Un equipo checo descubre la mayor telaraña del mundo
En la Cueva del Azufre, en la frontera entre Grecia y Albania, un equipo de espeleólogos checos dio con la que podría ser la mayor colonia de arañas del mundo. Más de cien mil ejemplares de dos especies distintas que conviven en una sola tela de más de cien metros cuadrados en la penumbra eterna en la mayor cueva termal subterránea jamás descubierta.
La noticia ha dado la vuelta al mundo, cuando en realidad, la telaraña fue descubierta ya en el año 2022 por un equipo de la Sociedad Checa de Espeleología. Lo que no se dieron cuenta entonces, inmersos en la penumbra eterna del lugar, era de lo monumental y único de su hallazgo. Y es que el lugar ya tenía bastantes características únicas de por sí. En la primavera de este año dieron la noticia de que esas grutas en el cañón de Vronomer, en la frontera entre Grecia y Albania, eran la cueva termal subterránea más grande del mundo.
Pero el récord no se ha quedado ahí, ya que recientemente publicó la revista Subterranean Biology el estudio de esa tela de araña que encontraron: tiene una superficie total de 106 metros cuadrados, mayor que una cancha de tenis, con unos diez centímetros de grosor. En ella conviven dos especies distintas de arañas formando la que se cree que es la mayor colonia de ese tipo, con unos 110.000 ejemplares.
En el programa científico Hyde Park de la Televisión Checa, el director de la expedición, Marek Audy, explicó las condiciones que se reúnen en el sitio para que se dé un fenómeno tan extraordinario.
“A las arañas les va muy bien en ese lugar porque no tienen depredadores. Los insectos voladores, que les sirven de alimento, literalmente vuelan hasta sus nidos. Otro resultado de la investigación biológica fue que estas arañas no ponen tantos huevos como sus parientes en la superficie. Ponen alrededor de un tercio menos, y esto es debido a que no hay peligros para ellas, a que hay suficiente alimento y no necesitan poner más”.
El fotógrafo de la misión, Richard Bouda, explicó en ese mismo programa la sensación al encontrarse con semejante panorama.
“Es una mezcla de sentimientos, claro, porque sí, las arañas suelen vivir en cuevas, pero vas por esa cueva, y la telaraña está en una posición que de repente apareces justo al lado y es una sorpresa tremenda. Y todas esas películas de terror que has visto en la vida te pasan por la cabeza y no es una sensación muy agradable. Uno no quiere quedarse ahí mucho tiempo”.
La posición de la tela, sin embargo, no está pensada para asustar a las visitas ni es, en absoluto, casual.
“Además, está muy bien ubicada; las arañas saben muy bien dónde ponerla. De hecho, la red empieza justo donde termina la zona inundable, hasta donde llega el río Sarandopor cuando sube”.
Lo que sí es casual es que la telaraña marca exactamente la frontera entre Albania y Grecia dentro de esta cueva que se extiende por los dos países balcánicos. Esto, aparte de lo anecdótico, sin embargo, podría incluso complicar el acceso o los permisos para futuras investigaciones. ¿De quién es esa tela de araña?
La unión hace la fuerza
Una vez publicado ya el primer estudio hecho a fondo de la tela de araña, aunque seguro que no es el último, el aracnólogo Vlastimil Růžička, explicó en el canal ČT24 de la Televisión Checa muchas de sus particularidades.
“Es una telaraña extraña. Podemos ver telarañas tan grandes como esta en otras partes del mundo, pero sobre la superficie. Telarañas que se enredan entre arbustos, setos o copas de árboles, pero siempre en la superficie, donde hay vegetación, donde vuelan los insectos. Bajo tierra es absolutamente único e inédito”.
Y que sea bajo tierra, es raro, pero es lo que permite que sea tan extraordinariamente grande y gruesa, dice Růžička.
“La telaraña se crea gracias al constante hilado de las arañas. Cada nueva generación teje su propio tramo, y recordemos que bajo tierra no hay ningún factor que la destruya. No llueve, no caen hojas, no sopla el viento, por lo que, puede que después de décadas, se pueda crear semejante manto”.
Una de sus mayores curiosidades es que en ella conviven más de cien mil arañas de dos especies distintas de las que no se tenía ninguna constancia previa de ese tipo de relación, prosigue Růžička.
“Son varias las cosas realmente únicas en esta tela de araña. La Tegenaria domestica (la araña doméstica del embudo) es una araña doméstica común y corriente. Son las arañas que todos conocemos de nuestros hogares. Excepcionalmente se encuentran en la naturaleza, quizás en escombros rocosos o en alguna cantera, pero más al sur, en los Balcanes, se sabe que habitan en cuevas”.
“La otra especie, la Prinerigone vagans, es más rara en Chequia; se han avistado unos diez ejemplares; por ejemplo, cerca de una presa o en prados del Paraíso Bohemio, en la región de Lednice… mientras que en el resto de Europa es una especie común, pero eso sí, una especie de superficie, de hábitats abiertos, es decir: prados, biotopos costeros, laderas… En una cueva, esa araña no se había visto jamás, nunca”.
De la araña doméstica del embudo se calculan en 69.000 las habitantes de esa megaciudad arácnida, mientras que de la Prinerigone vagans hay unos 42.000.
Se trata de animales, en condiciones normales, solitarios, que se han vuelto sociales. De hecho, lo habitual es que la araña del embudo se alimentase de arañas como la Prinerigone vagans. Pero aquí se respetan. La colaboración se impuso a la competencia y es la base del éxito de esa inaudita sociedad. O quizá, simplemente, al no haber luz, tampoco hay impulsos que despierten la agresividad entre los individuos.
Un banquete continuo
La alimentación de la colonia es otro de los factores bastante particulares. El nombre de Cueva del Azufre no es casual. Oscuridad absoluta y azufre. No parece un entorno ideal y, sin embargo, para esta colonia, lo es.
“En la Cueva del Azufre hay una fuente de sulfuro de hidrógeno que las bacterias procesan para formar sus cuerpos. De estas bacterias se alimentan las larvas de quironómidos, que conocemos bien en Chequia porque son el principal alimento de las carpas en nuestros estanques. Pero en este estanque no hay carpas para comerse las larvas, así que se transforma en pupa, la pupa sube a la superficie, se abre y un pequeño quironómido emerge. ¿Y adónde asciende? En un estanque en la superficie, se va hacia el sol, y si está cerca de la orilla y hay telarañas tendidas en la vegetación, es fácil que terminen en una. Pero en las imágenes de esta cueva, se pueden ver enormes cantidades de quironómidos eclosionando. Son enjambres, así que, en resumen, buena parte de estos mosquitos terminan en esa red gigante”.
Análisis genéticos de ambas especies han demostrado también el aislamiento de esta civilización arácnida con respecto a sus congéneres que viven en la superficie con unas mutaciones sustanciales.








