Tradiciones de la Pascua Florida en la República Checa

La Pascua Florida es acompañada en toda Europa Central de bellas tradiciones populares. En la República Checa goza de mayor popularidad entre los ciudadanos la Navidad, aunque, según afirma Jirina Langhammerová, directora de la Sección de Etnografía del Museo Nacional de Praga, la Pascua Florida, como la fiesta más importante del mundo cristiano, tiene profundas raíces en este país.

Foto: Martina Schneibergová / Radio Praga
"A los cristianos, la Pascua, que se celebra el primer domingo posterior al plenilunio primaveral, les recuerda la Pasión y Resurrección de Cristo. Pero también los pueblos paganos, antes de la era cristiana, le atribuían gran importancia a este período del año, festejando el fin del invierno, de la oscuridad y la llegada de la primavera, de una nueva vida a la naturaleza".

En las Tierras Checas, las tradiciones paganas vinculadas con la llegada de la primavera se fueron entrelazando con el correr del tiempo con las tradiciones cristianas de la Pascua de Resurrección, conservándose entre el pueblo checo hasta el presente muchas bellas costumbres, y también supersticiones.

Los preparativos para la Pascua Florida comenzaban con el período de la cuaresma. Ese período enlazaba con los carnavales, siendo concebido como una despedida del invierno. Suponía el fin del desenfreno y una dieta más modesta y austera.

El Domingo de la Muerte (Foto: Jana Bendová / Archivo de ČRo)
"El período de la cuaresma era de seis semanas de duración y cada uno de los domingos de ese período tenía en nuestra tierra su significado y costumbres especiales. Una, que en el campo checo se ha conservado hasta el presente, está relacionada con el Quinto Domingo de Cuaresma. Ese día nuestros antepasados solían liberar sus pueblos de la Muerte, o sea, del Invierno. Por eso también, ese domingo es denominado en las Tierras Checas El Domingo de la Muerte", sostiene la etnógrafa, Jiřina Langhammerová.

Ese día solían juntarse todos los habitantes del pueblo, especialmente los niños y la juventud y, alzando la Muerte sobre sus cabezas, la llevaban fuera de la aldea donde la quemaban o la arrojaban al río.

"Esta tradición es muy bonita. En tanto que símbolo de la Muerte se hacía un muñeco de paja, éste se vestía y se colocaba en un largo palo de madera en forma de cruz. En el muñeco se colocaban también conchas y huevos vacíos. Estos objetos sin vida, también eran símbolos de la muerte. Con el muñeco se atravesaba la aldea, para que todos vieran que la muerte pronto desaparecería del lugar. Después la Muerte se quemaba o se lanzaba al agua. Ese era el fin del invierno y de la muerte", señala la etnógrafa Jiřina Langhammerová.

Foto: CzechTourism
Las muchachas regresaban al pueblo con un ramo verde en sus manos, como símbolo de que algo nuevo comienza, que en la naturaleza aparece una nueva vida y retorna la alegría.

La alegría es lo que caracteriza el ambiente durante el último domingo de Cuaresma, el Domingo de Ramos, recordando la entrada de Jesucristo en Jerusalén. En los territorios checos ese día solía bendecirse en las iglesias el agua y las ramas de sauce con amentos. Éstos debían traer la suerte al hogar, por lo que se ubicaban luego detrás del crucifijo. Los ramos bendecidos se colocaban también en los campos, para que hubiera buena cosecha ese año.

Desde tiempos remotos, a partir del Domingo de Ramos se procedía en la República Checa a otro importante ritual que es la limpieza general de los hogares. No sólo se lavaban las ventanas, los muebles y los pisos, sino que se solían pintar también de blanco las paredes del inmueble. Esta tradición ha sentado profundas raíces en las Tierras Checas, afirma la etnógrafa Jiřina Langhammerová. Las amas de casa checas asumen la limpieza primaveral como su obligación natural.

Jiřina Langhammerová (Foto: Jan Sklenář / Archivo de ČRo)
El miércoles posterior al Domingo de Ramos se denominaba Miércoles Amargo, recordando que ese día Judas había puesto mala cara a Jesucristo. Entre el pueblo checo se creía que aquél que ese día pusiera mala cara o tuviera mal genio, permanecería así todo el año.

Las mujeres vestían trajes oscuros, los hombres se abstenían de fumar y de tomar bebidas alcohólicas. Ese día se servían guisantes y lentejas y comenzaban a pintarse huevos, el más importante símbolo de la Pascua Florida en la República Checa, que evocaba una nueva vida.

