Cómo Anteojito cruzó el Telón de Acero y se ganó el corazón de los niños checoslovacos

Mil intentos y un invento

A mediados de los años setenta, una película de animación argentina tan sensible como descarnada conquistó a los niños de la Checoslovaquia comunista. Con afinidades inesperadas con el universo checo y un mensaje contra la ambición desmedida que le permitió atravesar la Cortina de Hierro, reconstruimos la historia de cómo llegó a Praga este film de Manuel García Ferré —un español exiliado del franquismo— a partir del testimonio de su hija Diana y del legendario locutor Pelusa Suero, voz de muchos de sus personajes.

Manuel García Ferré | Foto: Oficina del Gobierno de Argentina

Considerada una de las primeras películas de animación de Latinoamérica, Mil intentos y un invento es también el primer largometraje animado argentino que se conserva. Esto se debe a que no existen copias de El apóstol, de Quirino Cristiani, nada menos que el primer largometraje de animación del mundo, estrenado en 1917, antes de cualquier producción de Hollywood. Dirigida por el realizador hispano‑argentino Manuel García Ferré, Mil intentos y un invento llegó a estrenarse en Checoslovaquia a mediados de los años setenta, poco después de su avant‑première del 14 de septiembre de 1972. Doblada en los estudios Barrandov y difundida principalmente a través de la televisión estatal, aunque el título se mantuvo en checo, los registros de la época muestran que el film terminó siendo recordado, sobre todo, por su protagonista, Anteojito, rebautizado localmente como Brejlarito.

La revista Anteojito | Foto: Archivo Histórico de Revistas Argentinas

El carismático personaje, que había nacido en Argentina como un corto publicitario y luego dio nombre a una exitosa revista que, entre 1964 y 2001, llegó a vender, en sus mejores momentos, unos setecientos mil ejemplares por semana, terminó generando un vínculo inesperado entre ambos países. De hecho, gracias a él, la hija del director de la película, Diana García Ferré, viajó por primera vez a Chequia y quedó profundamente fascinada con la cultura local.

“Como iba a la Feria del Libro de Frankfurt cuando teníamos la revista Anteojito nos hacíamos escapadas a distintos lugares y uno de ellos fue Praga que me encantó y también me encantó Český Krumlov”.

La influencia cultural checa

Taberna U Kalicha | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Artista plástica, Diana recuerda que, en realidad, visitó ya en dos ocasiones Praga, una ciudad a la que sigue vinculada por un pisapapeles de cristal que aún conserva en su casa. La primera vez fue a comienzos de los años noventa; la segunda, alrededor de 2014. De aquel primer viaje guarda una imagen muy nítida: su paso por el tradicional restaurante U Kalicha, el mismo en el que Jaroslav Hašek escribió Las aventuras del buen soldado Švejk. Y aunque Švejk es un personaje profundamente checo, Diana no puede evitar encontrarle cierto aire de familia con uno de los grandes clásicos creados por su padre: Larguirucho.

“Yo me acuerdo por lo poco que leí, porque en su momento encontré un poco de información en inglés, por ese entonces, en el noventa y pico, que el personaje me había parecido muy pintoresco y, sí, alguna similtud con Larguirucho tiene; y fuimos a comer una noche ahí, que si uno lo pudiera trasladar a nuestra cultura es como un bodegón.”

“En Argentina, estaba el Cine Cosmos 70, donde solían pasar películas checas de animación que a mi padre y a mí nos parecían encantadoras”.

Diana Ferré

Pero ese no es, claro está, el único punto de contacto. Diana cuenta que tanto ella como su padre veían juntos mucho cine checo, de modo que no sería extraño que ciertas atmósferas y enfoques de la película resultaran muy familiares para el público local. Algo similar ocurre en algunos capítulos de Súper Hijitus, otra de las creaciones emblemáticas de García Ferré, donde aparece un personaje inventado a partir de la célebre polka Barrilito de cerveza (Škoda lásky) compuesta por el músico checo Jaromír Vejvoda. La referencia no es menor: se trata de una de las melodías checas más difundidas internacionalmente, un verdadero símbolo cultural que, de algún modo, terminó filtrándose en el universo creativo de García Ferré.

“En Argentina estaba el Cine Cosmos 70, donde antes de la película central solían pasar películas checas, esos cortitos de animación checoslovacos que, con mi padre, nos parecían encantadores. Es más, recuerdo que cuando era chica, vi una versión de la Cenicienta, era una película divina de Checoslovaquia que la vi en el Cosmos 70 y nunca más la volví a ver ni pude encontrar ninguna información: recuerdo que los deseos, en lugar de pedirlos mágicamente, venían de bellotas o piñas, no me acuerdo bien”.

