Todos los fines de semana a la casa de campo, pero no a descansar

Calles vacías, comercios cerrados, pocos vehículos en las principales avenidas, casi nada de gente. Esa es la característica que predomina en los barrios residenciales de Praga los fines de semana. ¿Razón? Los checos prefieren irse a sus casas de campo.

Algunos barrios residenciales de Praga sufren, de viernes a domingo, una verdadera transformación, ya que sus habitantes se desplazan en masa hacia las casas de campo, donde la vida bulle.

La casa de campo -chata en checo- es toda una institución. Los ciudadanos van apurados al trabajo los viernes, huyen temprano aludiendo cualquier pretexto, cargan sus vehículos con ropa, alimentos y bebidas y parten hacia sus segundos hogares, ya sea en el campo, en la montaňa o en pueblos perdidos en el mapa.

¿Y qué hacen allá? Pues de todo, menos descansar. Las mujeres deben seguir cocinando para toda la familia y cuidar de los menores, si es que los hay. Los hombres en la chata dan rienda suelta a sus hobbies, ya sea la jardinería, la carpintería o lo que sea.

José Alberto, un profesor de espaňol avecindado en Praga hace más de un lustro, ha sido invitado varias veces a casas de campo checas y explica que la gente disfruta haciendo de todo.

“Los viernes salen de sus trabajos temprano y se van a la chata o casa de campo, y pasan ahí todo el fin de semana. Lo que hacen es bastante laburo: trabajan mucho en el jardín, cosechan frutas, plantan, recogen las malezas, ordenan la casa, hacen trabajos de reconstrucción. Hacen sus propios arreglos. Los checos no contratan a nadie para trabajar en sus casas, ellos lo hacen todo ellos mismos”, sostiene.

Otra de las cosas que hacen los checos cuando van a sus chatas es salir a cazar hongos, agrega José Alberto, pero eso da para otro tema en Un Mundo de Diferencias.

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