¿Qué lugar ocupará Chequia en la "Europa de dos velocidades"?
Las grandes economías de la UE avanzan decididas hacia una integración más profunda en defensa, mercados de capitales y materias primas. Mientras, Praga mantiene la ambigüedad entre los que mantienen la prudencia y aquellos que alertan de los riesgos de quedarse en el “carril lento” de la Europa de dos velocidades.
En un momento de creciente tensión geopolítica y dudas sobre la competitividad del continente, la Unión Europea vuelve a enfrentarse a una pregunta recurrente: ¿avanzar juntos al mismo ritmo (y más lento) o permitir que un grupo de países tire del carro hacia una integración más profunda? Ese es el debate instalado ahora en Bruselas, pero también en Praga. Por el momento, Chequia ha adoptado una posición ambigua.
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La UE se asoma a un nuevo punto de inflexión de la mano de seis de sus mayores economías —Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y Países Bajos— que están impulsando una integración más profunda en áreas estratégicas como defensa, competitividad, materias primas y mercados de capitales.
El proyecto, conocido informalmente como E6, busca acelerar decisiones que en el marco de los Veintisiete avanzan con dificultad creciente en un contexto cada vez más incierto.
La presión geopolítica de Estados Unidos y China, la guerra en Ucrania y también la percepción de que la competitividad europea se erosiona, han llevado a los gigantes como Berlín y París a concluir que el consenso de todos los estados miembros es cada vez más costoso y que hay que encontrar soluciones más pragmáticas.
En esta línea, el ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, fue bien claro al señalar que la Unión se encuentra en una encrucijada, en la que los Estados no deberían esconderse tras intereses nacionales.
Así, la iniciativa contempla que las grandes economías establezcan reglas comunes en sectores clave como competitividad, defensa, capital o materias primas y generen una suerte de “fuerza gravitacional” que atraiga progresivamente a otros Estados miembros.
Por ejemplo, uno de los proyectos estrella es la interconexión de los mercados de capitales con el objetivo de movilizar los billones de euros acumulados en cuentas de hogares y empresas europeas hacia innovación, tecnologías emergentes y defensa común. La idea pasa por coordinar mejor las inversiones estratégicas y reforzar el papel internacional del euro.
También en materia de seguridad, la premisa es clara: Europa ya no puede depender automáticamente del paraguas estadounidense y de un Donald Trump que ha insistido en una política exterior basada en intereses antes que en valores, llegando a plantear reivindicaciones sobre Groenlandia.
En Praga, y para la que es la decimotercera economía europea, el debate es intenso, aunque también recurrente si hablamos de ello en relación a ese proceso de integración europea.
El primer ministro checo Andrej Babiš restó importancia a la propuesta del E6, señalando recientemente que es "una de las diversas iniciativas que existen en la UE", pero que el país debe centrarse en prioridades inmediatas como limitar el precio de los derechos de emisión y abaratar la energía, cuestiones sensibles para la industria checa.
El líder checo incluso afirmó que no le preocupa esa división en una "Europa de dos velocidades" y evitó rechazar de plano modelos como el de esa cooperación reforzada.
Desde la oposición, el presidente del ODS, Martin Kupka, advirtió sobre los riesgos de esa división continental. "Una Europa de dos velocidades no nos conviene. Nos conviene participar en cambios clave y acelerarlos, pero no siguiendo el camino de una Europa de dos velocidades, donde nos quedaríamos en el carril más lento", declaró Kupka.
En este sentido, otros actores políticos, como el comisario europeo checo Jozef Síkela, defienden que la unidad de los 27 sigue siendo la mejor garantía de fortaleza, pero admiten que en cuestiones estratégicas pueden surgir formatos de cooperación más estrechos, mientras que el eurodiputado Tomáš Zdechovský (KDU-ČSL) se mostró a favor de sumarse a la iniciativa de las mayores economías.
"La cuestión no es si habrá una Europa de dos velocidades, sino si nos sentaremos a la mesa en áreas clave. De lo contrario, añadió, se corre el riesgo de perder influencia, inversión y seguridad", indicó.
Sea como fuere, políticos y analistas coinciden en que el E6 plantea un dilema clave: que la República Checa espere el consenso de los 27 o se sume al núcleo que avanza más rápido. De concretarse dicha división, no sería solo un debate institucional, sino que estarían en juego la economía, la industria y la seguridad checas o, dicho de otra forma, ¿por qué carril circularía Chequia y qué lugar ocupará el país en esa "Europa de dos velocidades"?










