Se revelan historias ocultas de los checoslovacos enviados a los gulags soviéticos

Julius Kostovich fue encarcelado en Norillaf por cruzar ilegalmente la frontera con la URSS. Tras regresar a Checoslovaquia en 1949, fue detenido y condenado por el régimen comunista a 15 años de prisión.

Historias hasta ahora desconocidas de checoslovacos deportados a los temibles campos de trabajo forzado de la Unión Soviética salen a la luz gracias a documentos desclasificados en Ucrania que permiten reconstruir un oscuro capítulo de persecución y resistencia.

El sótano de la antigua prisión de la NKVD en Stryj,  por donde pasaron cientos de ciudadanos checoslovacos durante la Segunda Guerra Mundial. | Foto: archivo de Adam Hradilek y Anna Chlebina

Al final de la Segunda Guerra Mundial, lo que fue una celebración para la mayoría de los ciudadanos de la entonces Checoslovaquia, para algunos soviéticos que habían escapado de la URSS precisamente a Checoslovaquia, la liberación por el Ejército Rojo tuvo unos efectos terribles, ya que Moscú comenzó entonces un proceso de “repatriación” en el que desaparecieron cientos de personas. Los detalles los explicaron para la Radio Checa los historiadores Adam Hradílek y Anna Chlebina.

“Varios ciudadanos checoslovacos eran un problema para la Unión Soviética desde antes del año 45, ya durante los años 30. Pero lo que pasó en el año 45 fue que se puso el foco en aquellos ciudadanos checoslovacos que provenían originalmente de territorios de Rusia o Ucrania que habían escapado del modelo soviético en el tiempo de entreguerras. Muchas de estas personas fueron perseguidas por la Unión Soviética y devueltas a Rusia, dónde fueron enviados a los campos de trabajos forzados, o sea, los gulags”.

Los historiadores Anna Chlebina y Adam Hradilek | Foto: Kateřina Cibulka,  Český rozhlas

Los destinos de estas personas son objeto de estudio de Chlebina y Hradílek, que usan los archivos de Ucrania como una de sus herramientas principales de investigación. Los archivos, que se hicieron públicos en 2014, hacen de Ucrania un lugar ideal para el estudio de hechos que sucedieron hace 80 años y que son un contrapunto amargo a la euforia del fin de la guerra.

“Gracias a los archivos de Ucrania hemos sido capaces de confirmar la presencia de cientos de Checoslovacos en esos campos. Sabemos, por ejemplo, que en Ujtá había unos 800, otros cientos más en Norilsk, y aproximadamente cien también en, algo muy temido en aquella época, Kolimá”.

La región de Kolimá, una de las más nórdicas y remotas de la Unión Soviética, era considerada prácticamente una sentencia a muerte, lo que venía dado sobre todo por el clima árctico y las duras condiciones de trabajo en los campos. Sin embargo, para el régimen soviético se trataba de un sistema con múltiples beneficios: la extracción de oro y otros minerales, además de la eliminación de los “enemigos del Estado”.

Los registros de tal actividad, sin embargo, son documentos altamente confidenciales, y es por eso que suelen ser los primeros en desaparecer en caso de derrota.

En marzo de 1940,  Gafa Slycko fue en busca de su hijo Vasil a territorio soviético. Poco después de cruzar la frontera,  fue detenida y condenada a tres años de trabajos forzados en el Gulag. | Foto: archivo de Adam Hradilek y Anna Chlebina

“Lo primero que se daña en los archivos de los territorios ocupados tras su liberación no son los documentos de valor histórico como mapas o libros de registro. Lo primero que pierden los archivos son los fondos de las víctimas de la represión y las personas rehabilitadas, en este caso nadie sabe dónde se los llevaron ni que hicieron con ellos, pero fue lo primero que se llevaron”.

Es uno de los motivos por los que es tan difícil buscar y mapear los destinos de los checoslovacos repatriados a la Unión Soviética. Aun así, los historiadores revelan que los archivos encontrados en Ucrania en los últimos años sí que dejan entrever numerosos casos e historias.

El caso de Stepan Klochurak

“Podemos mencionar el caso del político Stepan Klochurak, que nació en territorio de la actual Ucrania y escapó a Praga. Entrevisté a su hija, que recordó el día en que su padre desapareció. Explicaba que estaban cenando una noche de mayo de 1945 cuando llamaron dos hombres a la puerta. Dijeron que querían hablar un momento con su padre, y como era una situación inusual, el padre salió con ellos. La hija explicó que incluso salió al pasillo para despedirle con la mano, y su padre le devolvió el gesto. No volvió a verlo en 10 años”.

Extracto de una carta de compatriotas checos que pedían ayuda a las autoridades checoslovacas en el caso de su hijo,  condenado a principios de los años 30 a muchos años en el gulag por un delito banal. | Foto: archivo de Adam Hradilek y Anna Chlebina

Aun así, el caso de Klochurak es uno de los más felices, explica el historiador.

“La hija tuvo suerte de que su padre volviera, mucha gente no tuvo la misma fortuna. Se lo habían llevado a Moscú para un juicio y más adelante lo llevaron a un campo de trabajo en Vorkutá, dónde más adelante le fue permitido mandar cartas a casa, pero durante muchos años no sabían dónde estaba”.