Lo interesante es que esa película llamada Tres avellanas para Cenicienta (Tři oříšky pro Popelku), una versión checoslovaca de aquel clásico cuento infantil dirigida por Václav Vorlíček y la propia Mil intentos y un invento se estrenaron con apenas un año de diferencia. Cuando el largometraje animado de su padre llegó a los cines, Diana Ferré tenía unos diez años y recuerda que la cinta tardó mucho más tiempo del previsto en terminarse, lo cual estresaba a su padre porque tenía que mostrar los avances que iba haciendo.

Diana Ferré | Foto: archivo personal de Diana Ferré

“Me acuerdo de un dato que ahora parece trivial y hoy hasta nos reiríamos de eso: como eran todas películas hechas a mano, obviamente se pintaban con témpera los acetatos. Entonces, una vez fuimos a la productora y distribuidora cinematográfica argentina Emelco a ver una parte con los productores y uno de ellos se acerca y le dice a mi papá que había un salto de color muy grande en el personaje del buzoncito, que tenía un tono rojo especial, y se ve que esa vez la témpera había venido un poco diferente, y yo, que era chica, me quedé martirizada durante años con eso que era una tontería”.

El precio de la fama

Una animación argentina que llegó a la Checoslovaquia comunista | Foto: © Buena Vista International

Aunque Manuel García Ferré nació en la ciudad española de Almería en 1929, emigró muy joven a Buenos Aires y, de hecho, se lo conocía como el “Disney argentino” porque fue un verdadero pionero a la hora de armar un estudio de animación profesional en ese país. Su película Mil intentos y un invento abordaba una temática sorprendentemente intensa para una historia infantil. Como recuerda su hija Diana, la película gira en torno a la relación entre Anteojito y su tío Antifaz, un inventor incansable que busca la fórmula de la invisibilidad, en una obsesión que lo emparenta con los alquimistas del reinado de Rodolfo II.

Cuando Anteojito comienza a triunfar como cantante en distintas ciudades del mundo, explotado por dos representantes inescrupulosos, la ambición lo arrastra hasta el punto de empezar a olvidarse de su tío. De a poco, sin embargo, Anteojito se va dando cuenta de su error. Casi al final, en una antológica escena basada en un relato previamente escrito por el propio García Ferré, Anteojito se sienta en un banco de plaza que, de repente, cobra vida y, mediante una analogía, le advierte al niño sobre el riesgo de terminar como un hierro de origen humilde que, tras cansarse de vivir en una zona muy pobre de la ciudad, logra, literalmente, trepar demasiado rápido en el escalafón social. Ese hierro tan ambicioso termina por irrumpir en la sala de armas de un palacio, enfrentándose, en un cruento combate, con la espada de un escudo cuya estética remite, dicho sea de paso, a la tradicional heráldica centroeuropea.

Aunque el final se esfuerza por transmitir esperanza, llama la atención la crudeza con que esta película tan dramática y plagada de acción retrata ese traumático camino a la fama, un recorrido que combina pérdida y reencuentro en un cóctel inusual para el público infantil.

“Yo creo que mi papá en esa película sacó mucho de lo que él había vivido en la Guerra Civil española; o sea, indirectamente, porque no hay una referencia a ninguna guerra ni nada, yo creo que, viéndolo a través de los años, él vuelca en esa película todo su sufrimiento”.

Diana recuerda que su padre recién pudo regresar a España después de la muerte de Franco. Y aunque no volvió a instalarse allí, varias de sus creaciones alcanzaron gran popularidad en ese país, como ocurrió, por ejemplo, con El Libro Gordo de Petete. También en España se estrenó Mil intentos y un invento, que obtuvo el Premio Pelayo de Oro en el Festival Internacional de Cine de Gijón de 1972, entre muchos otros reconocimientos.

Apta para el comunismo

'Tisíc pokusů a jeden vynález' | Foto: Československá televize

El estreno de Mil intentos y un invento en la entonces Checoslovaquia llama la atención por dos motivos principales. Por un lado, el altísimo nivel que siempre tuvo la animación checa. Por el otro, el hecho de que, en aquellos años, el país se encontraba bastante cerrado a influencias extranjeras. En algunos foros locales de cine se comenta que la trama de la película, con su crítica a la ambición desmedida y su mirada del dinero como algo sucio y vil, capaz de corromper y separar a las familias, no cayó nada mal entre los dirigentes del partido.

Diana recuerda que estuvo en la Unión Soviética durante el estreno de Trapito, otra película de animación de su padre, y en esa ocasión llegó a una conclusión muy similar.

“Y Trapito es medio diferente, aunque sí tiene una parte donde habla de dinero, pero trata más de las ilusiones y también les gustó y también se la apropiaron. Yo creo que cuando hay temas universales que trascienden la idiosincracia de cada pueblo se pueden adaptar a todo: lo podés ver de un lado o lo podés ver del otro”.

