Marie Zdenka Baborová, la primera doctora checa que rompió todos los tabús hace más de un siglo
Hace 125 años, Marie Zdenka Baborová se convirtió en la primera mujer en obtener un doctorado en filosofía en Praga, un hito que abrió las puertas de la ciencia y la educación superior a generaciones de mujeres en las tierras checas.
Hace 125 años, Praga fue escenario de un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia de la educación femenina en Europa Central. El 17 de junio de 1901, la joven zoóloga Marie Zdenka Baborová obtuvo el título de doctora en filosofía en la entonces Universidad de Praga, hoy Universidad Carolina. Fue la primera mujer en alcanzar este grado académico en las tierras checas, en una época en la que la presencia femenina en las universidades todavía era excepcional.
La relevancia del acontecimiento quedó reflejada en la atención que despertó entre las principales figuras de la sociedad checa. Un día antes de la ceremonia, el emperador Francisco José I, de visita en Praga, fue presentado a la joven estudiante por el rector universitario. Para Baborová, aquel breve encuentro se convirtió en un recuerdo imborrable antes de la jornada que la llevaría a los libros de historia.
De Minerva a la universidad
Baborová formó parte de las primeras generaciones de alumnas de Minerva, el primer instituto femenino checo de enseñanza media. Sin embargo, las jóvenes de la época aún no podían realizar el examen de bachillerato en su propio centro y debían presentarse como alumnas externas en institutos masculinos. Ella superó la prueba con honores.
En la universidad estudió zoología, botánica y geografía. En aquel entonces todavía no existía una facultad independiente de ciencias naturales, por lo que estas disciplinas dependían de la facultad de filosofía. Su interés se centró especialmente en los animales invertebrados. Pasó largas horas en laboratorios, trabajó con microscopios en diversos centros científicos europeos, recopiló muestras de la naturaleza y colaboró con la prestigiosa Enciclopedia de Otto.
Su personalidad, sin embargo, iba más allá de la investigación científica. Le gustaba bailar, coleccionaba postales y practicaba ciclismo, una afición que a comienzos del siglo XX todavía era considerada una extravagancia para las mujeres.
Una ceremonia que cambió las reglas
La ceremonia de graduación reunió en el Karolinum a profesores, políticos, escritores, actrices y representantes de asociaciones femeninas. Entre los asistentes figuraba incluso el político František Ladislav Rieger, quien en el pasado había mostrado reservas hacia la educación superior de las mujeres.
El profesor František Vejdovský, considerado uno de los fundadores de la zoología moderna checa, fue el encargado de proclamarla doctora en filosofía. La ocasión obligó incluso a modificar parte del protocolo tradicional en latín, pensado originalmente solo para hombres.
La prensa de la época celebró el acontecimiento como una victoria para el movimiento femenino y para las nuevas oportunidades educativas de las mujeres checas.
Ciencia y familia, un camino poco habitual
Tras obtener el doctorado, Baborová continuó su carrera como asistente en el Instituto de Zoología y participó en congresos internacionales. En uno de ellos, celebrado en Berlín, fue una de las únicas dos mujeres presentes entre centenares de especialistas.
En 1903 contrajo matrimonio con Stanislav Čihák. La decisión también desafió las normas sociales de la época, ya que muchos consideraban que una científica debía permanecer soltera para dedicarse plenamente a la investigación.
Lejos de abandonar su trabajo, logró combinar la vida familiar con la actividad académica. Tras el nacimiento de sus dos hijas, siguió escribiendo textos especializados y colaboró en el Gran compendio ilustrado de historia natural de los tres reinos, una de las obras científicas más importantes de su tiempo. Fue la única mujer que formó parte de su equipo editorial.
Una pionera para las generaciones futuras
La vida de Marie Zdenka Baborová estuvo marcada por profundas tragedias personales. En 1920 perdió a una de sus hijas a causa de la gripe española y, años más tarde, también falleció su esposo. A pesar de estos golpes, mantuvo su actividad científica hasta el final de su vida.
Murió el 29 de septiembre de 1937. Los obituarios de la época destacaron una característica que definió toda su trayectoria: permaneció activa en la ciencia hasta sus últimos días.
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