“Vivíamos bajo el socialismo, Isla de Pascua pertenece a Chile. Era inimaginable para un checoslovaco viajar en 1986 al país de Pinochet”

Pavel Pavel es el arqueólogo checo que le enseñó a caminar a los moáis de Isla de Pascua. Justo cuando se cumplen 40 años de su primer viaje a ese recóndito lugar, Pavel Pavel ejercita la memoria. Y además celebra: acaba de ganar el premio al audiolibro de viajes del año con Rapa Nui.

Te Pito o te Henua, el ombligo del mundo. Los nativos de Rapa Nui creen que Isla de Pascua es el centro de la tierra, por su ubicación estratégica en medio del Pacífico. Y por lugar remoto y recóndito Rapa Nui casi no tiene competición, pero antes era mucho más inaccesible todavía.

Pavel Pavel en la Isla de Pascua,  junto a las estatuas moai,  a las que dio vida | Foto: archivo de Pavel Pavel

El famoso ingeniero, escultor y arqueólogo checo Pavel Pavel fue quien desentrañó el misterio de cómo los moáis eran movidos de un lado a otro de la isla, experimentando con instrumentos rudimentarios.

Pavel Pavel visitó por primera vez Isla de Pascua en 1986. Y todavía no entiende cómo lo dejaron entrar a Chile. En conversación con Vladimír Kroc de Radiožurnal, Pavel Pavel recuerda ese primer viaje, 40 años después.

Una de las estatuas moái de Ahu Tahai | Foto: archivo de Pavel Pavel

“En la Checoslovaquia de entonces vivíamos bajo el socialismo y la Isla de Pascua, que está en la Polinesia, pertenece a Chile desde 1888. En aquella época, en 1986, en Chile había una dictadura, por lo que era impensable que un checoslovaco viajara al Chile del dictador Pinochet. Thor Heyerdahl, noruego y promotor del viaje, llevaba rusos y árabes en sus expediciones, así que tuvo muchas dificultades para obtener visas para todos nosotros para el viaje a Chile, pero de alguna manera lo consiguió y en esa ocasión también le otorgaron, casi de casualidad, una visa al checoslovaco Pavel Pavel de 29 años, originario de Strakonice, al sur de Bohemia”.

Entrar a Chile era una cosa, pero manipular las estatuas otra totalmente diferente, pero Pavel Pavel, aunque joven, era un hombre de mucho ingenio y recursos.

Pavel Pavel en su jardín | Foto: Vladimír Kroc,  Český rozhlas

“¿Y el permiso para mover los moáis? Afortunadamente, en aquel entonces, la protección de las estatuas estaba en sus inicios. Así que visitamos el Museo Nacional de Chile. Fuimos a pedir los permisos para trabajar en Isla de Pascua. Todos pensaban que me enviarían de vuelta a Checoslovaquia, porque era inútil llevarme a Isla de Pascua, no habrá permiso para tocar los moáis ni menos moverlos. Me sentía incómodo al imaginar que, después de tres días y tanto esfuerzo, me devolverían a mi país. Así que pregunté: ¿Hay cemento en la Isla de Pascua? Pues claro que hay, allí construyen normalmente. Entonces haré un molde en la arcilla, una réplica de una estatua. Soy escultor. Y lo rellenaremos con hormigón, se endurecerá en una semana, y haremos un experimento con nuestra estatua de hormigón, como ya lo hice antes en mi país, les voy a demostrar cómo moverla, con cuerdas e instrumentos rudimentarios, como lo hicieron antes los habitantes de Rapa Nui. Todos creyeron que no iba a resultar. Pero los del Museo Nacional pensaron: si lo consigue y le cuenta al mundo que no le dimos permiso para trabajar, entonces sí que será un problema para nosotros. Así que nos dieron el visto bueno y sellaron nuestros pasaportes. Fue una especie de ayuda checa para Thor Heyerdahl y gracias a eso me convertí en la primera y última persona que tuvo permiso para mover un moái de pie”.

 Restricciones

Ahora las cosas han cambiado mucho y hay muchas restricciones así que Pavel Pavel tuvo suerte, estuvo en el lugar preciso en una época beneficiosa para él y sus experimentos.

Jiří Hanzelka y Miroslav Zikmund  | Foto: Muzeum jihovýchodní Moravy ve Zlíně

“Cuando visité por primera vez Isla de Pascua, la gente iba a todas partes, nada estaba prohibido, había pocos turistas, un avión volaba allí una vez por semana, así que era un lugar remoto, recóndito, casi salvaje. Hoy en día, hay muchísimos más turistas, los aviones vuelan allí prácticamente dos veces al día, todos los días, y claro que debe haber algún tipo de regulación. Las estatuas están valladas, no se pueden tocar, ni apoyarse en ellas, ni sacarles fotos, ni moverlas, etc. Así es como ha cambiado la situación desde mi primer viaje. Hoy en día las estatuas son casi inaccesibles. Si las tocas, un guarda forestal te grita que te van a multar, cosas así”.

Cuando era niño, sus padres lo llevaron al cine a ver Aku Aku, de Thor Heyerdhal, sobre las primeras expediciones del noruego a Isla de Pascua. Y allí quedó prendado de los moáis y quiso saber más. Esas enigmáticas estatuas de mirada severa y ceño fruncido despertaron su curiosidad.

Thor Heyerdahl | Foto: MFDF Jihlava

“Bueno, he sido un soñador romántico desde la infancia y solía recortar artículos sobre el Triángulo de las Bermudas, sobre cohetes, sobre ovnis, por supuesto la Isla de Pascua, pirámides aztecas, mayas, incas y egipcias, todos esos misterios. Me adentré en este mundo alrededor de los 13 años, cuando apareció el libro de Erich Von Däniken sobre recuerdos del futuro. Todo esto me influyó para soñar e interesarme por los misterios del mundo. Los famosos viajeros checos Hanzelka y Zikmund me transmitieron su esencia a través de sus libros, al igual que Miloslav Stingl, quien influyó en mi fascinación por los viajes y los misterios de las construcciones del mundo de nuestros antepasados. Y lo otro es viajar, y todo encajó a la perfección. Thor Heyerdhal nos demostró que nosotros, los que navegamos en balsa por los estanques cerca de Strakonice, también podemos soñar con cruzar el océano en balsa, a través del Pacífico hasta la Polinesia, o en barcos de totora desde Marruecos hasta Centroamérica, como él hizo con el Kon-Tiki. Así que todo se fue dando, vi que había maneras, que era posible. Solo hay que tener un poco de suerte y estar un poco preparado”.

Miloslav Stingl en Nueva Zelanda | Foto: archivo de  Miloslav Stingl

Ahora, para cerrar el círculo de una vida dedicada a los viajes y la investigación arqueológica, acaba de ganar el premio Hanzelka y Zikmund al mejor audiolibro de viajes del año con Rapa Nui, lo que le hace mucha ilusión, ya que ellos fueron sus maestros.

Pavel Pavel es el checo que le enseñó a caminar a los moáis y todavía disfruta recordando sus aventuras en Isla de Pascua, de 1986, cuando no había restricciones de ningún tipo y él pudo manipular y mover un moái y mostrarle al mundo sus hallazgos.

Autores: Vladimír Kroc , Gonzalo Núñez | Fuente: Český rozhlas
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