Un final que no se veía venir 

Los muñecos de origen checo similar a Larguirucho | Foto: Krysáci / Česká televize

Consultado por Radio Praga Internacional, el periodista y crítico de cine Roman Morong brindó su opinión sobre aquella traducción al checo, que contó con el doblaje de destacados intérpretes locales como Inka Šecová en el rol principal de Anteojito, Dalimil Klapka, Mirko Musil, Karel Houska, Stanislav Fišer, Miriam Kantorková y Radovan Lukavský, quien hacía las veces de narrador. Cabe destacar que todos los intérpretes de la versión checa fallecieron, con la única excepción de Miriam Kantorková, una actriz checa de larga trayectoria, reconocida por su trabajo en cine, televisión y teatro que, lamentablemente, no puede compartir su testimonio por problemas de salud.

“El final de la película es sorprendente, ya que luego de tantos fracasos el tío finalmente consigue lo que se había propuesto, aunque nunca lo supo”.
Roman Morong

“Es un cuento muy hermoso y, sobre todo para su época, se trataba de una historia encantadora. El final es sorprendente, ya que luego de tantos fracasos el tío finalmente consigue lo que se había propuesto, aunque nunca lo supo. Así que, como cuento, funciona muy bien, tanto para chicos como para adultos. En cuanto a mi experiencia, yo lo vi cuando era niño, creo que a los ocho años, y me pareció una historia muy bonita, un cuento muy hermoso”.

16 voces en 1

Anteojito y Larguirucho en la portada de la exitosa revista | Foto: Archivo Histórico de Revistas Argentinas

Comediante, locutor y actor argentino, el trabajo de Pelusa Suero es otro de los puntos fuertes de Mil intentos y un invento, película que tuvo dos reestrenos en 1984 y en 2001. Suero se hizo famoso por interpretar a Larguirucho, el Profesor Neurus, Pucho, Gold Silver y el Comisario, entre muchos otros personajes creados por Manuel García Ferré, a quien define como un republicano muy opositor a Franco y con un gran talento para formar equipos de trabajo. Con su caudal de voz intacto y aún activo a sus casi noventa años, Suero nos abre la cocina de su oficio.

“A mí me preocupaba crear personajes que no se parecieran el uno al otro porque había momentos en los que tenía que interpretar diálogos completos yo solo, con lo cual tenía que pensar muy bien las características vocales de cada personaje más allá de la personalidad; es decir, una de las cosas que a mí me preocupaba enormemente era que la voz tuviese un correlato con la personalidad, que es el caso del Profesor Neurus: un malo de pacotilla que siempre fracasaba, su maldad no le alcanzaba para tener éxito”.

Además de dar semejante nitidez a tantos personajes gracias a la enorme paleta de características que era capaz de imprimirles solo con la magia de su voz, Pelusa Suero es de esas personas que, además de talentosas, son capaces de reflexionar con mucha hondura acerca de su trabajo.

Escena clave de la película | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Todo es resultado de un pensamiento; o sea que, en la medida que uno tenga en claro el concepto de hacia dónde apunta el personaje, la voz acompaña ese concepto; lo que sucede es que yo he sido cantante muchos años antes de hacer dibujos animados y hacía voces de cuarteto vocal o quinteto vocal y eso me capacitó mucho para hacer desde agudos a graves. O sea, yo te puedo cambiar el color de la voz y puedo hablarte con este color, o puedo hablarte de otra manera, ¿te das cuenta? Entonces, tengo muy claro cómo poner la garganta para mantener y contener una frecuencia determinada que no es la que tiene que ver con mi voz natural como es esta, ¿no es cierto?”

“Una de las cosas que me obsesionaba era que la voz de cada personaje tuviese un correlato con su personalidad”.
Pelusa Suero

Lo que él mismo afirma es que si logró llegar tan lejos en su carrera fue también porque tuvo en claro sus límites y, siempre fue muy profesional con el cuidado de su voz.

“Una cosa que yo exigía era que no me hicieran hacer parlamentos largos porque el cansacio vocal aparece muy rápido al hacer voces para dibujos animados: sobre todo, las voces en las que uno utiliza frecuencias más arriba, ¿te das cuenta? Si yo tengo que estar hablando con vos de esta manera me canso muy rápido, ¿entendés? Entonces, todos los bocadillos que yo tenía que hacer debían ser cortos, o sea, yo ponía mis condiciones para no agotarme”.

'Tisíc pokusů a jeden vynález'  (Mil intentos y un invento) | Foto: © Buena Vista International

Entre todos esos personajes a los que Pelusa Suero prestó su voz, hay uno que mantiene una curiosa relación con el universo checo: el comisario de Trulalá. La conexión surge de su característico acento correntino, célebre por incluir nada menos que un sonido que, según suele decirse, es uno de los pocos en el mundo comparable a la ř checa.

