adamec,  Český rozhlas

“Hay varios factores detrás del aumento de la inflación. Parte de ellos son domésticos. Vimos un aumento bastante dramático en los precios relacionados con la vida, llamado "alquiler imputado”. Además de eso, hay varias presiones de precios de importación, como los precios de la energía o los precios de los combustibles, que poco a poco van entrando en la canasta del consumidor y contribuirán a una mayor aceleración del índice de precios al consumidor a fines de este año y principios del siguiente. Espero que la inflación alcance aproximadamente el 8% al comienzo del nuevo año".

Las cifras más recientes hablan de un aumento de la inflación del 6% respecto al año anterior, siendo la subida más alta registrada desde octubre de 2008, en plena crisis financiera, y superando las previsiones realizadas previamente por el Banco Central en más de un 1%. Tomáš Holub, miembro del Banco Central Checo, también se refirió recientemente a este proceso y coincidió con el pronóstico de Bureš, afirmando que es probable que la inflación alcance el 8% en enero del próximo año. Con todo, existen otras voces no tan esperanzadoras que vaticinan que esta será aún mayor y alcanzará el 10%. Bureš atribuye esto al actual clima de incertidumbre generalizada. En un escenario convulso y donde apenas existen certezas, vaticinar con precisión los efectos de un fenómeno así resulta poco menos que imposible.

“Existe una gran incertidumbre relacionada con las perspectivas de inflación. Siempre la hubo, pero esta vez la incertidumbre no tiene precedentes. Primero, no sabemos cuánto aumentarán los precios de la energía para los hogares checos a finales de este año y principios del siguiente. Segundo, no sabemos cuánto tiempo persistirá la interrupción en las cadenas de suministro. Eso tendrá un impacto dramático en qué tan alto llegaremos en términos de inflación. Podría imaginarme una inflación aún mayor a principios de año, si los precios de la energía continúan subiendo. Pero en un escenario base, esperaría que la inflación disminuya a aproximadamente un 5 por ciento a mediados de 2022 y un poco más en la segunda mitad del año".

También cabe destacar la toma de posesión del nuevo gobierno encabezado por Petr Fiala, algo que promete traer vientos de cambio al país. Se espera que este apueste por una mayor austeridad y reducción del gasto público para tratar de paliar las también preocupantes cifras de déficit. Sin embargo, Bureš afirma que estas políticas de recortes no harán mejorar la crisis inflacionaria.

"No, en absoluto. Creo que el gobierno no tiene ningún impacto en la ola de inflación actual. Lo único que se puede hacer desde el punto de vista tiene que ver con la política del banco central: una política monetaria más estricta puede evitar que la inflación se convierta en un episodio único en una especie de estado permanente de la evolución de la economía. Entonces, la política monetaria puede ser eficiente para combatir la inflación, pero la política fiscal, la política gubernamental, no pueden hacer casi nada”.

Banco Central Checo | Foto: Štěpánka Budková,  Radio Prague International

Otro tema candente, tanto a nivel nacional como europeo, es el del sector energético, donde la inflación viene haciéndose más presente que nunca. Tanto es así que en Europa ya se han ido instalando ideas realmente catastrofistas, como es el caso del Gran Apagón, según el cual podría llegar a producirse un corte de luz masivo y de larga duración. Al margen de estas teorías, Bureš afirma que el tema energético resulta realmente preocupante, en especial para las familias y personas de menores recursos.

“Los hogares de bajos ingresos realmente enfrentarán un momento muy difícil, porque el impacto de una inflación más alta, especialmente la inflación energética, afectará sus presupuestos de manera desproporcionada. Temo especialmente por los cerca de dos millones de personas que ganan menos del 70 por ciento del salario medio”.

Si bien el Banco Central Europeo ha descartado hasta el momento un aumento de las tasas de interés, este es el camino que han decidido tomar otros países ajenos a la eurozona como la propia Chequia, Noruega o Rusia, quienes buscan con ello hacer frente a una inflación disparada.