Los crímenes del Ejército colombiano contra la población durante el gobierno de Uribe llegan a Karlovy Vary
La película colombiana Cuatro años, cinco meses es una de las candidatas a llevarse el Globo de Cristal, el premio principal del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary. Dos madres sumidas en la insoportable búsqueda de su hijo desaparecido desde hace años retratan el drama de más de 7000 familias que perdieron a algún ser querido en crímenes de Estado que ahora están de rabiosa actualidad con el cambio de gobierno en Colombia.
Una dolorosa búsqueda interminable, unos atroces crímenes cometidos por el Ejército colombiano contra los más indefensos solo para poder presentar “resultados” de su lucha contra la guerrilla y el deseo de verdad y reparación de lo más irreparable que alguien pueda imaginar.
Dirigida por Esteban Hoyos García y Juan Miguel Gelacio, y protagonizada por Jenny Nava, Carmiña Martínez, la película Cinco años, cuatro meses vivió su intenso estreno mundial en la abarrotada Sala Grande del Hotel Thermal de Karlovy Vary, donde hasta este viernes aún será proyectada en varias sesiones de la más importante cita con el cine mundial en Chequia y Europa Central y Oriental.
Con las emociones a flor de piel tras la ovación en pie del público checo, los dos directores y las dos actrices protagonistas conversaron con Radio Praga Internacional.
RPI: ¿Cuál es la sensación después del estreno?
Juan Miguel Gelacio: Emoción. Es algo que uno no puede imaginar, estar ahí en la alfombra roja, pasar a la entrada del teatro, que es majestuoso, es inimaginable. Y después ver la película y ver que conmueve. Es algo muy satisfactorio.
Esteban Hoyos García: Es emocionante porque es una película, sobre todo, para sentirla, y para después pensarla, pero sobre todo para sentirla en el momento y estar en la emoción de los personajes. Entonces, fue lindo sentir que había conexión con los espectadores en la sala.
RPI: Cinco años, cuatro meses es una película dura, una película trágica sobre el trauma de las pérdidas.
“En Colombia hay más de 120.000 desaparecidos y, entre 2002 y 2010, con el gobierno de Álvaro Uribe, hubo más de 7000 crímenes de Estado en los que asesinaron a jóvenes haciéndolos pasar como guerrilleros para marcarlos como bajas dadas en combate”.
Juan Miguel Gelacio: Más que trágica es real, y eso es lo que la hace más fuerte. Es algo que arrastra el país como una cicatriz que sigue abierta de un evento donde el Estado, que tiene que proteger y velar por nosotros, atenta contra la vida de los jóvenes. Es algo atroz, algo triste, una cuestión a la que llegamos a partir de un trabajo que yo tuve con la unidad de búsqueda de personas dadas por desaparecidas en Colombia. Nos dimos cuenta de que no había una ficción que hablara de ello y que presentara cómo se vive, porque muchas veces es una cifra invisible, pero para entenderlo hay realmente que ir un poco más más allá, hay que sentir la experiencia, y la ficción nos permitió no revictimizar, no trabajar directamente con las madres, pero sí poder mostrarle al público en general lo que implica tener un familiar desaparecido y las implicaciones que tiene que el Estado falle a sus propios ciudadanos.
Es algo importante de narrar y esa fue la motivación: ser honestos, contar una historia desde la verdad, trabajando con las madres que son una parte muy cercana al proyecto, incluso actuaron algunas de ellas, hicieron el proceso de investigación con nosotros, por lo cual estamos muy contentos de que pues la película exista y se pueda ver.
RPI: Qué mayor drama no solo perder a tu hijo, adolescente, joven, sino que tu propio Estado se comporte como una organización terrorista.
Esteban Hoyos García: Sí, justamente de eso queríamos hablar en la película. En Colombia hay más de 120.000 desaparecidos y, entre 2002 y 2010, con el gobierno de Álvaro Uribe, hubo más de 7000 crímenes de Estado en los que asesinaron a jóvenes haciéndolos pasar como guerrilleros para marcarlos como bajas dadas en combate en los casos llamados (o mal llamados) falsos positivos.
Es algo de lo que queremos hablar y, sobre todo, ahora que existe una urgencia cuando el gobierno entrante quiere atentar contra la Jurisdicción Especial para la Paz, que ha podido darle el conocimiento a muchas personas de qué le pasó a sus familiares a partir de personas que confiesan, de militares que confiesan, para poder darle cierre al dolor de tantas personas. Y el gobierno que va a llegar ahora, el gobierno de extrema derecha que va a entrar y se va a posesionar ahora en agosto, quiere terminar con esos procesos y que todo esto quede en el olvido, sepultar eso y seguir con los procesos de masacre, de guerra, olvidando que la guerra siempre trae más guerra y que el odio siempre trae más odio.
