Cervezas que trae un trenecito y otras fórmulas con las que los restaurantes checos combaten la crisis

Foto: Restaurante Výtopna

El sector gastronómico checo sigue en tensión desde la crisis de 2008, se calcula que cada año cierran unos mil establecimientos. Los restaurantes apuestan cada vez más por la originalidad y la calidad, aunque se siguen viendo lastrados por un IVA que les desfavorece y un sistema de cupones de comida poco ágil.

Foto: Restaurante Výtopna
En un céntrico restaurante de Praga la comida no la trae un camarero, sino un tren eléctrico cuyas vías cruzan el local pasando por todas las mesas. Es un truco de marketing, pero funciona, de otra manera sería muy difícil mantener el pulso a un mercado que desde la crisis de 2008 predomina una fuerte competencia.

De hecho según un estudio de la agencia Data Servis, este año unos mil restaurantes no llegarán a verano, una tendencia que se mantiene ya varios años y que da un saldo negativo, a pesar de que se suelen abrir nuevos establecimientos continuamente. De los 30.000 restaurantes registrados en la República Checa en 2011, ahora solo quedan 29.000.

El comensal checo va menos al restaurante y ahorra más. A esta situación se añade una situación fiscal desfavorable para este tipo de empresas, según denuncia Václav Stárek, presidente de la Asociación de Hoteles y Restaurantes.

“La quiebra no se da solamente porque la gente va menos al bar, sino también por el ambiente empresarial. No negamos que en la gastronomía hay en cierta manera bastante economía sumergida, pero esta viene ocasionada por el sistema. El problema es el IVA. El empresario compra alimentos, que tienen un IVA reducido del 15%, les aporta el valor de su trabajo, y tiene que pagar luego el IVA normal, que está en el 21%. Tiene que aportar más impuestos que otra empresa por el hecho de elaborar comidas. Este es uno de los problemas clave del sistema, que nos afecta ya desde hace mucho tiempo”.

Stravenky, foto: archivo de Radio Praga
Otro problema sistémico son los cupones de comida, los llamados stravenky, otorgados por un 70% de las empresas checas a sus trabajadores. Los restaurantes se ven casi obligados a aceptarlos, porque si no perderían clientela, pero por cada cupón tienen que pagar una comisión a la empresa expendedora, y además el plazo para intercambiarlos por dinero es más largo de lo deseable.

A pesar de la continua reducción del número de restaurantes, la competencia sigue siendo feroz, lo que empuja los precios hacia abajo. Un menú de mediodía cuesta en Praga unos 3,5 euros. En una ciudad pequeña cuesta normalmente apenas tres euros.

Ante este entorno hostil, los expertos de Data Servis recomiendan a los restaurantes imaginación y aportar valor añadido al local, bien sea por el estilo, la calidad o la originalidad. Desde la Asociación de Hoteles y Restaurantes se aconseja apostar por la calidad de la cocina y del servicio, apuntando que no todo el mundo sirve para atender mesas. Indica asimismo que es necesario estudiar muy bien el mercado antes de inaugurar un nuevo establecimiento y evitar, por ejemplo, abrir una pizzería en una calle donde ya hay dos más.