Celtas, eremita y grutas misteriosas del Carso Checo

Carso Checo (Foto: Petr Vodička, CC BY-SA 3.0 Unported)

En esta edición de nuestros Radioviajes, les invitamos, estimados oyentes, a visitar con nosotros tres lugares que forman un triángulo. En sus vértices nos encontramos con los celtas, un eremita y entramos también en las grutas.

Carso Checo  (Foto: Petr Vodička,  CC BY-SA 3.0 Unported)
¿Y dónde se halla este triángulo? Ahora bien, para llegar allí, hay que tomar la autopista a Pilsen, siendo nuestro punto de partida la capital de Praga. Tras unos veinte kilómetros doblamos a la derecha en dirección al castillo de Karlstejn.

Sin embargo, al castillo no lo vamos a visitar, aunque merece la pena. Giramos al contrario a la izquierda y pronto estaremos en la zona que es el blanco de nuestro viaje, el Carso Checo. El primer destino está a unos quince minutos de la autopista.

El Carso Checo es una de las joyas del paisaje y de la cultura del país. Ya desde los albores de la historia, fue atractivo por sus riquezas y bellezas naturales, principalmente a los reyes que fundaron en la zona sus palacetes de caza.

La capital del Carso Checo es la ciudad de Beroun y su arteria, que lo atraviesa, el río Berounka. El subsuelo es calcáreo que da a las rocas que franjean el río un característico color blanco. La zona destaca por su valor natural y una gran riqueza de flora y fauna, protegida muchas veces en las reservas nacionales.

Tras esa breve introducción volvamos a nuestro primer destino, la aldea San Juan bajo la Roca, situada a la orilla izquierda del río Berounka en medio de los bosques. Su nombre viene de la iglesia que esta situada bajo una alta cresta rocosa y juntos crean un espléndido panorama. Los orígenes de la iglesia coinciden con los inicios del Estado checo, según nos explicó el guía local Bohumil Sevcík.

 San Juan bajo la Roca  (Foto: el autor)
La historia del San Juan bajo la Roca se remonta a tiempos muy antiguos. Comienza a finales del siglo IX, acerca del año 880, con la llegada del eremita Iván. Era un monje benedictino que se instaló en la gruta local que en el presente lleva su nombre. Según la tradición el eremita vivió allí por 42 años.

El nombre de Iván se relaciona con los inicios del cristianismo en las tierras checas. La leyenda dice que Iván fue el hijo de un príncipe. En aquel entonces el Estado checo todavía no existía. Había sólo varias tribus eslavas, como los premislitas.

Iván provenía de los obodritas que habitaban la zona de los Montes Gigantes en la actual frontera norte checa. Pasó unos años en Alemania donde se familiarizó con el cristianismo. Al volver al territorio checo, escogió como su residencia los bosques del Carso Checo.

La gruta de Iván forma parte de la iglesia barroca que está pegada a la roca. La cueva es del travertino, un material típico de la zona, y la mayor de su género en Europa Central.

San Juan bajo la Roca | Foto: Jaroslav Smrž,  Radio Prague International
Se encuentra allí el lecho de Iván, una cripta hecha según el modelo español y un altar que sirve para pronosticar el tiempo. Si la tabla de mármol está seca, hará sol, si está empañada por humedad, lloverá.

En la gruta encontramos la tumba original de Iván y también el llamado "El Hueco del diablo" relacionado con una leyenda sobre el ermitaño Iván, como nos contó el guía Bohumil Sevcík.

"Según la leyenda Iván tuvo al inicio problemas con los diablos que no le dejaban en paz e intentaban expelerle. El eremita estaba a punto de abandonar su gruta, cuando se le reveló San Juan Bautista y le dio una cruz para derrotar a los diablos. Se dice que los diablos enfurecidos por la derrota dejaron en su huida tras si un hueco en el techo de la caverna. La chimenea natural de la cueva de San Iván lleva por eso el nombre de "El Hueco del diablo"."

El eremita Iván fue sepultado en su cueva. El primer príncipe checo Borivoj mandó alzar por encima de su tumba una capilla, consagrada a San Juan Bautista. En la mitad del siglo XI, la capilla con la gruta fue encomendada a la administración espiritual del monasterio Ostrov, en una isla en la confluencia de los ríos Moldava y Sázava, cerca de la aldea de Davle, Bohemia Central.

San Juan bajo la Roca  (Foto: Archivo de ČRo7)
El monasterio de Ostrov fue arrasado en las guerras husitas en 1420 y los monjes vinieron al San Juan bajo la Roca. En la iglesia se conservó hasta el presente un recuerdo del monasterio de Ostrov. Es una campana de 600 años de edad que está colgada en el campanario. Es una de las campanas más viejas en el territorio checo.

En el siglo XVII el recinto fue un lugar de grandes peregrinaciones visitadas por habitantes de las ciudades vecinas. Dadas las concurrencias elevadas de creyentes, en 1656 fue construida una nueva iglesia más grande, una de las primeras iglesias barrocas en el Reino checo, pero no de todo perfecta, según nos informó el guía Bohumil Sevcík.