“¿La r de Corrientes? Si yo hablo como correntino, ¿no es cierto? ¿puedo ir y hacer las cosas allá?”

24 fotogramas por segundo

Anteojito y el buzoncito | Foto: © Buena Vista International

En cuanto a Mil intentos y un invento, Pelusa Suero cuenta que vio la película el día del estreno y nunca más volvió a hacerlo. Y aunque por entonces la sombra de Disney se hacía sentir, encaraban cada proyecto con una enorme energía y una clara vocación de éxito. Además, recuerda que en aquella época el rol de los locutores era fundamental: en los largometrajes de animación, las ilustraciones mismas terminaban realizándose a partir de las voces ya grabadas.

'Tisíc pokusů a jeden vynález'  (Mil intentos y un invento) | Foto: © Buena Vista International

“El dibujo animado se graba sin imagen, es decir, en los dibujos animados primero se graban las voces y después se dibuja de acuerdo al largo de cada palabra. Es decir, una cosa es que yo te diga ‘no’ y otra cosa es que yo te diga ‘noooooooooooo’, lo cual requiere más segundos y, por lo tanto, dibujos, ya que cada segundo consume unos veinticuatro cuadros o fotogramas”.

Con la música a todas partes

El buzoncito en el afiche de la película | Foto: © Buena Vista International

Entre sus múltiples facetas, Mil intentos y un invento también funciona como un musical. Y la música, de hecho, ocupa un lugar más que destacado en la vida de Pelusa Suero. Hijo de una pianista, recuerda que los fines de semana su casa se llenaba de músicos que podían pasarse días enteros tocando. También rememora que su madre lo hacía cantar cuando apenas tenía cuatro años, que a los doce empezó a tocar la guitarra y que incluso llegó a formar un conjunto vocal junto al hijo de Rodolfo Sciammarella, el reconocido compositor argentino cuyas canciones interpretaron grandes figuras del tango, incluido el mismísimo Carlos Gardel. Y, según él mismo cuenta, algo de esa enorme influencia también alcanzó al propio García Ferré.

'Tisíc pokusů a jeden vynález'  (Mil intentos y un invento) | Foto: © Buena Vista International

“Yo le presenté a García Ferré a un músico amigo mío que es Roberto Lar, que fue quien musicalizó Mil intentos y un invento y prácticamente todas sus películas. Y otra de las cosas que tiene que ver con la música es que el guionista de él, Néstor D’Alessandro, era un excelentísimo pianista y yo lo conocía mucho tiempo antes de trabajar con García Ferré porque habíamos colaborado en un boliche, él tocando el piano y yo cantando”.

Suero cuenta que, gracias a esa amistad, muchas de sus charlas sobre música, sobre los amigos del barrio y sobre la cultura porteña terminaron filtrándose en el guion de la película Mil intentos y un invento.

Entre Bonaño y Larguirucho

“Hola, hola, hola, hola amigos de Radio Praga Internacional. Yo soy Bonaño, el personaje que trabajó en Mil intentos y un invento, una película del productor argentino García Ferré, que se estrenó en Checoslovaquia en 1973, por eso a los viejitos que vieron esa película ¡les mando un enorme saludo, un abrazo y una sonrisa!”

Pelusa Suero y Larguirucho  | Foto: archivo personal de Pelusa Suero

Uno de los personajes más recordados de la película, y al que Pelusa Suero presta su voz, es Bonaño, una especie de gato gigante que comparte con Anteojito la ambición por convertirse en cantante, aunque su evidente falta de talento le impide lograrlo. Lo curioso es que Bonaño funciona casi como un doble de Larguirucho, otro personaje emblemático de García Ferré que también interpretaba Suero y que, por ese entonces, venía acumulando demasiado protagonismo en otras producciones. De allí que se le diera espacio a esta suerte de sustituto, tan parecido en su diseño como en su voz. De hecho, Bonaño nunca volvió a aparecer, mientras que Larguirucho terminó consolidándose como una figura central del universo de García Ferré, en buena medida gracias a esa ambigüedad tan particular que lo llevaba a moverse, según la ocasión y tal como recuerda Suero, del lado de los buenos o del de los malos.

“Yo descubrí que esa era la razón de ser del éxito de Larguirucho porque todos somos como él: nosotros somos maravillosos y, a la vez, perversos y malignos. O sea, nosotros tenemos todas las cosas de Larguirucho: Larguirucho es bueno y malo, nosotros somos buenos y malos, no hay solo malos y solo buenos; hay malos que son buenísimos y hay buenos que son malísimos”.

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