Checos y el imperio de los Habsburgo: de la lealtad a la ruptura-II

Francisco José I

El territorio checo formó parte del imperio centroeuropeo de los Habsburgo desde 1526. Pero la monarquía se autodestruyó, cediendo a la presión del nacionalismo alemán. Defraudó las esperanzas de los checos que el 28 de octubre de 1918 proclamaron la Checoslovaquia independiente.

Monumento a la batalla de Hradec Králové (1866)
Cuando en 1866 empezaron a resonar los cañonazos de la guerra desencadenada por Prusia contra el imperio de los Habsburgo, la sociedad checa dio numerosas pruebas de lealtad a la monarquía. Los universitarios se ofrecían para formar destacamentos de voluntarios, la población del nordeste de Bohemia, invadido por los prusianos, estaba dispuesta a tomar parte en actos de diversión contra el enemigo.

En la batalla de Hradec Králové, en Bohemia Oriental, los soldados checos combatieron con valentía y abnegación contra los invasores prusianos. Lo testimonia la canción sobre el legendario artillero Jabůrek.

La monarquía de los Habsburgo perdió la guerra contra Prusia. Con la derrota empezó su decadencia. Se inició el auge del imperio alemán, evolución que sería fatal para los destinos de Europa y del mundo. Alemania desencadenaría en el siglo XX dos guerras mundiales.

De la debilidad de la monarquía de los Habsburgo se aprovecharon los húngaros para lograr el cumplimiento de sus aspiraciones nacionales. La monarquía fue transformada en una confederación cuya parte occidental era controlada por Austria y la oriental por Hungría.

Batalla de Hradec Králové (1866)
La Constitución de 1867, que consagraba el ordenamiento dualista de Austria- Hungría, decepcionó a los checos. Una vez más sus aspiraciones autonómicas no fueron atendidas. En lugares memorables se celebraron concentraciones de protesta y los diputados checos dejaron de asistir a las deliberaciones de la Dieta en Praga y del Consejo Imperial en Viena.

En un intento de aliviar la tensión, el emperador Francisco José I prometió en 1871 que se dejaría coronar en Praga como rey checo. Los checos acogieron la noticia con inmenso júbilo porque consideraban la ceremonia a celebrarse en el Castillo de Praga como la confirmación de sus derechos históricos.

Pero los alemanes residentes en el territorio checo se opusieron a la coronación en la que veían un aliento a las aspiraciones nacionales de los checos. La voz de la población alemana tuvo más peso en la corte de Viena. La coronación fue cancelada.

Casco prusiano de 1866
La decepción de la ciudadanía checa fue enorme. Para expresar qué poco valor había tenido la promesa del emperador, unos hombres emprendedores imprimieron el documento imperial sobre la coronación en rollos de papel higiénico.

En las siguientes décadas, que precedieron al cataclismo de la Primera Guerra Mundial, los checos ya no sentían entusiasmo alguno por la monarquía de los Habsburgo. Aceptaban la unión con ella como un matrimonio de conveniencia porque temían que la desintegración de Austria-Hungría acarrease la anexión del territorio checo por parte de Alemania.

En este sentido era preocupante también el comportamiento de los alemanes residentes en las tierras checas. Éstos situaban sus aspiraciones más allá de los límites de Austria – Hungría, en la Alemania unificada. En las ciudades de Bohemia y Moravia donde había población alemana, se oían cada vez más alto en público los himnos del nacionalismo alemán, como la canción Wacht am Rhein (Centinela en el Rhin).

De mayor popularidad que el anciano emperador austro- húngaro Francisco José I, gozaba entre los alemanes checos el “canciller de hierro” Otto von Bismarck, artífice de la unificación de Alemania bajo la batuta de Prusia.

Francisco José I
La ruptura definitiva entre checos y la monarquía de los Habsburgo se produjo al estallar en 1914 la Primera Guerra Mundial. Austria- Hungría combatió al lado del imperio alemán contra la Entente, un bloque formado por Francia, Rusia y Reino Unido.

De la noche a la mañana fueron suprimidas una serie de libertades cívicas. Además, los alemanes residentes en Austria- Hungría no ocultaban que después de la victoria se procedería a una estrecha unión de la monarquía con Alemania y las aspiraciones políticas de los pueblos eslavos serían sofocadas.

El primer político checo en comprender la verdadera envergadura de este peligro fue el profesor Tomáš Garrigue Masaryk. Se dio cuenta de que el predominio del imperio alemán haría peligrar la propia existencia de la nación checa en el marco de la monarquía de los Habsburgo.

Después de contactar a funcionarios de alto rango en la corte de Viena, Masaryk concluyó que Austria- Hungría no sería capaz de transformarse en federación. En diciembre de 1914 emigró al extranjero donde empezó la acción a favor de la independencia checoslovaca.

El jefe del Estado Mayor austro-húngaro, Franz Conrad von Hötzendorf, general de corte prusiano, pregonaba que la contienda era un enfrentamiento entre eslavos y germanos. Desde esta óptica las autoridades militares consideraban a los checos como individuos subversivos.

Los checos destacaban por su falta de entusiasmo bélico. La guerra desencadenada por el partido belicista en la corte de Viena, no era suya. Los soldados checos no sabían por qué disparar a serbios y rusos.

El antimilitarismo de la población checa preocupaba a los mandos militares austro- húngaros de tal manera que llegaron a barajar la posibilidad de implantar en el territorio checo una dictadura militar. Las autoridades civiles, incluido el emperador Francisco José I y el primer ministro austro- húngaro Stürkg, se opusieron.

Aún así, en Moravia del Norte, cercana al frente oriental, los militares implantaron la ley marcial y en otoño de 1914 allí tuvieron lugar las primeras ejecuciones de personas que habían distribuido material de propaganda ruso.

La Primera Guerra Mundial fue un nuevo tipo de conflicto bélico. Fue una guerra total que afectaba también a la población civil en la retaguardia que padecía hambre y frío. Contra los hambrientos checos intervino en varias ocasiones el ejército.

También la policía austro-húngara se ensañaba con los ciudadanos. Eran acusadas de alta traición las personas que contaran un chiste político o difundieran rumores sobre el avance de las tropas del zar ruso.

Por alta traición fueron condenados a la pena capital los líderes políticos checos Karel Kramář y Alois Rašín. Se salvaron sólo gracias al indulto, decretado por el joven emperador Carlos I que gobernó la monarquía desde 1916.

A los checos les chocaba igualmente la estupidez de la censura militar. Los ciudadanos corrientes concluyeron que la monarquía ya no tenía remedio.

El largo y doloroso proceso de ruptura con la monarquía de los Habsburgo, en la que los checos habían vivido 400 años, culminó el 28 de octubre de 1918 cuando fue proclamada la Checoslovaquia independiente.

Desde 1993 son sus sucesoras la República Checa y Eslovaquia. Checoslovaquia no sobrevivió porque no supo transformarse en una auténtica federación de checos y eslovacos.

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