La mexicana Ana Lucía Macías abre brechas para que otros hispanohablantes se adapten y vivan mejor en Chequia
El reconocimiento Ohtli, que otorga el Gobierno mexicano, distingue a aquellos ciudadanos de ese país que en el extranjero hayan sabido abrir brechas por las que transiten con más facilidad otros compatriotas que emprenden la dolorosa aventura del exilio y llevan a cuestas el equipaje del destierro. Ana Lucía Macías es una de las ganadoras y aquí explica por qué lo obtuvo.
Antes de venir a Chequia a radicarse, Ana Lucía Macías, Analú para los amigos, pasó primero por Londres, donde trabajó de asistenta para un ex Mecano, nada menos (José María Cano, el tecladista). En Londres conoció a su futuro marido checo, se enamoraron, se casaron y se plantaron en Kladno, una ciudad minera cerca de Praga, a unos 20 kilómetros del centro de la capital, donde crían a su familia, tienen tres hijos, y donde viven hace 15 años. Una familia checo-mexicana auténtica y feliz. Vida tranquila y apacible, en una ciudad de provincias, pero cercana a la capital, en caso de necesidad. Y un trabajo corporativo que le permite hacer home office, que antes de la pandemia se decía trabajar desde casa. Manteniendo un perfil social más bien bajo.
Pero no hace mucho Ana Lucía era una de las figuras más visibles de la comunidad mexicana en Chequia: promotora del Día de Muertos, de un café cultural en un museo (Café Latino), siempre ayudando a otros expatriados en Chequia, lista para solucionar cualquier problema o al menos intentarlo.
Y por eso fue nominada al premio Ohtli que otorga el Gobierno de México. Y lo ganó. Ohtli es una palabra náhuatl que significa sendero, camino, brecha, y eso hace Analú, abre brechas para que otros transiten con facilidad por ellas.
“Bueno, el premio Ohtli es un galardón que da el Gobierno mexicano a personas que ya sea tengan aportación cultural al país o que ayuden a otros mexicanos que vivan fuera de México. Es un premio que se otorga cada año. Y yo muy honrada de haberlo recibido. Es un premio que se dice que es para aquellos que abren brecha en el país en el que viven fuera de México. Claro, es para personas que vivimos en el exterior”.
Perfecto. ¿Y cuál fue el motivo o por qué te lo dieron a ti?
“Pues por diversas cosas, no estoy muy segura (risas), pero yo creo que me lo dieron por el Día de Muertos, que se comenzó a hacer en el Museo Náprstek, que pertenece al Museo Nacional de Praga, que es un evento cultural que todavía se sigue haciendo, ya no lo organizo yo, pero durante muchos años sí fue así. Además, porque durante la pandemia y dentro de ese mismo museo donde se hace ese Día de Muertos, tuve la oportunidad de trabajar mucho con la comunidad latina y durante la pandemia pues hubo mucha necesidad de las personas, no solamente de convivir, también de sobrevivir porque en muchos sentidos, digamos, cosas que a lo mejor le correspondían a un cónsul de un país, pero la gente al no tener la información suficiente de sus derechos porque muchos latinos, no voy a decir que nada más mexicanos, latinos, estaban en necesidad de ayuda con injusticias laborales o familiares, violencia intrafamiliar, situaciones de ese tipo".
"Y yo lo que tenía era información porque yo conocía mucha gente, gracias al Día de Muertos había conocido a la embajada de México, me la llevaba muy bien con la cónsul que estaba en ese tiempo. Y a una asociación sin fines de lucro que ayudaba a inmigrantes y aprendí que había muchos organismos que los podían ayudar y la gente no acudía a sus embajadas en cosas muy puntuales en donde los podían ayudar, porque muchos al no estar su situación migratoria en orden, les daba miedo por desconocimiento más que nada, ¿no? Entonces lo que yo hacía pues sin saber, o sea, para mí fue pues…
Un poco el trabajo de cónsul.
“Sí (risas). Pues en un momento me pidieron por parte de la embajada de México que necesitaban un cónsul adjunto, honorario, no sé cómo se llama, pero en otra parte de Chequia, me parece que era en Pilsen o Brno, no me acuerdo. Pero no podía. No era lo que yo quería en ese momento. No era lo que yo quería, era justo cuando había dejado mi café y ya estaba yo en otras actividades, estaba ya más enfocada más bien a mi familia y a mi salud en ese tiempo que en esto”.
Entonces, podemos decir que el premio te lo dieron por ayudar a la comunidad latinoamericana en Chequia, ¿no?
“Pues sí, guiarla, ¿no? Abrirles el camino como lo del premio, eso se me hizo muy bonito porque al final creo que yo tuve la oportunidad y la bendición de haber estado cerca de muchas personas cuando lo necesitaban, ¿no? Y no solo ellas, ¿no? Como que fue retroalimentarte en un momento en donde tú tampoco estás bien, ¿no? Porque creo que la pandemia nos afectó a todos”.
