Un gesto de amor que pasó a la historia. “El beso” de Smetana cumple 150 años
En su estreno, el 7 de noviembre de 1876, en el Teatro Provisional de Praga, el público acogió con entusiasmo la ópera El beso. Bedřich Smetana ya había perdido completamente el oído, pero aun así creó una obra que se convertiría en una de las óperas checas más populares. La historia, inspirada en un relato de Karolina Světlá, llevó al escenario el mundo rural checo, con su humor, su amor y su terquedad. Ciento cincuenta años después, El beso sigue siendo la ópera de Smetana más representada después de La novia vendida y uno de los símbolos de la cultura musical checa.
Un solo beso que lo cambió todo
A primera vista, se trata de una pequeña disputa entre dos enamorados. Sin embargo, de ella surgió una de las óperas checas más exitosas de todos los tiempos. La historia es sorprendentemente sencilla. El joven Lukáš quiere besar a su prometida, Vendulka, pero ella se niega a romper una promesa que le hizo a su difunta madre. El malentendido desemboca en una discusión, y los posteriores intentos de reconciliación dan lugar a numerosas situaciones cómicas y conmovedoras.
Precisamente en esta sencillez reside la fuerza de la ópera. No habla de reyes, héroes ni grandes acontecimientos históricos, sino de personas normales y sus sentimientos.
El mundo rural checo sobre el escenario
El libreto fue escrito por Eliška Krásnohorská a partir del relato homónimo de la escritora Karolina Světlá, que se inspiró en la región de Podještědí, en el norte de Bohemia. Así llegó al escenario el mundo de las fiestas rurales, las tradiciones populares y las relaciones entre vecinos.
Este fue precisamente uno de los aspectos que más distinguieron a El beso de muchas óperas europeas de la época. Mientras otros compositores solían buscar inspiración en la historia o la mitología, Smetana dirigió su atención a la Chequia rural y creó una obra teatral llena de vida, humor, lirismo y personajes inconfundibles.
Además, la música evoca de manera natural la atmósfera de las canciones populares checas, sin copiarlas literalmente. Gracias a ello, el público nacional percibió la ópera como una obra cercana y fácil de comprender.
Una ópera escrita en el silencio
El éxito de El beso resultó aún más impresionante porque fue compuesta cuando Bedřich Smetana ya estaba completamente sordo. El compositor perdió el oído en 1874, pero continuó creando con una perseverancia admirable.
De hecho, algunas de sus obras más importantes surgieron después de que perdiera la audición. Por eso, el estreno de El beso no fue solo un acontecimiento cultural, sino también una demostración de la extraordinaria fortaleza y el talento de un hombre capaz de componer música sin poder escucharla.
El público de Praga recibió la nueva ópera con entusiasmo. Entre los espectadores se encontraba el príncipe heredero Rodolfo, y la prensa de la época destacó que Smetana había conseguido crear una obra accesible para el gran público sin renunciar a la calidad artística.
De Praga al mundo
Pocas óperas consiguen mantenerse vivas en el repertorio durante un siglo y medio. El beso lo ha logrado. En los teatros checos figura desde hace décadas entre las óperas más representadas y sigue siendo la segunda obra de Smetana más interpretada, después de La novia vendida.
Pero también cosechó éxitos en el extranjero. Ya a finales del siglo XIX se representaba en teatros de habla alemana y, posteriormente, llegó a Viena, Berlín y Liubliana. Durante el siglo XX también se estrenó en el Reino Unido, Estados Unidos y otros países.
Aunque nunca alcanzó en el panorama internacional la misma relevancia que La novia vendida, El beso consiguió conquistar al público gracias a su argumento universal. El amor, los malentendidos, los celos y la reconciliación son temas que no necesitan traducción.
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