El testimonio artístico de Alfred Kantor entra al Museo de Auschwitz
El álbum del artista Alfred Kantor, nacido de Praga y sobreviviente del Holocausto, ilustra detalladamente la vida cotidiana en los campos de concentración nazi. Recientemente ha entrado en la colección del museo de Auschwitz.
Pocos testimonios son tan cautivadores y completos como el álbum ilustrado de Alfred Kantor. Nacido en Praga en 1923, el joven artista de origen judío fue deportado primero al campo de concentración de Terezín en el primer transporte de hombres en diciembre de 1941. Dos años más tarde, Kantor fue trasladado a Auschwitz-Birkenau, al “campo familiar”. Posteriormente, lo enviaron al campo de concentración Schwarzheide, en Alemania.
A pesar de todo, Alfred Kantor logró sobrevivir al infierno concebido por los nazis. Tras la marcha de la muerte durante los últimos meses de la guerra, Kantor volvió a Terezín, donde fue liberado en mayo de 1945.
En los meses siguientes, el artista reconstituyó todas sus experiencias en los campos de concentración en un álbum extraordinario de 127 acuarelas, dibujos y textos que es a la vez memoria personal y documento histórico. Esta colección se considera hoy día como uno de los testimonios artísticos más importantes realizados por un sobreviviente de la Shoá y recientemente, ha sido adquirido por el Museo de Auschwitz.
La historiadora del arte del museo, Agnieszka Sieradzka, habló con Radio Praga Internacional sobre la importancia de esta pieza artística e histórica única. La experta comenzó por la primera parte de la obra, dedicada a Terezín.
“El inicio del álbum es de 1941, cuando Alfred Kantor llegó a Terezín con el primer transporte de hombres jóvenes judíos. Su misión consistía en construir lo que luego se convertiría en un gueto. Los dibujos son notablemente coloridos y precisos. Logró identificar los edificios y los lugares exactos de Terezín. Cada imagen está acompañada de un texto escrito por Kantor y esto nos ofrece simultáneamente un testimonio visual con uno escrito”.
Alfred Kantor no dejó de crear ni cuando lo trasladaron a Auschwitz y, posteriormente, a Schwarzheide, cada vez que lograba conseguir papel y lápices. Los dibujos que Kantor producía durante su estancia en los campos de concentración eran para él una manera de sobrevivir.
“La creación de dibujos se convirtió en una forma de resistencia psicológica. La mayoría de sus dibujos originales fueron destruidos porque su existencia era considerada extremadamente peligrosa. Kantor escondió algunos de ellos, mientras que otros fueron preservados por amigos. Antes de la liberación, recuperó lo que pudo y reconstituyó numerosas escenas de memoria. Ya que se puso a realizar este proyecto inmediatamente después de la guerra, cuando sus recuerdos estaban aún bien frescos, el nivel de detalle es absolutamente impresionante”.
“La obra muestra no sólo lo que su autor vio, sino también lo que pensaba y sentía en el momento”
Sin embargo, lo que hace esta obra tan valiosa no solo los dibujos o las descripciones que el autor proporcionó, sino sus pensamientos, que también se ven reflejados en las páginas de su álbum.
“Kantor llegó a Auschwitz el 18 de diciembre de 1943. Uno de los dibujos representa su llegada nocturna en el Judenrampe (“La rampa de los judíos” en alemán). Escribió: “Primer pensamiento: ¿De qué sirven estos proyectores? ¿Para grabar una película? Esto es precisamente lo que hace este álbum tan precioso. La obra muestra no sólo lo que su autor vio, sino también lo que pensaba y sentía en aquel momento”.
“A los prisioneros del campo familiar se les obligaba enviar cartas a sus seres queridos”
Además, Alfred Kantor estuvo en el llamado “campo familiar”. Agnieszka Sieradzka explica la importancia de este detalle.
“El campo familiar representaba un sector muy peculiar de Birkenau. Más precisamente, su función era la creación de propaganda. Dejaban las familias completas y se les permitía, por lo menos en un principio, vestir su ropa civil. Kantor documentó la vida cotidiana en este sector a través de sus dibujos y textos. No obstante, disponemos de muy pocas representaciones visuales que muestran cómo era realmente la vida en este campo. Las fotografías se controlaban estrictamente. Así que sus dibujos nos ofrecen información que no se puede encontrar en ninguna otra parte. La mayoría de los judíos encerrados en este sector fue posteriormente asesinada en las cámaras de gas. Alfred Kantor sobrevivió sólo porque lo trasladaron a Schwarzheide poco antes de la liquidación del campo familiar”.
El artista, lamentablemente, perdió a su madre y a su novia Eva en las cámaras de gas de Birkenau. Este suceso marcó a Kantor y esto se puede notar en el álbum, donde el humo de los crematorios aparece frecuentemente de fondo.
“Probablemente, Kantor no fuera capaz de ver las cámaras de gas o los hornos crematorios en persona porque el acceso estaba reservado para los miembros de los comandos especiales, los Sonderkommando. Pese a esto, la información circulaba por todo el campo. Los prisioneros hablaban entre sí. Las novedades se difundían a pesar de la confidencialidad que las autoridades nazis intentaban mantener. Lo esencial es que las imágenes reflejaran todo lo que los prisioneros sabían o comprendían entonces. Son testimonios de esta consciencia progresiva que se desarrollaba en Auschwitz”.
Asimismo, el álbum contiene una tarjeta postal de propaganda nazi, explica Agnieszka Sieradzka.
“A los prisioneros del campo familiar se les obligaba enviar cartas a sus seres queridos. Estos mensajes también formaban parte de la propaganda nazi. Su objetivo era asegurar a las familias y crear la ilusión de que las condiciones de vida eran aceptables. Desde luego, esto era totalmente falso, pero estas tarjetas representan a día de hoy importantes pruebas históricas de la manera en la que las autoridades nazis manipulaban la información”.
“No podemos creer que se haya terminado”
Las últimas páginas del álbum siguen la marcha de la muerte y la liberación del campo de concentración, que es la parte más emotiva de toda la obra, según la historiadora.
“Kantor rastrea esta parte de la historia minuciosamente con la ayuda de un mapa que muestra su itinerario por el norte de Bohemia. Él documenta las fosas comunes, las ejecuciones, el hambre y el hundimiento progresivo del sistema nazi. Uno de los dibujos muestra el momento en que los guardias dejan a los prisioneros cerca de Terezín. Kantor escribe: “No podemos creer que ya se haya terminado”. En otra página, él nota que solamente 175 hombres han sobrevivido de un grupo inicial de mil deportados”.
Agnieszka Sieradzka dice que ya conocía al artista por su “Libro de Alfred Kantor”, publicado en 1971 en Estados Unidos. Así que, cuando los hijos de Kantor la contactaron directamente en su búsqueda de algún lugar seguro para la obra de su padre, la historiadora quedó gratamente sorprendida y de inmediato entendió la importancia del caso. Para ella, que ha dedicado una parte considerable de su carrera a estudiar todo lo relacionado con los reclusos de los campos de concentración, esto fue como “descubrir el Santo Grial”. Su valor artístico e histórico es indiscutible, pero lo que esta obra debería recordarnos sobre todo, contó la experta, es que incluso en las circunstancias más brutales y poco humanas, los individuos pueden seguir siendo seres humanos, dotados de dignidad, imaginación y la voluntad de crear.