RPI: Y traumas profundos como los de estas madres. Jenny Nava, tú encarnas a una de estas madres, ¿qué ha significado para ti un papel tan duro?
“Esta herida está abierta a lo largo de toda Latinoamérica, no es una herida local. No son solo las madres de Colombia, son las madres de Argentina, son las madres de México…”
Jenny Nava: Siempre han venido a mí personajes donde puedo representar a grupos de madres donde podemos levantar la voz. Y cuando viene el director y me habla sobre este guion, para mí es maravillosa la oportunidad de poder encarnar las emociones y todo lo que pasa con la violencia de nuestro país. Estoy muy orgullosa de poder representar a estas madres. Tuve la oportunidad de sentarme con ellas y es escuchar cada una de sus historias y poder mirarlas los ojos y entender el sentimiento que yo tenía que representar.
Para mí es un orgullo poder representarlo a través de mi arte y que no quede en el olvido, que es lo que quiere este nuevo gobierno, hacer tapar y ocultar lo que realmente hemos sufrido todos, y en especial todo este grupo de personas, que son vulnerables y es fácil poder violentar.
RPI: Carmiña, también haces de una madre que busca durante media vida a un hijo. Para ti, con una carrera más larga, ¿qué ha supuesto esta película?
“Cuando no se obtiene una respuesta racional, se acude a otros tipos de respuesta”.
Carmiña Martínez: Esta película, además de hablar del dolor, de la pérdida, habla también de esta parte política y esta herida que está abierta a lo largo de toda Latinoamérica, no es una herida local, es una herida universal. Porque no son solo las madres de Colombia, son las madres de Argentina, son las madres de México, son las madres en la India, son las madres en cada punto del universo que tienen esa pérdida, la desaparición de los hijos. Ellas van en busca de sus huellas para mantener lo último, que son esos huesitos que van a llenar un vacío, parte de un vacío profundo que jamás se va a llenar. Esa búsqueda es una errancia, un dolor permanente. Tanto para la madre como para toda la familia, porque es la ausencia de un ser querido que queda en una neblina, que no se sabe dónde está, si está vivo, si está muerto. Es el deseo de poder encontrar los últimos restos para darle lo que nosotros en nuestra creencia llamamos cristiana sepultura.
RPI: Que da alivio al alma. Esta búsqueda se convierte en una obsesión hasta el punto de que la madre que interpreta Jenny casi se olvida y deja de lado a su hijo vivo porque vive obsesionada con encontrar a su hijo muerto.
“En un pueblo en Colombia, las mujeres adoptaban a los muertos que llegaban a través del río, muertos anónimos, y les ponían nombre para que no tuvieran que quedarse en el anonimato”.
Jenny Nava: lo que yo hablaba con las madres que han perdido a sus hijos y que fueron “falsos positivos” tiene que ver más como poder poner digno su nombre. Se trata de encontrarlo y, como decía Carmiña, darle sepultura, pero lo que más ellas querían era limpiar el nombre de esos hijos porque no eran guerrilleros como quería mostrar el gobierno de Álvaro Uribe, mostrar que no eran guerrilleros, sino que eran ciudadanos y fueron asesinados por el ejército.
Pero claro que también es una obsesión por querer enterrar y encontrar su cuerpo y no estar pensando que su hijo está en el vacío.
RPI: En esta película encontramos también elementos de realismo mágico.
Esteban Hoyos García: También en los procesos de búsqueda y en la investigación que hicimos descubrimos que muchas veces, cuando no se obtiene una respuesta racional, se acude a otros tipos de respuesta. Era común escuchar que hablaban las mujeres sobre ver cosas en sueños, ver a sus hijos en sueños. Y también existe otro proceso en el que en un pueblo en Colombia, las mujeres adoptaban a los muertos de otras zonas que llegaban a través del río, muertos anónimos que llegaban por el río, y les ponían nombre para que estos muertos no tuvieran que quedarse en el anonimato, sino que tuvieran de algún modo cristiana sepultura a partir de la adopción de estos muertos.
Y todo esto inspiró ese elemento más mágico, onírico, que tiene la película, como un subtexto, y que es como una capa que atraviesa transversalmente el realismo crudo de la película con otra dimensión onírica que nutre otra perspectiva de los procesos de búsqueda.
“Era común escuchar a las mujeres sobre ver a sus hijos en sueños”.
Carmiña Martínez: Tal vez eso es lo que la hace diferente y lo que hace dar el salto a la película, ese juego con la realidad, con la cruda realidad, con el dolor, y por el otro lado, el sueño, la poesía, la esperanza, la imagen, los sonidos y los cambios de luces que van complementando y trenzando esta historia.