El Jueves Santo o también Jueves Verde, en checo, se acostumbraban comer en las Tierras Checas platos con mucha verdura. Ésta debía ser, naturalmente, de color verde, así es que se comía col, espinaca, guisantes, pero también, por ejemplo, ortigas.

Antaño, las ortigas sustituían a las verduras, siendo una de las primeras plantas que aparecía después del largo invierno. Se les adjudicaba una fuerza curativa y hasta hoy, durante la Pascua Florida muchas amas de casa suelen preparar carne asada con un relleno de huevos, pan y ortigas. También se hace un plato especial con cinco tipos de carne picada, a la que se le añade pan remojado en leche, cebolla, ajo, huevos y, naturalmente, ortiga en abundancia. La masa se revuelve y se pone a asar al horno. Es una verdadera delicia.

También se suelen preparar ese día unos panecillos de masa de levadura en forma de trenza o de caracol. Se les denomina panecillos de Judas, haciendo alusión a la traición de Judas a Jesucristo que está relacionada con ese día. Su forma simbolizaba la cuerda en la que luego Judas se ahorcó o también el alma torcida de Judas.

"Las tradiciones de la Pascua Florida en la República Checa son realmente abundantes. El Jueves Santo, en vista de que ese día tañen por última vez las campanas, suponiéndose en la tradición popular checa que éstas habían volado a Roma para regresar el Sábado Santo, su sonido lo reemplazaban las matracas, con las que grupos de varones recorrían las aldeas y ciudades del país. En el campo checo esta costumbre se mantiene hasta nuestros días", dice Jiřina Langhammerová, directora de la Sección de Etnografía del Museo Nacional de Praga.

Para sustituir el sonido de las campanas, los varones recorrían los pueblos con las matracas tres veces al día, o sea, por la mañana, al mediodía y al caer el sol.

Al Viernes Santo los campesinos checos le atribuían un significado especial. Ese día no se podía labrar. Los campos debían permanecer en tranquilidad para que la cosecha fuera abundante ese año. El pueblo checo vinculaba el Viernes Santo igualmente con el poder mágico. Creía que ese día la Tierra se abría, ofreciendo sus tesoros.

"La mística es algo característico para estos territorios. Las leyendas populares están muy extendidas entre el pueblo checo y las hay en abundancia. Es natural que algunas estén vinculadas con la Pascua Florida. Recordemos que las tradiciones y supersticiones paganas en las Tierras Checas fueron entrelazándose con el correr del tiempo con las costumbres del cristianismo. El pueblo fue adaptando las tradiciones cristianas a sus necesidades, a sus sueños. Es así que surgió la leyenda que narra cómo el Viernes Santo la Tierra se abre para que los más necesitados puedan recoger los tesoros que en ella se ocultan", explica la etnógrafa Jiřina Langhammerová.

Como indica la señora Langhammerová, el tema de los tesoros debemos concebirlo de manera simbólica. Un tesoro no son solamente oro y piedras preciosas, sino también el agua que para nosotros, los seres humanos, es el tesoro más valioso.

Foto: Archivo de Radio Praga
Es por eso que en la tradición popular checa se creía que ese día el hombre adquiría una fuerza especial que le ayudaba vencer el mal, incluyendo las enfermedades. Los campesinos se levantaban temprano, con el amanecer, y se lavaban en un arroyo con agua fría. El agua lo llevaban luego en recipientes a sus hogares y rociaban con él todos los rincones de la vivienda. También se respetaba el ayuno, para que la purificación fuese completa.

El día en que la alegría retorna a los hogares es el Sábado Santo. A la entrada de las iglesias se bendecía el fuego, y la gente se llevaba después trozos de madera carbonizada a sus casas y a los campos, para protegerlos de los incendios. La alegría de ese día era acentuada por el hecho de que al mediodía volvían a repicar las campanas.

El resplandor, la nueva vida, eran acentuados en el campo checo en forma de unos panes dulces redondos que se hacían de masa de levadura y se decoraban con almendras picadas. Por encima se les hacía una cruz con la punta de un cuchillo. La costumbre de estos panes se conserva hasta la actualidad, siendo muy extendida por la República Checa.