"Era un edificio bonito, pero construido en malos cimientos. La iglesia se halla sobre un viejo lecho de un arroyo en un terreno blando que no soportó el peso del edificio, de modo que tras 50 años la iglesia necesitó una gran reconstrucción que se repite hasta la actualidad".

La iglesia barroca es pequeña con sólo tres altares y una entrada a la gruta. En el centro se alza la tumba con los restos mortales de San Iván con la estatua del santo encima.

Al lado de la iglesia se halla también la fuente de Iván y la Piedra de Juan Hus, construida en 1919 como un símbolo de la independencia del Estado checo de Viena, la antigua capital del imperio austro-húngaro, y Roma, la capital de la fe católica.

Nos despedimos del San Juan bajo la Roca y con su protagonista, el ermitaño Iván, y nos dirigimos al segundo destino de nuestra gira por el Carso Checo. Esta vez pasamos a la orilla derecha del río Berounka y en una media hora bajamos frente a la entrada de las grutas de Koneprusy.

Las grutas de Koneprusy | Foto: Zp,  Wikimedia Commons,  CC BY-SA 3.0
El sistema de cuevas lo alberga la colina Zlatý kun "Caballo de oro" en español. El nombre de las grutas es también relativo a caballos. "Konepruské" viene del la denominación vieja checa para los caballos blancos " kone prusí ", que se criaban en la zona.

Las grutas de Koneprusy se formaron por el deslizamiento del agua que diluye la piedra caliza y forma cavernas subterráneas naturales. Los expertos no coinciden en la época exacta de su creación. Se supone que el carso comenzó a formarse desde hace 60 millones de años y las cuevas mismas se formaron unos 25 millones de años antes de nuestra era.

El agua creó tres pisos de las grutas, la diferencia entre los distintos niveles es de 70 metros. Este sistema de cuevas mide más de dos kilómetros. Al público están abiertos sólo los pisos superior y medio.

Los visitantes deben contar con una temperatura de diez grados centígrados que, sin embargo, en los días calurosos supone un buen refresco. La existencia de las grutas era conocida ya en la Edad Media. Alexandr Komasko, jefe de la administración de las grutas, nos explicó el último descubrimiento de las cuevas.

Las grutas de Koneprusy  (Foto: Zp,  Creative Commons 3.0)
"Las cuevas de Koneprusy fueron descubiertas la última vez en el siglo XX, en 1950. Fue durante los trabajos en la cantera, cuando tras una explosión se reveló un hueco en la pared de una gruta. Los obreros no pudieron alcanzar el fin de la caverna en un mes de trabajo cuando fue descubierto un sistema de grutas".

Este sistema es el mayor en toda Bohemia y su decoración de estalagnitas y estalactitas es la mayor de todo el Carso y además destaca por la presencia de ópalo. En varias grutas encontramos los elementos de decoración de nombres característicos, como el Órgano, una serie de estalactitas, la Campa, el estalagnito más grande, y las rozetas de Koneprusy, la decoración más antigua de un millón de años de edad.

En las cuevas no fue comprobada la presencia del hombre en los tiempos remotos, se hallaron sólo esqueletos de animales prehistóricos como el oso cavernícola, la zorra o el tejón. En una chimenea que da a las grutas fue encontrada una mujer sepultada allí hace 13 000 años. Además, en el siglo XV había un taller de falsificadores de moneda. Los actuales habitantes de las cuevas son los murciélagos.

Para concluir nuestro recorrido y completar el triángulo de nuestro viaje, debemos subir el rio Berounka pasando por la ciudad de Beroun y dentro de otra media hora llegamos hasta la aldea de Stradonice. Entre esta aldea y la villa de Nizbor sobre la colina Hradiste se encuentran los restos de un "oppidum" celta o sea un castro fortificado.

Stradonice  (Foto: CeSt,  Creative Commons 3.0)
Los hallazgos arqueológicos comprobaron a la población celta desde el siglo II antes de nuestra era. El castro de Stradonice, protegido por los lados por el río Berounka y un arroyo, fue uno de los mas importantes de Europa y se extendía en unas 90 hectáreas.

La existencia del oppidum se conoció en el siglo XIX. En el recinto del antiguo castro fue hallado un tesoro de 200 piezas de oro y plata de la era de los celtas. El descubrimiento desencadenó una busqueda fervorosa de otros tesoros que afectó de manera irreparable al lugar de hallazgo.

Varias explotaciones arqueológicas revelaron muchos restos de los edificios, fortificaciones y también una gran cantidad de instrumentos para fundir y elaborar hierro y bronce. Hasta se encontraron varios útiles medicos especializados para la trepanació del craneo. El castro fue primero considerado como un fortín de la tribus germánicas, pero nuevas investigaciones comprobaron el origen celta.

Y con la visita al oppidum celta de Stradonice concluimos, estimados oyentes, nuestro recorrido por el Carso Checo en Bohemia Central, un área llena de bellezas naturales que une distintas épocas de la prehistoria e historia checas.

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Autor: Jaroslav Smrz
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