Y en esa época tenías el Café Latino, ¿no?
“En esa época acababa de cerrar el Café Latino, tenía aproximadamente, a ver, si lo cerré en enero, febrero, por ahí, y a mí me lo dieron en abril. Sí, tenía como unos tres, dos meses que había cerrado el café.
Entonces fue por el Café Latino y por el Día de Muertos lo del premio.
“Sí, el café y el Día de Muertos, que te da mucha exposición porque se hizo multitudinario el evento. Desde el desde el primer evento que fue inaudito que es cómo se nos llenó, pero ya el segundo ya dije: Esto es demasiado, muy bonito, pero demasiada exposición”.
Homenaje al padre Antonio
Ana Lucía nos explica a continuación que ella llegó por una desgracia personal a hacerse cargo del Día de Muertos en Praga, a raíz precisamente de una pérdida que la afectó e impactó mucho.
“Pues mira fue a raíz del fallecimiento del padre Antonio, creo que en 2017 o 2018. Fue en ese año, despuecito, o sea, el año en el que él muere que él era una figura pues muy conocida y muy querida. Y era un amigo mío que yo quería mucho y apreciaba mucho. Es que yo digo que aquí la comunidad se hace familia”.
“El padre Antonio tuvo un accidente buceando, a él le gustaba bucear profesionalmente. Justo la semana pasada, el sábado, fue su misa conmemorativa por el aniversario de su muerte. Yo lo hice porque él había muerto. Yo quería rendirle honor a mi amigo porque nos había afectado hasta como familia, mis hijos que eran pequeños en ese tiempo lo adoraban, o sea, era su tío el padre Antonio”.
“Y pues fue algo que nos pegó mucho como como familia y también pues me dije: hay que hacerle un tributo bonito y nosotros en México pues eso hacemos. No sé, celebras a tu familia, a la gente que quieres que ya trascendió. Y por eso. Por eso. Y justo a raíz de que él muere, pues ya no había Día de Muertos en Praga, se había terminado.
Entonces se celebraba en Stromovka, ¿no?
“Sí, yo había estado buscando a Adoración Terrazas, que es la que lo empezó, es una de las mexicanas o la mexicana que tiene más años viviendo aquí y ella trabajaba también en la Embajada de México. Entonces cuando yo conocí a Adoración, ella me dijo que ella ya no, que se había quedado a cargo su hija, pero lo hacían en un teatro que estaba muy chiquito, ya no cabía la gente”.
“Entonces dije: bueno, si ya no se va a hacer, a mí me gustaría hacer el altar de muertos en algún lugar donde se sea visible. Entonces hice un plan, pero dije: hay que hacer un festival. Donde vaya la gente, donde se involucre la comunidad mexicana, donde podamos hacer algo cultural bonito y pues ahí hice un plan que me tiré tres meses haciéndolo, porque yo soy muy aplicada”.
“Y entonces lo mandé a la embajada de México y creí que no, pues pasó como un mes y no me habían hablado y de pronto me escriben del departamento de cultura que era el ministro Miguel Ángel Vilches en ese tiempo y me dicen que les había gustado el proyecto y que me querían invitar porque ellos tenían un lugar en donde ellos ponían un altar".
"Yo no sabía eso, o no sé si era el primer año que lo iban a poner o el segundo. Que era el Museo Náprstek, el museo pues de las culturas nativas alrededor del mundo. Entonces me invitan a ir al lugar, a verlo, pues ya se empieza a armar todo el plan, empiezo a reunir a la hago un llamado a la comunidad mexicana en redes sociales y hago un grupo que se llamaba Colectivo Día de Muertos, que era un grupo en Facebook, que en ese tiempo todavía no estaba el Instagram como ahorita".
"Entonces pues llamé a la comunidad y todo mundo así super buena respuesta de los mexicanos y pues hicimos así hasta juntas y todo y luego pues a todos los mexicanos que yo conocía que vendían comida o artesanías o cositas y nos juntamos, hicimos el festival que en ese tiempo yo lo pagué. De mi bolsa porque pues yo estaba muy feliz y tenía con qué hacerlo, no fue muy caro tampoco, pero ya el segundo año pues ya nos nos patrocinó Perdón, gané un concurso en donde en don desde México que que México patrocinó algunas cositas, muy poquito, la verdad, las flores y así. Y en el Museo Nacional de Praga ya nos hizo el patrocinio de cosas ya más importantes, luz y sonido, etcétera. Muchas cosas. Y el festival ya se pudo hacer más grande".
Y a raíz de este Día de Muertos en el museo te empezaste a hacer cargo del Café Latino también en el museo, ¿no?
“Es que había un café ahí dentro de ese museo con una perspectiva que se nos hace muy bonito y de pronto lo dejaron los que eran los que llevaban ese café y lo ponen a concurso, ¿no? Todos los sitios culturales como museos o cualquier otro sitio cultural. Si tienen algún puesto comercial dentro, los ponen a concurso también para que quien guste postularse lo haga”.