Los historiadores destacaron también el caso de Konstantín Belgovski, un periodista nacido en Kiev cuyo trabajo con editoriales liberales le aseguró una vigilancia estricta por parte de las autoridades rusas. Según Chlebina, su actividad laboral probablemente fue el motivo de que la NKVD (el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética) le estuviera esperando en Praga.

“Fue uno de los primeros en desaparecer de esa primera ola. Fue transportado a Baden, cerca de Viena, donde la NKVD tenía un campo de filtración. Eran una serie de villas, donde los prisioneros dormían en el suelo y no había ningún tipo de instalaciones de ningún tipo. Belgovski murió allí en el suelo, por enfermedad. Lo enterraron a unos kilómetros de la ciudad, en el bosque, pero durante muchos años nadie sabía que había sido de él, simplemente desapareció. Y fue gracias a los archivos ucranianos que conseguimos recuperar la historia de esta persona”.

El general del ejército checoslovaco Sergei Vojtsekhovsky fue uno de los primeros detenidos en Praga en mayo de 1945 por miembros del contraespionaje militar soviético Smersh. En Moscú fue condenado a diez años en el Gulag,  donde murió en 1951. | Foto: archivo de Adam Hradilek y Anna Chlebina

Muchas de las víctimas de la época tenían una idea de lo que podría suceder en caso de ser atrapados, y es por eso que algunos, enfrentados con la posibilidad de ser repatriados, prefirieron quitarse la vida directamente.

“Otro caso, también de un ucraniano, fue el de Evzhen Vyrovi, un editor que trabajaba para la editorial ucraniana que más libros publicaba en la época, una literatura del exilio, digamos. Cuando vio el coche militar a las seis de la mañana en frente de su casa y oyó que llamaban a la puerta, decidió saltar por la ventana, y así murió. Pienso que midió su situación con gran sobriedad”.

A su vez, estos procesos afectaron a cientos de niños. Según los historiadores, la presencia de los niños se pudo confirmar gracias a menciones en los registros. Sin embargo, al parecer no existen fichas concretas que determinen con seguridad qué pasó con ellos.

Los desaparecidos

“Los peores casos eran los niños de hasta 14 años de edad que ni siquiera llegaron a documentarse. Hubo casos de cuestionarios de adultos a los que les preguntaron con quién cruzaron la frontera, y ellos mencionaban a algún niño o niña de 3 o 5 años y luego se perdía el registro, ni siquiera se mencionaba dónde los habían enviado. Después hubo casos que no llegaron a documentarse en absoluto, y cuando las madres, por ejemplo, salían 10 años después de los campos de trabajo e intentaban encontrar a sus hijos, las autoridades respondían que no tenían evidencia de nadie con ese nombre”.

Herman Perl,  cerrajero de Brno,  fue detenido en territorio soviético tras escapar de los nazis y condenado a tres años de trabajos forzados en Kargopollag,  donde murió. | Foto: archivo de Adam Hradilek y Anna Chlebina

Chlebina afirma que tales casos no tienen lógica, y que se conoce un único caso en el que una niña sobrevivió al orfanato y se reunió con su madre después de que ésta fuera liberada de los campos de trabajo.

“Es el caso de una niña que volvió con su hermana mayor a la Unión Soviética voluntariamente desde Hungría, buscando una vida mejor. Lo que pasó fue que a la hermana mayor la mandaron al gulag y a la menor a un orfanato. Después de medio año, a medida que los alemanes avanzaban hacia la Unión Soviética, todavía en medio de la guerra, los rusos liquidaban algunas de estas instituciones. A los niños por suerte no los ejecutaban como a los prisioneros de los campamentos, sino que los soltaban y tenían que buscarse la vida. Y esta niña sobrevivió milagrosamente”.

Pero, tal y como afirman los historiadores, este caso lo consideran más bien una excepción, ya que según los archivos nuevamente desclasificados en Ucrania y los testimonios de madres que intentaron buscar a sus hijos años después de haber sido separadas de ellos, lo más común era que los niños que estas conseguían localizar, no querían tener contacto alguno con los padres biológicos, ya que habían sido reeducados por el régimen.

Cambiando la historia

“Las autoridades soviéticas educaron a esos niños para que fueran ciudadanos soviéticos leales y agradecidos. Les decían que habían perdido un hogar seguro por culpa de sus padres, y que ahora tenían que estar agradecidos a la Unión Soviética por la comida, el cobijo y la escuela”.

Con tantos destinos descubiertos y muchos más por descubrir, Chlebina y Hradílek colaboraron en un libro que recoge algunas de las historias mencionadas: Gulag y Checoslovaquia (3): La Guerra. Persecución de los ciudadanos checoslovacos en la Unión Soviética (Gulag a Československo (3): Válka. Perzekuce československých občanů a krajanů v Sovětském svazu).
A pesar de muchos cabos sueltos y casos que hoy en día escapan a la lógica, los historiadores llegaron en la entrevista a una conclusión simple, y es que un checoslovaco podía ser condenado por casi cualquier cosa, y una de las peores cosas que podía pasarle era encontrarse en la Unión Soviética.

Autores: Martina Mašková , Kristina Kellnerová | Fuente: iROZHLAS.cz
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