Foto: CzechTourism
"Para los eslavos los panecillos y otras comidas dulces adquieren un simbolismo especial. La masa de levadura, de la que se preparan muchos tipos de panecillos, simboliza el crecimiento de los valores. Una buena cosecha y firme salud, por ejemplo. El Domingo de Pascua no es habitual en la República Checa comer carne de cordero. De modo simbólico, nuevamente, los checos acostumbran preparar un panecillo dulce en forma de cordero, hecho de huevos batidos, azúcar y harina. El cordero es adornado después con una cinta roja, símbolo de la vida, y ese mismo símbolo lo representa una ramita verde que se sitúa en su boca y huevos cocidos y pintados, colocados a su alrededor", dice la etnógrafa Jiřina Langhammerová.

Los corderos dulces no pueden faltar hasta el presente en ningún hogar de la República Checa durante la Pascua Florida. Cada ama de casa tiene su propia receta heredada de generación en generación. Algunos corderos tienen relleno de chocolate o de vainilla, otros tienen cubierta de chocolate. En fin, la fantasía no tiene límites.

Foto: CzechTourism
Las más bonitas tradiciones populares checas vinculadas con la Pascua Florida se relacionan al Lunes de Pascua.

"Desde tiempos remotos, los checos concebían esta jornada como un día de júbilo. Las tradiciones de este día se han conservado desde épocas precristianas y tienen firmes raíces en las Tierras Checas. Los varones fabrican para esta ocasión unas trenzas especiales de sauce verde con las que recorren desde la mañana los pueblos y ciudades, y azotan simbólicamente a las mujeres. No es una costumbre tan drástica o violenta como pueda parecer, sino que nuestros antepasados creían en el poder mágico de estas varitas. La mujer que llegara a ser azotada con ellas, rejuvenecería y estaría sana durante todo el año. Para cada mujer era algo positivo, un honor, el ser azotada", afirma la etnógrafa Jiřina Langhammerová.

También esta tradición se ha conservado en la República Checa. Especialmente en el campo, el Lunes de Pascua se pueden ver grupos de varones con varitas decoradas con cintas multicolores. Fabricar esas varitas es un verdadero arte y el que sabe hacerlo es respetado por todos los vecinos.

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Además de azotar, los muchachos suelen cantar diversas coplillas populares, pidiendo que las jóvenes les regalen huevos pintados, como recompensa por haberlas azotado.

El huevo pintado es lo más típico de la Pascua Florida en la República Checa, según lo confirma Jiřina Langhammerová, directora de la Sección de Etnografía del Museo Nacional de Praga.

"El huevo es el más característico símbolo de la vida. En las Tierras Checas es una bella tradición pintar los huevos y decorarlos de las más diversas formas. Las distintas técnicas de decoración son todo un arte y cada región del país se caracteriza por una técnica especial de adornar los huevos de Pascua Florida. El color más frecuente que se utiliza es el rojo, el color de la sangre, de la vida. También se tiñen de verde, en tanto que símbolo de la naturaleza".

Antaño se pintaban sólo huevos cocidos, pero, debido a que algunas de las técnicas de decoración son muy complicadas, llevando horas adornar un huevo, desde el siglo pasado se acostumbra decorar también huevos vacíos, para poder conservarlos más tiempo.

Son muchas realmente las técnicas de decoración de los huevos de Pascua Florida en la República Checa. Primero se tiñen de algún color, utilizándose para ello mayormente colorantes de orígen vegetal, como cáscaras de cebolla, azafrán, cáscaras de nueces, etc. Una vez coloreado el huevo se pueden hacer en él hermosos ornamentos, utilizando cera de abeja. Ésta se coloca sobre el huevo con ayuda de la cabecilla de un alfiler. Cuesta mucho, ya que la cera derretida se endurece muy rápidamente y es necesario apresurarse a hacer sobre el huevo pequeñas rayas e ir formando con ellas los ornamentos.

También está muy extendida la técnica del grabado, utilizando una delgada pluma mojada en ácido. Muy especiales son los huevos pintados de la zona de Haná, al este de la República Checa, dice la etnógrafa Vladislava Bělíková del Museo de la ciudad morava de Kromeříž.

"La región de Haná ha conservado muchas de las antiguas tradiciones populares. Una de ellas es la de pintar huevos de Pascua. En esta zona se acostumbra decorar los huevos con paja seca, con la que se van formando hermosos diseños. La fabricación de estos huevos demora a veces hasta 30 horas. Es por eso también que pocas mujeres siguen dedicándose a esa labor, pues el buen resultado depende también de la adecuada preparación de la paja que debe resecarse un año antes de ser utilizada".

El huevo pintado más hermoso se regala al ser más querido: al padre, al esposo o al novio. Es un mensaje de amor y de una nueva vida que comienza con la llegada de la primavera.