"Yo competí con otras cinco personas y me tocó a mí, pero tiene que ser un proyecto cultural. Entonces era un proyecto, hice un proyecto como si fuera una tesis. Lo hice en checo, sí. Bueno, es que mi marido es checo, así que me ayudó, y él justo estaba haciendo su tesis porque él estaba estudiando economía. Entonces, pues presentamos súper bien hecho ya el concepto del Café Latino, que tenía por finalidad ser un sitio cultural, comunitario, que hubiera exposiciones".
"Lo mismo que el Día de Muertos, pero en un lugar, o sea, entonces pues desde que abrí pues empecé a convocar a la gente. No, oigan, si alguien quiere dar talleres, de cualquier cosa cultural, cosas manualidades, etcétera. Entonces mucha gente empezó a buscarme. Mucha gente que ya conocía por el Día de Muertos, iban músicos, cantantes”.
Una sorpresa y un honor
Entonces, primero fue el Día de Muertos, después el Café Latino, su trabajo y ayuda a la comunidad hispana en Chequia (no solo mexicanos, de todas las nacionalidades) y por eso la postulan y gana el premio Ohtli.
Me imagino que este premio Ohtli fue una sorpresa y un honor también, ¿no?
“Una súper sorpresa total y absolutamente inesperada porque la misma comunidad habla de ti y tú no te enteras. O sea, estos casos que te estaba contando y pues la gente me conocía y tal”.
“Entonces, de algún modo pues empezó a sonar mi nombre cuando yo no sabía que existía el premio. Creo que fue la cónsul que estaba en ese tiempo que le dijo a alguien: Oye, se está entregando este premio. Creo que Analú puede ganarlo. Le dijo a alguien más, probablemente a la embajadora en ese tiempo”.
“No sé si se hace una votación ni nada pero me llaman y me dicen que estoy nominada y posteriormente ya me dicen: ¿sabes qué? Pues que te van a otorgar el premio. Y me citaron tal día. Invité pues a toda la gente que quiero a que me acompañara y pues ya, lo recibí.
¿Diste un discurso de agradecimiento?
“Claro que sí, di un discurso de agradecimiento.
¿Y te acuerdas un poco qué dijiste?
“Claro que me acuerdo. Me acuerdo que agradecí a mis papás porque siempre que yo hacía mis planes de hacer fiestas con bailables y cosas así en mi casa por mi cumpleaños, siempre me habían apoyado, nunca pensaron que era ridículo, nada de lo que yo quería hacer. Y también a la embajada por haberme pues por haberme visto digna, ¿no? Cuando uno a veces ni tú no te das cuenta de esto, te da un poco el síndrome del impostor, yo nunca. O sea, porque para mí eso fue bien fuerte, ¿eh? Porque yo decía: pero porque me están dando algo así, ¿no? Yo creo que No sé, era raro".
Era raro para mí y entender por qué me lo estaban dando y y más después, ya que lo recibes, no entiendes mucho si de verdad hiciste algo como para que te dieran un premio, sí”.
¿Lo merezco o no lo merezco?
“Exacto. Pero digo, ahora ya al a la al tiempo y a la distancia, pues pues lo acepto y y y me da alegría, pero tampoco pues quiero vanagloriarme o decir, Ah Exacto. Exactamente. No hay que dormirse en los laureles. O sea, yo sigo trabajando llevando una vida normal. Soy mamá, soy Ahora trabajo en otra cosa que no tiene que ver con con este aspecto cultural que amo, pero sigo aportando de todas formas a que ya no tengo un café y que todo el tiempo he estado en eso. Cada año sí sigo con mi día de muertos”.
Pero ahora en Kladno.
“En Kladno, sí, que es donde yo vivo, que es un pueblo minero muy cerca de Praga. Y pues ahí vivo desde hace 15 años. Ahí nacieron dos de mis tres hijos, los más chicos, entonces pues ya escuelas, todo allá, menos mi trabajo, yo sigo con mi trabajo en Praga. No, la verdad es que hago home office. Casi la mayor parte del tiempo, entonces”.
“La verdad que durante todo ese tiempo que yo tuve el café y el día muertos fue muy pesado porque descuidé mucho a mi a mi familia, ¿no? Que es mi núcleo. O sea, yo me envolví en todo lo de la comunidad y todo este rollo porque me apasionaba también, pero descuidé pues a mi gente, a mis hijos, ¿no? Y me enfermé también”.
Ahora Ana Lucía Macías disfruta de una vida familiar más tranquila, con un perfil social más bajo y un trabajo corporativo que la acomoda y le facilita trabajar desde Kladno. Aunque aún mantiene contacto casi diario con las alrededor de 400 integrantes del grupo Mexicanas en CZ.
Y nunca deja de conmemorar el Día de Muertos, porque como bien dice el dicho, allí donde hay un mexicano, se celebra el Día de Muertos.









