Cazadores mágicos y cráneos incombustibles

Montes del Jizera

Al norte de Bohemia, en la frontera checo- polaca, se alzan los Montes del Jizera, en el pasado escenario de proezas de cazadores mágicos. En caseríos solitarios, perdidos entre sombríos bosques, fundían, a través de rituales secretos, balas mágicas que nunca erraban el blanco. Así lo narran las leyendas populares que les contaremos.

Montes del Jizera
Los cazadores mágicos más célebres y más temibles vivían en el lugar más solitario de los Montes del Jizera, en el caserío de Velká Jizera. Situado en el seno de infinitos bosques, estaba cercado por turberas y pantanales.

La nieve se mantenía en Velká Jizera durante medio año. Lluvias y nieblas eran muy frecuentes. Debido a las desfavorables condiciones climáticas, ganarse la vida allí era bastante difícil. En las casas, esparcidas en una ladera sobre la oscura corriente del río Jizera malvivían desde principios del siglo XVII sólo leñadores y pastores.

Aún en la primera mitad del siglo XIX los vecinos del caserío no tenían otra solución que ganarse el sustento con la caza furtiva, robo de leña y contrabando.

La destreza de los cazadores furtivos dio origen a numerosas leyendas sobre los rituales mágicos que practicaban. Los cazadores mágicos más célebres fueron los Tapper, del caserío de Velká Jizera.

El viejo Tapper era un cazador furtivo muy peligroso, responsable de la muerte de varias personas. Una vez llegaron a Velká Jizera soldados y guardabosques para arrestarlo, pero Tapper no estaba en casa. Su mujer pretendió matar a los soldados, y por eso colocó en la estufa un rollo de madera en cuyo interior Tapper había escondido la pólvora y el plomo para la fundición de balas mágicas.

Montes del Jizera
Pero Dios se compadeció de los inocentes soldados y la pólvora no estalló. De la estufa salió sólo un chorro de plomo fundido como prueba de que Tapper fabricaba clandestinamente balas para la caza furtiva.

Se decía del viejo Tapper que, además de matar a varios guardabosques, asesinó a su hija y al amante de ella, y enterró los cadáveres en el sótano de su casa.

Cometió también sacrilegios. Una leyenda dice que el plomo para las balas mágicas que fundía, procedía de las ventanas robadas de una iglesia. Y para que el ritual de la fundición de balas llegara a buen término y la escopeta nunca fallara, era necesario llevar de la misa secretamente en la boca una hostia, pegarla a un árbol y perforarla con una bala. En las pasadas centurias, eso era uno de los pecados más graves.

El viejo Tapper acabó muy mal. Una noche hacía caza furtiva entre los pantanales del río Jizera donde los pinos enanos bordeaban lagunas oscuras.

De repente Tapper avistó una liebre blanca. El cazador furtivo lo consideró una señal nefasta. Decidió regresar a casa.

Pero no reconocía el paisaje en que se encontraba. Estaba totalmente desorientado en medio de los peligrosos pantanales del Jizera.

La luna derramaba una luz fría sobre las aguas oscuras, y sobre las turberas flotaban jirones de niebla.

El viejo Tapper vio súbitamente un grupo de niños que bailaban sin el menor ruido en el pantano, alrededor de unos pinos enanos.

¡Y en medio de los niños, el cazador vio el espectro de él mismo! Largo tiempo lo contempló paralizado. Después sacó fuerzas de la flaqueza y disparó.

El disparo sonó como un trueno y el cazador furtivo vio que estaba sólo a unos metros de su casa en el caserío de Velká Jizera. Después de tantos sobresaltos, el viejo Tapper se volvió loco.

El hijo de Tapper vivió a principios del siglo XIX. Era menos ducho en la magia que su padre y los hechizos a veces no le resultaban. La fundición de balas mágicas se le salió de control y acabó por causar su muerte.

Para la obtención de las balas mágicas era imprescindible un cráneo humano, a través de cuyas cavidades oculares se vertía el plomo fundido. Los cazadores mágicos solían desenterrar los cráneos en el cementerio de Polubné, en las faldas de los Montes del Jizera. En una noche oscura lo hizo también el joven Tapper.

En el caserío de Velká Jizera estaba todo preparado para el siniestro ritual. Otros tres cazadores furtivos trajeron la hostia y el plomo.

El joven Tapper empezó a verter el plomo fundido a través de una de las cavidades oculares del cráneo. Cuando le salpicó una gota del metal, en el ojo de la calavera brilló un destello amenazador.

Terminado el ritual, los seres impuros llegaron para sellar el hechizo. En la habitación se oyó un infernal estruendo. El candelabro se apagó y la sala se sumergió en la oscuridad...

Cuando se disiparon las tinieblas, pudo verse que uno de los cazadores furtivos había sido lanzado debajo de un pesado armario y sus compañeros habían sido arrojados debajo de la mesa o entre la estufa y la pared. Costó mucho trabajo sacarlos de allí.

Algo extraño había pasado también con la calavera. Yacía sobre la mesa y sus descarnadas mandíbulas hacían una espantosa mueca. El joven Tapper tembló de miedo porque jamás le había ocurrido algo semejante. Agarró el cráneo y lo tiró al interior de la estufa.

De la estufa salió un bramido. Tapper se volvió a la mesa y, para su gran espanto, de la tabla de la mesa lo miraba con sorna la misma calavera que hacía unos instantes había arrojado a las llamas. Los cabellos del cazador furtivo se erizaron de horror. Huyó con el cráneo a la orilla del río Jizera y quiso arrojarlo a las oscuras olas.

El río JIzera, foto: ŠJů, CC BY-SA 3.0 Unported
La calavera, agarrada al joven Tapper, lo arrastró al agua, y faltó poco para que el cazador furtivo se ahogara. Cuando regresó a casa, la calavera estaba de nuevo sobre la mesa mirando a Tapper con burla. Intentó enterrarla, pero la calavera siempre volvía a la mesa de su habitación.

La misma noche, el joven Tapper devolvió el cráneo al cementerio de Polubné donde lo había robado. Fue en vano. Cuando regresó al caserío de Velká Jizera, volvió a encontrar la calavera sobre la mesa.

Para librarse del poder de las fuerzas sobrenaturales, el joven Tapper pidió la ayuda de un verdugo del interior de Bohemia. Éste amontonó primero una pila de leña detrás de la casa del cazador furtivo y le ordenó que no la tocase mientras estuviera vivo y la dejase podrir.

El verdugo se dio después una cita con Tapper en las Lagunas Negras, en la cresta de los Montes del Jizera. El cazador furtivo debía traer la calavera y un jarro.

Cuando Tapper llegó al lugar, el verdugo rompió el fondo del jarro y lo arrojó a las oscuras aguas de una de las Lagunas Negras. Al mismo tiempo, tiró al agua la calavera, a la que ordenó que con el jarro sin fondo bombeara las aguas de la laguna.

Una leyenda dice que si lograse bombear toda el agua de la laguna, llegaría el Día del Juicio Final.

¿Se salvó el joven Tapper ?

No. No tuvo la paciencia de dejar intacta la pila de leña detrás de su casa como le había recomendado el verdugo.Cuando arrojó a la lumbre la primera brazada de leña, volvió la maldición de su familia y el cazador furtivo enloqueció. Murió poco tiempo después, perseguido por visiones fantasmales.